Iron Maiden conquista Viveiro en la segunda jornada del Resurrection Fest
Jueves, día dos de julio. Segundo día de Resurrection Fest de esta vigesimosegunda edición del festival gallego. Aunque nos habían avisado de posibles lloviznas para la segunda jornada, habíamos sido lo suficientemente inconscientes como para no llevarnos ni chubasqueros hasta Viveiro, confiando en el que tiempo nos iba a acompañar. Parecía que, un día más, la suerte nos iba a acompañar ya que se respiraba calorcito y no tenía pinta de llover a lo largo de las próximas horas. Por ello, antes de ir hacia el recinto, decidimos salir a dar un paseo por la localidad y ver, un año más, los lugares más típicos: pasar bajo la Porta de Carlos V, cruzar el Puente de la Misericordia o acercarnos hasta la Plaza Maior para degustar la gastronomía típica de Galicia en la cervecería A Resaca –ya todo un clásico en Viveiro– o en el Bar La Plaza, en los que ya casi ni tenemos que decirles qué queremos porque ya lo saben.
Las puertas del Resurrection Fest volvían a abrir a las tres de la tarde, por lo que, una vez habíamos llenado la tripa y cargado fuerzas, nos dirigimos hacia allí para no perdernos nada de lo que nos iba a ofrecer la segunda jornada de festi. Entre el arranque y las seis de la tarde, un montón de bandas irían pasando por los cuatro escenarios: Fallen At Dawn o Caskets en el Main como bandas defensoras de la new wave del post-hardcore, Fuet! reventando el Chaos Stage, Arson Tides o Silly Goose dando el pistoletazo de salida al Desert o Her Anxiety que dieron el relevo a las suizas Burning Witches en un Ritual que se iba llenando exponencialmente con el transcurso de los minutos.
A partir de las seis de la tarde, tendríamos un no parar de bandazas, una detrás de la otra. El recinto estaba a rebosar y, a simple vista parecía haber mucha más gente que la jornada previa. Hacía un solazo espectacular y el calor pegaba fuerte, pero eso no fue un impedimento para que a las seis y media en punto, la campa que se encuentra frente al Main stage estuviese hasta arriba. Y, ¿por qué tanto jaleo? Pues porque llegaba la hora de recibir a nuestros albaceteños favoritos, nada más y nada menos que Angelus Apatrida. Una vez hubieron llegado, tocaba repartir leña como solamente ellos saben. A golpe de “One of Us” y un Guille que aún portaba las gafas de sol para protegerse de la luz cegadora que inundaba Viveiro, empezaron a liarla desde el primer segundo. Mosh pits y gente volando por los aires llenaban las primeras filas sin parar ni siquiera en los descansos entre temas. Si hacía falta una gotita más de chispa para que el día arrancase de verdad, ellos la pusieron con cortes como “Cold”, “Violent Dawn” o el trío imbatible que usaron para cerrar con la brutal “Give ‘Em War” seguida por otro temazo como lo es la fantástica “Sharpen the Guillotine” y un broche final por todo lo alto con “You Are Next”. No importa cuántas veces les veamos en directo, nunca es suficiente. Bolo inmejorable.
Con el ambiente caldeadito, intentamos bajar algo las revoluciones acercándonos un rato hasta el Chaos donde estaban tocando Belvedere. De allí, a medio concierto –ya que se producía un solape completo entre las siete y media y las ocho y media–, marchábamos hasta el show de los estadounidenses The Funeral Portrait, que estaban derrochando energía a borbotones en el Ritual stage; eso sí, a pesar del calor, mantuvieron su impecable atuendo –chaqueta o camisa negra– durante todo el concierto, salvo el teclista que terminó en tirantes con toda la razón.
Y aunque era aún una hora bastante temprana, era el momento de recibir al plato fuerte de la jornada, que eran ni más ni menos que Iron Maiden. Las temperaturas no aflojaban, pero tampoco lo hacían los fans allí presentes, quienes llevaban horas sin moverse de la pista del Main stage para recibir a sus ídolos. Iron Maiden sería el concierto más largo de esta edición del Resurrection Fest y es que su duración sería de casi dos horas y cuarto, que se dice fácil. Pero es que los de Bruce Dickinson tienen mucho material para tocar en directo y son capaces de estar dos, tres o todas las horas que les echen sobre un escenario. Así las cosas, a las nueve menos diez, los Maiden conquistaban Viveiro. Previamente, ya habíamos escuchado “Doctor Doctor” de UFO, y sabemos que eso es señal de que queda poquito para el comienzo.
Decidieron remontarse hasta el año 1981 para abrir fuego en su setlist con tres trallazos como “Murders in the Rue Morgue” que dio paso a “Wrathchild” y la propia “Killers”, de la mano de un Bruce Dickinson que no paraba de un lado a otro. Durante estos tres primeros cortes también disfrutamos de la presencia de Eddie, que intentó cortar las cabezas de todos los miembros de la banda pero sin conseguirlo, claro. La verdad es que resulta increíble ver cómo una banda con tantos años a sus espaldas –más de cinco décadas, que es una auténtica locura–, continúa casi con la misma energía que el primer día. Con un sonido que se podría calificar como perfecto y la voz de Bruce ajustada a cada tema, los sencillos fueron pasando sin flojear ni un solo instante. “Phantom of the Opera” o “The Number of the Beast” llegaron muy pronto pero es que, el resto de canciones eran también clasicazos, lo cual complica la labor de ordenarlas en el set.
El show iba transcurriendo con movimiento, apariciones de Eddie y una banda que se estaba dejando la piel a cada corte que interpretaba. Los seguidores, que se dejaron las gargantas de forma especial en canciones como “2 Minutes to Midnight”, “Run to the Hills” o “The Trooper” estaban emocionadísimos por poder disfrutar de esta bandaza una vez más. Aunque hicieron el amago de despedirse, sabíamos que nos esperaba un encore con algunos extras más. El trío de cierre llegaba con “Aces High” a la que se sumarían “Fear of the Dark” y “Wasted Years”, casi nada. Es impresionante el buen estado de forma en el que se encuentran los londinenses y el verano que aún les espera con un montón de fechas a la vista. Una pasada.
Con apenas diez minutos de descanso entre los cabezas del día y los siguientes en llegar al stage, Caliban aterrizaban sobre el Ritual algo después de las once de la noche. Cargados de energía a pesar de las horas que eran, estos chicos de la localidad alemana de Essen, llegaban dispuestos a presentar su último álbum titulado Back From Hell, que vio la luz el año pasado. El carismático Andreas Dörner al frente, no paraba de moverse ante un público que estaba volcadísimo con ellos. En los cincuenta minutos que disponían sobre el stage fueron a degüello, ya que estaba claro que querían aprovechar su breve espacio para darlo todo.
Y aunque con Caliban parecía que todo el pescado estaba vendido, lo cierto es que quedaban unas cuantas bandas potentes. En el Main, Anthrax se encargaría de hacer mover la cabeza a todos aquellos que habían aguantado hasta la madrugada, antes de dar paso a Feuerschwanz y ese estilo medieval que siempre llevan. Por su parte, las componentes de Witch Club Satan se habían visto obligadas a cancelar su concierto por problemas de salud, quedando activos los conciertos del Desert y el Chaos stage, que acogían las actuaciones de Authority Zero, Lionheart o The Callous Daoboys frente a un público que se había quedado con ganas de más. Rozando las tres de la madrugada, era el momento de retirarse y recuperar fuerzas para el viernes, que previsiblemente iba a ser muy pero que muy ajetreado.
Texto y fotos: Álvaro Foronda y Oiane Díaz









































