El Resurrection Fest cierra con un Marilyn Manson en plena forma
Sin saber muy bien cómo, habíamos conseguido llegar al último día de festival. Los tres días anteriores sobrevivimos a un montón de conciertos, horas y horas frente al sol de Viveiro y un poco de cansancio –por qué no decirlo– que se había ido acumulando con el transcurso de los días. Pero, sea como fuere, allí estábamos, con energía suficiente para un día más de Resu. Si la jornada anterior habíamos regresado a finales de los noventa, el sábado no sería menos: Marilyn Manson era el cabeza de cartel que muchos de los asistentes estaban esperando ver, así que la programación del sábado prometía.
Las puertas abrían aún antes que los días anteriores; algo después de las dos de la tarde. A las tres menos diez estaban previstos los conciertos de apertura de los japoneses Iscream Never Ground en el Main Stage y Down To Suffer en el Dessert. Los nipones que mueven siempre a cantidades enormes de público, fueron capaces de, a pesar de no tratarse del mejor horario del mundo, arremolinar a un montón de fans que estaban deseosos de ver su espectáculo lleno de movimientos imposibles y locura a tope. Después, bandas como Donuts Hole, Hamlet, Kruddö o Todo Mal fueron animando el ambiente hasta alcanzar la media tarde, cuando el recinto ya se comenzaba a ver más lleno que durante las primeras horas. Y es que, siendo último día, las fuerzas flaqueaban un poquito y esto se notó en los shows que abrían el fin de semana.

Pasadas las seis de la tarde, se producía un solape entre The Gems en el Desert e Imminence en el Main Stage. Decidimos acercarnos a disfrutar del directo de los chicos de Eddie Berg, a los que tuvimos ocasión de ver también en 2024 pero en el Ritual, en un concierto mucho más tardío y en el que recordamos además que comenzó a llover, empañando un poco el show de los suecos. En esta ocasión, con solazo en Viveiro, Eddie y los suyos aterrizaban sobre el escenario principal abriendo con un trío brutal de canciones: “Temptation” dio paso a “Desolation”, que fue seguida por “Heaven Shall Burn”. No se nos ocurre mejor apertura y lo cierto es que el público respondió en consonancia, aunque aún no se notaba un lleno absoluto en la pista. Con un buen sonido y un Eddie que lo bordaba en las partes de violín, vimos a unos Imminence mucho más grandes que dos años antes. Y es que esta banda ha ido creciendo con los años: ojo con ellos que quizás en no mucho tiempo los veamos encabezando más de un festival.

Los siguientes en llegar al Main Stage serían P.O.D., no sin antes haber pasado por el Ritual y el Chaos respectivamente Hand of Juno y Frontierer, que se solapaban entre las siete y las ocho de la tarde. A esa hora, directamente desde San Diego, Sonny Sandoval y Marcos Curiel, junto al resto de su banda, llegaban al Main para ofrecer lo que preveíamos que sería un conciertazo de nu metal que, al igual que Limp Bizkit en la jornada previa, nos harían disfrutar de lo lindo llevándonos un par de décadas atrás en el tiempo. Sin tonterías, P.O.D. abrieron con nada más y nada menos que el hit “Boom”, de su álbum de 2001 Satellite. Por algún motivo, el sonido les falló y durante los primeros sencillos, tuvieron varios cortes en los que la voz de Sonny no se escuchaba. Problemas técnicos que ocurren a veces pero que ensombrecen el show. Aún así, la banda californiana continuó dejándose la piel sobre el escenario y sonaron cortes como “Drop” o “I Got That” de su LP más reciente Veritas, y otros clasicazos como “Satellite” o “Youth of the Nation”, poniendo el broche final con la archiconocida “Alive”, que fue cantada por todo el Resu a pleno pulmón.

Al acabar P.O.D. nos trasladamos a todo correr al Ritual, donde Distant esperaban para arrancar su show. Nos habían hablado muy bien de ellos y queríamos comprobar en directo que así era. Y la verdad es que superaron con creces lo esperado: la voz potentísima de Alan Grnja se cruzaba con el bajo de Elmer Maurits y la guitarra de Nouri Yetgin, mientras René Gerbrandij aporreaba los platos frente a un público que no se cortaba en organizar moshpits. El polvo que se levantaba era tal que podíamos ver cómo la mayoría de los allí presentes tenía un pañuelo tapando la boca y nariz o había utilizado su camiseta para ello. En el pogo vimos de todo: desde dinosaurios hasta hadas madrinas lanzando globos de jabón, en un show de lo más variopinto y lleno de brutalidad. Probablemente Distant han sido el descubrimiento del Resu 2026. Nos encantaron.

Los siguientes en subir al stage serían nada más y nada menos que Mastodon. Ellos eran otro de los reclamos de la jornada de cierre y es que la formación de Atlanta son siempre sinónimo de calidad. Con más de un cuarto de siglo de trayectoria, acumulan esa experiencia que les hace transmitir seguridad y buen rollo allá donde vayan y es por eso que había tantas ganas de verles en el Resurrection Fest una vez más –al igual que ya hicimos en el año 2022–. Decidieron abrir remontándose a 2014, con dos cortes extraídos del Once More ‘Round the Sun, “Tread Lightly” y “The Motherload”. Aunque Troy Sanders no es de moverse mucho sobre el escenario, su compañero Bill Kelliher ya se encarga de esta parte y anima al público a que participe y se venga arriba. Durante el resto del setlist fueron alternando canciones de toda su carrera, con clásicos como “Megalodon” de su Leviathan de 2004 o “Mother Puncher”, aún un par de años más atrás, de su álbum debut Remission, que vio la luz allá por el año 2002. Tras un show lleno de color y buen hacer, cerraron de la mano de “Blood and Thunder” para poner el punto final a un show que fue de diez; sin demasiada parafernalia, pero haciendo lo mejor que saben hacer: tocar.

Mastodon dieron paso a un solape de los duros: Converge en el Chaos y Dogma en el Ritual. Sabemos que Converge siempre dan conciertos muy enérgicos y en los que los moshpits y el crowdsurfing se convierten en los protagonistas. Sin embargo, también queríamos ver a Dogma ya que nos daba curiosidad su estética oscura y el show que ofrecen. Nos habían comentado que, por algún problema con el equipaje, era posible que estas chicas no pudiesen tocar con sus habituales atuendos, por lo que queríamos ver qué pasaba. Y así fue: Lilith y sus chicas salieron al Ritual Stage sin sus hábitos, portando una camiseta de la selección de España. Sorprendente cambio de vestimenta pero sin cambiar de actitud, ya que no pararon en todo el concierto.

Y, por fin, llegaba el momento de recibir al protagonista de la jornada: Marilyn Manson. Había mucha expectación en cuanto a qué ofrecería Manson; las opiniones se dividían entre aquellos que habían tenido ocasión de verle en directo hace bastantes años y criticaban sus actuaciones y otros que eran optimistas. Antes de juzgar, preferíamos ver la actuación y ser objetivos con el espectáculo ofrecido. Un Main Stage a rebosar se preparaba para recibir a Brian Hugh Warner y su banda. Una tremenda ovación recibía a Manson y “Nod If You Understand” comenzaba para dar el relevo a “Disposable Teens”, con la cual el Resurrection Fest se volvió loco. Un temazo que nos hizo regresar a nuestra adolescencia/juventud, cantándolo a pleno pulmón. El show continuó con cambios en la vestimenta, luces indirectas y un Marilyn Manson en plena forma. Le vimos mejor que nunca, moviéndose mucho y con una voz más que a punto.

Provocador pero más comedido que en el pasado, Manson fue desgranando el setlist de la noche en el que no faltaron sencillos como “This Is the New Shit”, la cover habitual de “Sweet Dreams” de Euritmics o la brutal “mOBSCENE», que dio paso a “The Beutiful People”. Tras su amago de marcharse, sonaron “Tourniquet” y como guinda del pastel “Personal Jesus”, esa cover de Depeche Mode que no sonaba en un directo de Marilyn Manson desde hace casi diez años. No hay nada que reprochar a Manson; bordó el concierto y le vimos mejor que nunca a sus casi sesenta años. En un estado de forma envidiable e interpretando cada tema de una manera casi perfecta, nos sorprendió para muy bien, superando las expectativas que teníamos.

Ya no quedaba mucho para despedirnos de otro maravilloso Resu: Blood Incantation y Elwood Stray cerrarían el festival a partir de las dos y diez de la madrugada –para aquellos valientes a los que aún les quedaban fuerzas para seguir con la fiesta–. Otra edición de nuestro festival nacional favorito –y ya van veintiuna– que había estado a la altura de lo que esperábamos, lleno de buena música, risas y un ambiente estupendo. Mucho calor, pero muy llevadero y un line-up que es difícil de superar. No podemos pedir mucho más a un festival que siempre nos ofrece lo mejor en todos los sentidos. Ahora ya solo nos queda esperar 365 días a ver qué nos depara la vigesimosegunda edición del Resurrection Fest. ¡Hasta 2027, Viveiro!
Texto y Fotos: Álvaro Foronda y Oiane Díaz


































