SINFONITY – TEATRO NUEVO ALCALÁ, MADRID – 26/05/2013
Tan inusual como sorprendente y necesario
El pasado Domingo 26 de Mayo un servidor tuvo el placer y privilegio de disfrutar del segundo de los tres pases que ha ofrecido la que a partir de ahora se conocerá como la Primera Orquesta Sinfónica de Guitarras Eléctricas del mundo, SINFONITY, un espectáculo realmente peculiar y tan original como evidente salido de la mente e inquietudes del guitarrista solista y director musical Pablo Salinas, acompañado para tal objetivo de un ecléctico elenco de 18 guitarristas más.
Lo primero que sorprende del espectáculo es la solemnidad inicial del mismo… Con la inquietud evidente de presenciar algo realmente nuevo, al menos para un servidor, se abre el telón del Teatro y podemos presenciar a todo el elenco de guitarristas sentados en dos escalones reproduciendo así esa sensación de orquesta que en todo momento conseguirán transmitir y fijar en nuestra mente, la cual a lo largo del espectáculo se encontrará rebuscando entre todos los participantes los recovecos sonoros que hacen que las obras interpretadas suenen de forma totalmente respetuosa y fiel con respecto a las imborrables y eternas partituras originales (dicho esto desde un oído no experto pero si degustador de la más universal de las músicas, la música clásica).
La puesta en escena es, como digo, solemne pero inspiradora. Un telón de fondo enmarca la reproducción de imágnenes asociadas a las obras interpretadas y la iluminación del evento se encuentra en todo momento pensada para realzar la majestuosidad de las obras y su característica tan mágica como atemporal.
De esta forma, conforme atravesamos el “Bolero” de Maurice Ravel comenzamos a quedarnos estupefactos y asombrados de la maravillosa conjunción que ocurre en el mismo momento en el que podemos comprobar la fluida y orgánica fusión que ha ocurrido entre el mundo de la guitarra eléctrica, la del rock y el heavy metal (pues no hay duda de que Salinas también disfruta desde este otro lado de la música) y la tradición más popular y de etiqueta como es la de la música clásica.
El éxito del proyecto radica, probablemente, en la estructura que su creador ha asumido que debería de tomar la idea sobre el escenario de un teatro. Ayudados tan solo por ciertos elementos de percusión puntual y un cello eléctrico, el resto de componentes de esta peculiar y atípica orquesta no se limita a adaptar las obras al instrumento que portan, sino que es el instrumento de seis cuerdas el que adquiere un papel determinado en el global de cada partitura, consiguiendo de esta forma un sonido envolvente que no pretende engañar con trucos o atajos, sino que reproduce, de forma eléctrica, el mayor número de elementos con el que cuenta una orquesta al uso.
La sensación, por tanto, es tan nueva como agradable. La cojunción es abrumadora, el espectáculo es luminoso e incluso inspirador y el resultado final acaba siendo placentero para ambos mundos, al menos esta es una de mis más convencidas conclusiones.

El espectáculo hace un recorrido por grandes obras de los últimos tres siglos, desde una recortada pero inspiradora adaptación de “Las Cuatro Estaciones” de Antonio Vivaldi hasta extractos del Concierto para Clarinete y La Flauta Mágica de Mozart, pasando de forma íntima por Bach o Pietro Mascagni y su “Cavalleria rusticana” o de forma mucho más desenfadada y rockera por el “Guillermo Tell” y el “Barbero de Sevilla” de Rossini o el clásico “Vuelo del moscardón” de Rimsky-Korsakov, donde podemos disfrutar incluso de una divertida y amena coerografía por secciones instrumentales que incluye hasta alguna que otra pose muy guitarrera. Tampoco se olvida Salinas, que en todo momento se encuentra rodeado del inmenso trabajo de coordinación de sus compañeros de instrumento, de la intensa y potente obra «Los Planetas» de Gustav Holst (“The Planets Op. 32 Mars: The bringer of war”) en la que podemos disfrutar de uno de los momentos más heavys de todo el espectáculo, una interpretación de más de 7 minutos que hace que la conjunción de la partitura y el cuerpo del sonido de guitarra se torne realmente sobrecogedora.
El largo aplauso que medió entre el final del show y los ineludibles bises, dedicados a la 5ª Sinfonía de Beethoven y El Amor Brujo de Manuel de Falla, habló alto y claro de la gran aceptación que ha tenido y está teniendo este inusual pero, me atrevería a decir, necesario proyecto en el que los unos le perderán el miedo al mundo de las guitarras eléctricas mientras que los otros comenzarán a plantearse el darse el capricho, de vez en cuando, de regalarse el inigualable sonido de una gran orquesta sinfónica en directo.


























