Hablamos con Jero Ramiro: «El rock debe ser reivindicación en un 80 por ciento por lo menos»
El guitarrista regresa con La cuna del mal, un álbum de once canciones en el que combina su inconfundible sello musical con letras que abordan la injusticia, el odio, la manipulación y las experiencias más personales. Hablamos con él sobre esta nueva etapa, la formación que le acompaña y las historias que se esconden detrás de sus composiciones.

Con una trayectoria fundamental en el heavy metal en castellano, vinculada a bandas como Saratoga, Santa, Santelmo y Ñu, Jero Ramiro regresa en 2026 con un nuevo proyecto y un álbum muy personal: La cuna del mal. El guitarrista vuelve a imprimir su sello inconfundible en once composiciones en las que conviven grandes riffs, melodías, solos y estribillos con letras que abordan temas tan diversos como el odio, la manipulación, la violencia, la soledad, la superación personal o los incendios forestales.
Para esta nueva aventura, Jero cuenta con Isaac Palón a la voz, Javier Canseco al bajo y Rodrigo de Lucas a la batería. Juntos han dado forma a un trabajo grabado durante la primavera de 2026 en los Estudios 51 de Toledo. El propio Jero se ha encargado de la producción y de buena parte de la composición, recuperando algunas canciones escritas años atrás y revisitando «Junio del 44», procedente del primer disco de Santelmo.
Hablamos con Jero Ramiro sobre La cuna del mal, las historias que hay detrás de sus canciones, sus compañeros de viaje y esta nueva etapa de su carrera.
1. Jero, lo primero es darte la enhorabuena por La cuna del mal. Después de tantos años de trayectoria, ¿qué supone para ti publicar un nuevo álbum y afrontar esta nueva etapa con un proyecto que lleva tu sello personal?
Muchas gracias. Bueno, se trata de un reto para mí. Cuando ya pensaba que lo había dicho todo, las circunstancias me han ofrecido esta oportunidad. Estoy muy ilusionado y mantengo mi energía como el primer día. Da un poco de respeto porque ahora es mi nombre el que está en todas partes; ya no me escondo detrás de una banda. Pero bueno, poco a poco.
2. El disco cuenta con Isaac Palón, Javier Canseco y Rodrigo de Lucas. ¿Cómo surgió esta formación y qué viste en cada uno de ellos para decidir que eran los músicos adecuados para acompañarte en esta aventura?
A Javi Canseco ya lo conocía de haberlo visto con alguno de los grupos en los que ha estado. Me encantaba su forma de tocar, tan directa y rotunda. En el escenario es impresionante, con sus 1,91 metros de altura. Cuando lo llamé, me dijo que estaba muy desencantado con toda esta movida y que había vendido todo. Me dijo que se lo iba a pensar y, al día siguiente, me llamó para unirse al proyecto.
Rodri era un batería que siempre había tenido en la cabeza desde que lo vi por primera vez. Cuando Dani se fue de Saratoga en 2020 y, después, con la salida de El Estepario Siberiano, era el candidato más firme, pero a última hora siempre aparecía otro y se quedaba fuera. Yo siempre quise que entrara él, pero, mira, afortunadamente no fue así y ahora está conmigo. Es un batería increíble. Les da vida a las canciones de verdad; no se limita a tocarlas.
A Isaac ya lo conocía desde hacía tiempo. Es un gran fan de Saratoga y coincidíamos en algunos conciertos. Fui recopilando nombres de cantantes que podían encajar y, viendo vídeos en YouTube, me apareció uno de él cantando «El Eclipse», un tema que había compuesto para uno de sus discos en solitario. Me encantó cómo lo hacía. Le aportaba un sentimiento que hacía mucho tiempo que no veía en un cantante.
Lo llamé y le pareció genial la idea. Así que un día de noviembre nos juntamos los cuatro en el local de Rodri, en Aranjuez, y enseguida me di cuenta de que había surgido el milagro. Sonábamos compactos, como una apisonadora, así que nos metimos de cabeza a trabajar en el nuevo disco. No volvimos a ensayar hasta junio.
Después llamé a los demás cantantes que estaban a la espera y me disculpé con ellos. Isaac es tremendo. No se parece a nadie cantando y lo está haciendo increíblemente bien.
3. El título La cuna del mal tiene una enorme fuerza y encaja con buena parte de las historias que encontramos en el álbum. ¿En qué momento aparece ese concepto y cuándo tienes claro que debe convertirse en el título del disco?
Había compuesto la música de la canción, pero no tenía muy claro qué iba a contar en la letra. Recuerdo que una mañana iba conduciendo y tenía la radio puesta. Era el 24 de febrero de 2022 y dijeron que Rusia había comenzado la invasión de Ucrania. Lo tomé como una señal y empecé a trabajar en ello.
Me preguntaba en qué momento los niños Putin, Trump, Netanyahu y compañía dejan de jugar a la pelota para dedicarse a matar gente y complicarnos la vida a todos, cuando lo único que queremos es ser felices dos o tres minutos al día. Ahí es donde comienza todo, desde la cuna, que es el principio.
Luego están todos los que los rodean: los bufones, los falsos, los mentirosos… Carroña a la espera de su recompensa. Supongo que a todos ellos, o casi todos, sus pesadillas terminan pasándoles factura.
Por eso, la portada simboliza el corazón de la Tierra, que se pudre, y sus ramificaciones van contaminando todo lo que tocan a su paso, hasta llegar a las ciudades y los campos donde nos toca vivir a nosotros. Decidí que fuera el título del disco porque, de alguna manera, representa en gran medida el concepto del álbum.
4. A lo largo del álbum encontramos canciones que hablan de manipulación, odio, traición, violencia o sufrimiento. ¿Qué importancia tiene para ti que las letras cuenten historias y transmitan algo más allá de la propia música?
Me importa muchísimo. El rock debe ser reivindicación en un 80 por ciento por lo menos. Para hablar de otras cosas ya tenemos bastante por ahí. Creo que, si tenemos la oportunidad de subirnos a un escenario a contar cosas, nuestra obligación es decir aquello que otros quieren ocultar y que les molesta. Y, sobre todo, denunciar las injusticias, entre otras cosas.
Por mi parte, si después quiero defender las canciones que hacemos, tengo que identificarme plenamente con lo que estoy contando. Si no, me siento mal.
5. La canción que da título al álbum habla de personas capaces de manipular, mentir y destruir para conseguir sus objetivos. Es un tema que puede trasladarse a muchos ámbitos de nuestra sociedad. ¿Te resulta más difícil escribir sobre este tipo de comportamientos precisamente porque forman parte de nuestra realidad cotidiana?
No, al contrario. Precisamente porque, desde que nos despertamos, no hacemos más que oír cosas horribles. Eso me da una rabia extra que me permite expresarme. Aunque, por supuesto, no todas las canciones son así.
6. «Cautivos del odio» plantea cómo personas que fueron inseparables pueden terminar convirtiéndose en enemigos irreconciliables. ¿Qué te interesa especialmente de esa transformación y por qué es un tema que ya has tratado en otras composiciones?
Es algo muy llamativo, por lo menos para mí. Cómo dos personas que han dado la vida la una por la otra, de repente, por algo que sucede o por algo que lleva enquistado desde hace tiempo y termina estallando, se convierten en enemigos irreconciliables cuya única meta es acabar el uno con el otro.
Ahí están los casos de Caín y Abel, Rómulo y Remo, etc. Al final, en la canción acaban encadenados el uno frente al otro, esperando que un tercero acabe con los dos. De nuevo, aparece la figura de quienes, desde la sombra, van preparando el terreno para quedarse con el botín.
Hay que tener mucho cuidado con quienes nos rodean y siempre tienen la sonrisa dispuesta.
7. «Joker» nace después del impacto que te produjo la película protagonizada por Joaquin Phoenix. ¿Qué encontraste en ese personaje y en esa película para querer trasladar sus sensaciones al lenguaje de una canción?
Bueno, es simplemente eso. Vi la película y me gustó tanto que volví a verla inmediatamente después. La interpretación de Joaquin Phoenix me pareció algo de otro mundo, así que decidí asumir el reto de contar la película en cuatro minutos. Solo eso, sin más pretensiones.
Es un acto de admiración y gratitud por haberme hecho pasar un par de horas tan felices.

8. Hay dos composiciones que proceden de las maquetas que escribiste inicialmente para Agotarás, de Saratoga: «La próxima en caer» y «Fiebre». ¿Qué significa recuperar canciones que llevan más de 25 años contigo y descubrir que todavía tienen algo que decir?
De alguna manera, significa que ya hay cierta coherencia en las canciones que compongo. Tienen 25 años, pero podrían haberse escrito hace unos días. Encajan muy bien con las demás del disco, que son mucho más recientes.
Ya casi las tenía olvidadas, pero ha sido toda una sorpresa descubrirlas de nuevo y comprobar todo lo bueno que encerraban.
9. «El eclipse» tiene una historia diferente, ya que fue compuesta originalmente por Isaac Palón. ¿Cómo fue el proceso de recuperar la canción y llevarla hacia un sonido más heavy para integrarla en La cuna del mal?
Como te dije antes, redescubrí a Isaac con ese tema. Tiene una melodía muy pegadiza y me enganchó desde el primer momento. Le comenté la posibilidad de incluirla en el disco y le encantó la idea.
Es un soplo de aire fresco en el álbum porque, a pesar de haberla metalizado, sigue conservando ese aire diferente. A mí me encanta.
10. «1.777» es un interludio muy breve, pero tiene detrás una historia relacionada con Saratoga y con aquella conversación sobre el posible título de un futuro disco. ¿Qué importancia tienen para ti esas pequeñas historias que terminan acompañando a una composición durante años?
Tienen mucha importancia. De una conversación amena en un restaurante surge algo que se convierte en música, y quizá esa música se esté escuchando mucho tiempo después de que ya no estemos en este mundo. Es grandioso.
Yo siempre estoy atento a todo lo que sucede a mi alrededor y voy grabando en el móvil cualquier cosa que pueda sugerirme algo que después me sirva: melodías, frases, palabras, etc.
11. «Lágrimas de luz» probablemente sea una de las canciones más personales del álbum. Parte de una experiencia hospitalaria y de las reflexiones que te provocó pensar en quienes vivieron situaciones extremas durante la pandemia. ¿Cómo afrontaste el reto de convertir una experiencia tan íntima en una canción?
Con mucho respeto y sentimiento. La trabajé mucho, tanto la letra como la música, con esos arreglos de modulación de tonalidad al final. Quería dar lo máximo de mí en ese aspecto, así que me llevó bastante tiempo terminarla.
Creo que es la mejor balada que he compuesto hasta ahora. Fue como desnudarse delante de la gente, en sentido espiritual, me refiero.
12. Musicalmente, el disco también tiene muchos detalles. Por ejemplo, en «Lágrimas de luz» encontramos diferentes modulaciones en la parte final, mientras que «1.777» incorpora esa percusión de carácter militar de Rodrigo. Como guitarrista y compositor, ¿hasta qué punto disfrutas trabajando esos pequeños elementos que terminan dando personalidad a una canción?
Bueno, son precisamente esos detalles los que realmente importan. Es como una pizza: todas tienen pan, queso y tomate, pero lo que les da el punto son los ingredientes. En la música ocurre lo mismo con este tipo de arreglos. Pueden hacer que una canción normalita suba mucho de nivel.
Disfruto mucho trabajando esos detalles. Además, cuando llega el directo, la gente está esperando que aparezcan.

13. «En el corazón del fuego» es un reconocimiento a los bomberos que se enfrentan cada año a los incendios forestales y que muchas veces quedan olvidados cuando termina el verano. ¿Qué te llevó a ponerte en la piel de uno de ellos para contar esta historia?
Vi un reportaje en televisión y, literalmente, me destrozó. El bombero estaba rodeado de fuego y seguía allí, luchando por apagarlo. Nunca pensó en salir corriendo e intentar salvarse. El cámara, claro, no lo dudó.
Es tremenda la lucha que mantienen contra el fuego, año tras año, esperando volver a verse las caras al año siguiente. Luchan por salvar el planeta, es decir, a todos nosotros, y luego, cuando llega el frío, los mandamos al paro. Si no a todos, sí a casi todos.
Había que contarlo.
14. También recuperáis «Junio del 44», una canción que apareció originalmente en el primer disco de Santelmo y que ahora llega actualizada y con un sonido mucho más contundente. Siendo una composición que has definido como una de las mejores que has escrito, ¿qué ha supuesto volver a trabajar sobre ella tantos años después?
Ha sido una auténtica gozada. Es una canción con magia. No sabría describirlo de otra manera. Cuando la tocamos en los ensayos, todo cambia. Es la sensación de revivir algo realmente grande cada vez que la interpretamos. Eso no pasa siempre.
Ahora empieza con voces a capela armonizadas y ya no hay teclados ni violines, lo que la ha hecho más poderosa. Es una de esas cosas por las que agradezco estar en esto cada día.
15. Para terminar, después de tantos años de carrera y de haber formado parte de algunas de las formaciones más importantes de nuestro metal, ¿qué te gustaría que el público encontrase en La cuna del mal y qué esperas de esta nueva aventura cuando estas canciones comiencen a sonar sobre un escenario?
Aparte de todo el significado que contienen los temas, hay multitud de detalles que la gente va descubriendo en cada escucha. Es como una flor que se va abriendo y dejando ver su interior.
Espero que el disco les llegue, les haga disfrutar y les permita evadirse de sus problemas durante un rato. Con eso nos conformamos.
En el escenario, todo irá ganando seguridad y soltura a medida que avance la gira. Esperamos disfrutar todo lo posible, ya que el material que tenemos es muy bueno. El otro día nos estrenamos en Errenteria y fue genial.
Muchas gracias, amigos, y ¡hasta la próxima!
























