Primera parte de la crónica del Resurrection Fest 2024
Parece que fue ayer cuando Parkway Drive cerraban por todo lo alto la decimoctava edición del Resurrection Fest. Pero no. Ha pasado nada más y nada menos que un año desde aquel momento y, en un abrir y cerrar de ojos, nos hemos plantado como por arte de magia en la antesala del veinte aniversario de nuestro festival gallego favorito.

Aunque a lo largo del año ha habido todo tipo de comentarios comparando el cartel del año pasado con el de esta edición, lo cierto es que, al final, ha quedado un line-up más que apañado y en 2024 hemos podido disfrutar de un montón de bandas que se han dejado la piel sobre los cuatro escenarios del ‘Resu’, tanto formaciones más modestas como grandes grupos que han encabezado las diferentes jornadas. Pero vamos a empezar por el principio.
Como cada año, el Resurrection Fest no se reduce a los cuatro días de festival y es que, para los asiduos al evento, la semana completa se convierte en un auténtico ritual: el viaje hasta Viveiro, ubicarse en el correspondiente alojamiento –ya sea un piso, el camping o un hotel con todas sus comodidades–, una visita a la playa, comer bien, beber mejor… Toda esa serie de cosas que nos encanta hacer cada año. La mayoría de los poseedores de abono completo, como mínimo se había acercado hasta la localidad gallega el martes, para descansar y afrontar el miércoles –primer día de festi–, con energía.

Llegamos a Viveiro el mismo miércoles y, una vez acomodados, acudimos como en años anteriores a recoger nuestras acreditaciones y entrar en faena. El proceso fue sencillo y muy rápido, y la atención muy amable, algo a destacar, que se agradece enormemente y es un factor muy positivo en cualquier evento de estas características. En la edición de 2024, para la primera jornada, el horario de comienzo de conciertos no estaba del todo mal, las 14:25h.
La apertura iba a correr a cargo de dos bandas que empezaban a tocar a la misma hora: en el Main Stage, las japonesas Hanabie con su particular estilo catalogable como nu metalcore y, en el Desert, los portugueses Ashes in the Ocean. Para continuar y dar el pistoletazo de salida a los escenarios Ritual y Chaos, algo pasadas las tres de la tarde, Donuts Hole y Astra Valley se subirían al stage respectivamente, con apenas cuarenta minutos de actuación en los que debían de poner toda la carne sobre el asador.
Una vez abiertos todos los puntos calientes del Resu –Main, Ritual, Chaos y Desert–, aquello iba a ser un no parar durante cuatro intensos días. Y es que para proseguir, en el Main, llegaba la hora de otros japoneses: Crystal Lake. Viejos conocidos del festival, en el que ya habían estado en anteriores ediciones, pusieron patas arriba la campa del escenario principal que, aunque aún no estaba llena hasta los topes, para la hora tan temprana que era, había bastante cantidad de gente. Estos chicos lo dan todo cuando salen a tocar y, te gusten más o menos, lo cierto es que no se les puede sacar ninguna pega. Para ir calentando motores encajan a la perfección. A lo largo de la tarde y, antes de los platos principales de la jornada, tendríamos a formaciones como los valecianos Noctem, La Inquisición, Heriot o Nashville Pussy, además de Paleface Swiss que venían en sustitución de Bad Omens, que cancelaron su actuación debido a problemas de salud de su vocalista, Noah Sebastian.

Pasaban las horas y el Resurrection Fest se iba llenando. Además del boulevard, en el que podíamos ver el merch abarrotado, y los stands de comida y bebida con bastante afluencia de personas que poco a poco accedían al recinto, la zona del mercadillo, así como las taquillas y las barras de bar comenzaban a registrar bastante movimiento. Alrededor de las siete de la tarde, poco antes de que diese comienzo uno de los protagonistas del primer día, Alice Cooper, el Resu ya se veía bastante lleno. Y es que el cartel se animaba a partir de esa hora, por lo que había que prepararse como era debido.

A las 19:15h en punto, Alice Cooper y los suyos aterrizaban sobre el Main Stage. Una Nita Strauss espléndida, como siempre, sonreía al público y el show daba comienzo. Cómo no, con todo el habitual despliegue de recursos que el artista realiza en sus conciertos: escaleras, luces, atuendo… Cada detalle está cuidadosamente estudiado para que el espectáculo sea perfecto. Y es que tras más de medio siglo sobre el escenario, Alice Cooper continúa dejándonos con la boca abierta en cada uno de sus temas.
Retrocediendo hasta 1987 para abrir con Lock Me Up, el show fue un no parar de clasicazos y sencillos interpretados con una elegancia y un saber estar sobre el escenario que están al alcance de muy pocos. Casi seis décadas en activo y Alice Cooper mantiene ese nivel de artista sin que notemos fallos en su voz o un bajón de energía a la hora de moverse sobre el escenario. No faltó Poison, por supuesto, que fue incluida en el setlist a mitad de concierto aproximadamente. Centrándose sobre todo en el Billion Dollar Babies del año 73, el show fue un no parar de estímulos que nos hicieron vivir el concierto casi casi como una obra de teatro. Un altísimo nivel en todos los sentidos.

Y con el listón tan alto, había que continuar. Y es que todavía quedaban unas cuantas horas y mucha tralla. Nos acercamos un rato hasta Speed, banda de la que nos habían hablado muy bien y que tocaban justamente después de acabar Alice Cooper pero en el Chaos Stage. Australianos, con apenas cinco años de carrera musical como formación en sus espaldas, lo cierto es que estos cinco chicos derrochan energía sobre el escenario y lo hacen muy bien. Nos sorprendió la enorme cantidad de gente que se había acercado a verles pero, tras estar un rato allí, lo entendimos. Merece la pena verles en directo si tenéis ocasión.

Casi sin tiempo, nos volvimos a plantar en el Main ya que era la hora de unos esperadísimos Machine Head. Desde festivales previos nos llegaban noticias del buen hacer de la banda de Robb Flynn en sus últimos conciertos y queríamos comprobarlo. Y lo cierto es que debemos confirmar que, en nuestra opinión, y habiéndoles visto unas cuantas veces en los últimos años, ha sido en conjunto el mejor concierto que recordamos en esta racha en todos los sentidos. El sonido fue espectacular, la voz de Robb en su punto y los efectos de luces y pirotecnia, perfectos. No podemos olvidar tampoco esos hinchables que lanzaron al público para que la interacción con sus fans sea aún más fuerte; esos martillos y cubos con el logo de Machine Head llenos de aire que muchos de los asistentes se llevaron como recuerdo. Abriendo con Imperium y cerrando con Halo, no faltaron temazos como Davidian –rozando el final del show–, o Locust, pasando por Now We Die o Darkness Within. Un bolazo para recordar.

Y como os decíamos, a partir de Machine Head todo serían conciertazos de nivel y es que, lo siguiente en orden de horario era el bueno de Kerry King a las once de la noche en Ritual, solapándose con Comeback Kid, en lo que, al ser dos conciertos muy potentes, nos dividiríamos para acercarnos a ver medio show de cada uno de ellos. Así, a las 23:00 estábamos en el foso de Kerry para verle de nuevo subirse al escenario del Resu pero, esta vez sin el resto de sus compañeros de Slayer. A muchos nos vinieron recuerdos de aquel último concierto de la banda en Viveiro, prepandemia, en el que llovió a cántaros y los rayos hicieron aún más épico el tema Raining Blood.

Pero recuerdos aparte, Kerry llegaba esta vez con disco propio bajo el brazo y dispuesto a dejarse la piel sobre el stage. Instrumentalmente sonó realmente bien, Mark Osegueda a la voz lleva a cabo un trabajo espectacular y que encaja muy bien en esta súper banda que nos hace olvidar un poco la tristeza de la disolución de Slayer. Con Phil Demmel a la guitarra y Paul Bostaph en la batería, la verdad que era indudable de que el show iba a derrochar calidad por los cuatro costados. Y así fue. Alternando temas propios con Disciple, Raining Blood o Black Magic de su anterior banda, canciones como Idle Hands o From Hell I Rise, temazos en toda regla, parece que Kerry lleva con su proyecto en solitario toda la eternidad. Nos encantó.

Del Ritual corrimos hasta el Chaos en el que Comeback Kid llevaban ya un rato repartiendo tralla. La labor que hacen estos canadienses es brutal tras casi veinticinco años sobre los escenarios. En 2011 tocaron por primera vez en el Resurrection Fest, en una edición a la que Andrew Neufeld, su vocalista, llegaba con el brazo roto y, desde entonces, han continuado en su línea ascendente. Este año venían con un disco considerablemente reciente –Heavy Steps, 2022– del que tocaron un par de temas intercalados con cortes del Wake the Dead y otros albums más añejos. Sonaron de lujo y se metieron a todo su público en el bolsillo con esa energía y desparpajo que tienen.

Y para ir cerrando la jornada, los esperadísimos Sum 41. Para muchas y muchos eran la principal atracción de este Resu y es que entre tanta ida y venida de dejarlo para volver y anunciar de nuevo que la banda se retira, la gente es normal que quiera verlos en directo por última vez. Parece que no pasan los años por estos chicos que llevan ya casi tres décadas sin parar y, físicamente, apenas han cambiado: su frontman Deryck sigue estando exactamente igual que cuando empezó. Abriendo con un trío de temas atronador, Motivation seguida de The Hell Song y Over My Head, Viveiro saltó por los aires. Durante la hora y cuarto de duración del concierto, los allí presentes volvimos a nuestra adolescencia y era imposible resistirse a cantar a pleno pulmón prácticamente todos los temas, salvo algunos nuevos que se resistían.

Realmente es complicado valorar en estos casos lo bien o mal de la interpretación tanto musical como a la voz, porque es un show con tantas emociones que la objetividad se queda a un lado. Un concierto que se disfrutó a tope y en el que cómo no, había que cerrar por todo lo alto: In Too Deep, Fat Lip, Still Waiting y Summer completaron un setlist de infarto en el que no faltó la habitual cover de We Will Rock You de Queen. Siempre es genial un directo de Sum 41 aunque nos queramos resistir a ello.

Para despedirnos del día, realizamos una incursión en Biohazard, la banda encargada de poner el punto final al primer día de festival. Comenzaban a la 1:30 y ya para esas horas había mucho cansancio acumulado pero siempre es una gozada ver a los chicos de Evan Seinfeld por lo que sacamos fuerzas para acercarnos hasta el Chaos ya camino a la salida. Esa horita larga que tenían adjudicada la exprimieron al máximo tocando hasta una docena de temas, sin parar de moverse e interactuando constantemente con sus fans. Fue un final de jornada por todo lo alto, cerrando con Punishment y Hold My Own. No se nos ocurre una mejor manera de completar el día y marcharnos a descansar para recargar fuerzas de cara al jueves.
Llegaba la segunda jornada del Resurrection Fest y ya empezábamos a flojear un poco en energías. Pero no hay nada que un buen café mañanero y unas buenas tapas gallegas no solucionen. Con la masa hecha y bien hidratados, tocaba hacer frente al día dos de festival. Durante las primeras horas, entre las dos y las cinco de la tarde, había unas cuantas bandas potentes en el line-up: Bellako abriendo a las 14:00h en el Main Stage, Aneuma algo antes de las tres en el Chaos, seguidos de Ankor en el Main otra vez o Sanguisugabogg en el Ritual, teloneros de Suffocation el pasado mes de enero en nuestro país. Los motores iban calentándose y llegábamos a las 17:05h con unos Counterparts a los que les teníamos muchas ganas en el escenario principal.
Canadienses también, como Comeback Kid o Sum 41 el día anterior, esta banda que se centra en un hardcore bastante melódico a nuestro parecer, está ganando terreno dentro de este estilo a marchas forzadas. Sin embargo, en el Resu no tuvieron un sonido demasiado bueno y, aunque bordaron su actuación, incluyendo temas que nos encantan como Choke, Sworn to Silence o Whispers of Your Death –dedicada a su gato fallecido–, quizás podían haber destacado más. A nosotros nos gustaron pero, objetivamente y para aquellos que no son muy fans de la banda, se quedaron algo flojos.

A continuación teníamos en el Ritual unos Urne que resultaban totalmente desconocidos para nosotros pero que sonaban muy pero que muy bien. Sus tres miembros, que tocaron cada uno de los temas con gran esmero, se dejaron la piel sobre el escenario y la verdad es que nos gustaron mucho. Un sonido impoluto y una ejecución instrumental inmejorable. Habrá que tenerlos en cuenta. Del Ritual volveríamos al Main puesto que llegaba la hora de Bruce Dickinson en solitario y lo esperábamos con ganas en este segundo día de Resurrection Fest.

Para las 18:40h teníamos el escenario principal abarrotado de gente. Poco a poco, el resto de músicos fue subiéndose al stage hasta que apareció Bruce entre una gran ovación. Venía con disco nuevo, The Mandrake Project, que vio la luz en marzo pero, a pesar de presentar unos cuantos temas, tampoco se centró en él e hizo un repaso a toda su discografía, interpretando uno o dos sencillos de cada álbum. El bueno de Bruce, con una energía inconmensurable que no sabemos de dónde la saca, no paró en todo el show y realizó un trabajo impecable. Utilizando el Accident of Birth tanto para abrir como para cerrar con la canción homónima como apertura y Road to Hell como cierre, Bruce bordó su concierto. A decir verdad, no esperábamos otra cosa y es que el vocalista de los Maiden nos tiene ya malacostumbrados. Un concierto impecable de principio a fin.

Tras acabar, la mayoría de los que se arremolinaban en el Main no se movieron. Y es que los siguientes en aterrizar sobre el escenario rey del Resu eran Bring Me The Horizon, grupo que mueve masas allá donde vaya, nos guste reconocerlo o no. Cada vez que visitan el Resurrection Fest, las campas del municipio gallego se llenan y es que Oliver Sykes es capaz de atraer miles de personas con tan solo mover un dedo. Ellos también llegaban con nuevo trabajo, la segunda tanda del Post Human, en este caso Post Human: Nex Gen tras aquel LP publicado en 2020 Post Human: Survival Horror. Aunque llamativo, tampoco realizaron grandes montajes sobre el escenario, si bien, la vidriera proyectada sobre la pantalla y los fogonazos empleados, hicieron que el show quedase visualmente chulo de cara a los fans.

Un Oliver enfundado en un atuendo blanco y una lentilla con una estrella en el ojo izquierdo para descolocarnos un poquito, se apoderaron del escenario, aprovechando la hora y media de la que disponían para, la verdad, ofrecer un buen show. Aunque la música pueda encajar más o menos con los gustos de cada uno, hay que reconocer que bordan cada uno de sus conciertos y hacen que el tiempo pase rápidamente. Oliver sabe meterse al público en el bolsillo y derrocha carisma. Sabe que gusta y lo explota, bajándose al foso a hacerse selfies y grabarse con aquellas fans que han esperado todo el día en primera fila para verle. Cerrar con Throne del That’s the Spirit fue un acierto. No podemos decir otra cosa más que lo hacen muy bien y BMTH se gana su puesto como cabeza de cartel del día a pulso.

Después de Bring Me The Horizon teníamos a Crypta, que nos apetecía mucho. Las ex-Nervosa, Fernanda Lira y Luana Dametto, se subían al Ritual para, en su línea, ofrecer un bolo cargado de brutalidad y energía. Parece que fue ayer pero, con la tontería, Crypta llevan ya tocando por su cuenta cuatro largos años y lo cierto es que no tienen nada que envidiar a las actuales Nervosa. Tienen un directo potentísimo y su vocalista, Fernanda, se deja la piel en cada uno de los temas. Su cara lo dice todo. Es siempre un placer verles. Bordaron el concierto y se nos hizo muy corto, cincuenta minutos en una banda que derrocha calidad se quedan escasos. Se solapaban con Scowl, en el Chaos, escenario por el que nos pasamos también un rato ya que nos habían hablado muy bien de esta banda norteamericana de hardcore punk.

Para finalizar la segunda jornada, quedaban aún algunas emociones fuertes. En el Main, High On Fire que se solapaban con el Secret Show en el lejano Dessert Stage que, con la ubicación que tiene en la actualidad, a veces se nos olvida que existe. Había rumores de lo que podía ser este concierto secreto y no fallaron. El ex-Berri Txarrak, Gorka Urbizu, se subía al escueto escenario a eso de las once y veinte de la noche para hacer las delicias de los fans que se habían acercado hasta allí con la sospecha de que sería él. Y no fallaron. Aunque un concierto un tanto raro para un Resurrection Fest, muchos afirmaban que para ellos había sido lo mejor del Resu hasta el momento. Y es que Gorka es sinónimo de buen hacer, asegurando que siempre va a salir algo bueno de ahí. Un respiro entre tanta tralla tampoco viene mal y así fue.
Después de pasarnos un rato por Bob Vylan en el Chaos Stage –ya con las energías bastante bajitas, todo hay que decirlo– y Lendakaris Muertos en el Main a la 1:30h de la madrugada para completar la jornada, nos retirábamos del Resu hasta dentro de unas horas habiendo llegado al ecuador del festival. Y es que el cansancio va acumulando y era más que necesario cargar las pilas para hacer frente a la segunda mitad del Resu 2024.
Oiane Díaz



































