Santana hace honor a su legado, en una noche mágica // Palau St. Jordi – Barcelona – 26/07/2025

El mítico guitarrista Carlos Santana visitaba ayer el Palau Sant Jordi de Barcelona, formando parte del festival «Guitar BCN» y dando inicio a su gira española, que le llevará a recorrer varias ciudades durante las próximas fechas. La verdad es que, tratándose de un músico de 78 años, poco imaginábamos un concierto tan heavy. Y con ello me refiero a la potente distorsión que el amigo lleva en su majestuosa PRS dorada, que sonaba de auténtico lujo por los altavoces de un pabellón que albergaba cerca de doce mil almas.

Y, para heavy, el solo de bajo y batería que se marcaron su mujer y Benny Rietvels. Y es que, efectivamente, la batería que acompaña a Santana no es otra que su esposa Cindy Blackman, reconocida músico que a todos nos enamoró años atrás, gracias a la banda de Lenny Kravitz. ¡Menuda súper woman! ¡Qué manera de aporrear los timbales! Rietvels tampoco se queda corto con su bajo, y mira que a mí los solos me suelen aburrir bastante, pero, en contextos así, donde te esperas una velada más relajada de ritmos latinos, encontrarse un riff de BLACK SABBATH es agua de mayo para nuestros oídos.

Santana, ofreció el noventa por ciento de su actuación postrado en un taburete, seguramente alertado por los médicos tras el desmayo en la primera fecha del reciente “Oneness Tour 2025”, cuando tuvo que ser trasladado al hospital de San Antonio (Texas) mientras realizaba la prueba de sonido en el Majestic Theatre de la ciudad tejana. Pero eso no impidió que la descarga fuera una absoluta bestialidad. Mascando su inseparable chicle, el mexicano transmitió parte de su legado a un público mayoritariamente entradito en años, que disfrutó de lo lindo durante las prácticamente dos horas de concierto.

Pocos son capaces de hacer “hablar” así a una guitarra y siempre he dicho que Santana se lleva la palma en ese aspecto. Es uno de los grandes y hay que verlo una vez en la vida. Así que, mi primera vez, os aseguro que ha superado todas las expectativas. Otro punto clave del concierto estuvo en los percusionistas Paoli Mejías y Karl Perazzo, que ya desde la introducción enriquecieron esos ritmos tribales de “Soul sacrifice” y “Jingo”, dos tesoros que para nada esperaba disfrutar de inicio. ¡Menudo regalo!

Luego, “Evil ways” completó esa santísima trinidad de ritmos psicodélicos afrolatinos que componen el debut de Santana, su disco homónimo, lanzado en 1969. ¡Vaya manera de arrancar, amigos y amigas! No me extraña que se me hiciera tan corto, y es que poco respiro nos dio el bueno de Carlitos. “Black magic woman/Gipsy Queen” o “María, María” pusieron un poco de calma, pero hits como “Oye cómo va” o “Samba pa ti” volvieron a poner de pie todas las butacas de la pista. Ciertamente, el repertorio fue muy equilibrado en ese aspecto, con temas algo más recientes, de la mano de “Foo foo” y “Me retiro”, otros más festivos, como “Everybody’s everything”, y momentos súper emotivos, como cuando el artista pidió la paz en el mundo y el fin de los conflictos armados.

Como de costumbre, el repertorio se apoyó en muchas versiones, que el guitarrista ha llevado magistralmente a su terreno en todos estos años, caso de un “She’s not there” que fue muy bienvenido. Eso sí, se echó en falta «Europa», aunque ya sabemos que siempre es complicado contentar a todos. Asimismo, los vocalistas Ray Greene y Andy Vargas, ayudaron a dar vida al esperadísimo “Corazón espinado”, que contó con un inesperado interludio, donde fusionaron “Guajira” con el famoso single que reavivó a Santana a finales de los noventa. Como ya sabréis, fue “Supernatural” (1999) el disco que le colocó otra vez en la cima, vendiendo unos treinta millones de copias en todo el mundo y logrando doce premios Grammy, y de este mismo recuperaron “Yaleo”, “Put your lights on”, el mencionado “María, María”, y un “Smooth” que sirvió de cierre a una noche mágica. ¡Esperemos que no sea la última!


























