Antes de las tachuelas, hubo un disco: la historia de Rocka Rolla

Hay bandas que nacen grandes y otras que necesitan tiempo para descubrir en qué quieren convertirse. Judas Priest pertenece a la segunda categoría. Mucho antes de las tachuelas, el cuero negro, las motocicletas y esa imagen que terminaría convirtiéndose en una de las estampas más reconocibles del heavy metal, cinco músicos británicos se encerraron en un estudio para grabar un disco que hoy puede escucharse como el documento de una banda buscando su propio camino.
El 6 de septiembre de 1974 aparecía Rocka Rolla, el debut de Judas Priest. Producido por Rodger Bain —el hombre que había trabajado en los primeros discos de Black Sabbath y Budgie—, el álbum tenía poco que ver con el sonido que Priest desarrollaría pocos años después. Había blues, hard rock, psicodelia, pasajes progresivos y una atmósfera casi invernal. Era, en cierto modo, un disco de transición: todavía miraba hacia sus influencias, pero comenzaba a insinuar algo diferente.
Y hay una curiosidad especialmente entrañable: según la propia banda, el álbum fue tocado prácticamente en directo dentro del estudio. Aquella decisión, sumada a problemas técnicos, terminó dejando una grabación con un sonido irregular y un siseo permanente. Hoy podría parecer un defecto; entonces fue sencillamente una de las muchas dificultades que acompañaron los primeros pasos de Judas Priest.
También estaba llegando un músico que cambiaría para siempre la historia del grupo. Glenn Tipton acababa de incorporarse cuando comenzó la grabación. Sin embargo, varias de sus composiciones fueron rechazadas por considerarse poco comerciales. Entre ellas estaban “Tyrant”, “Epitaph” y “The Ripper”. También quedó fuera “Whiskey Woman”, canción que, con posteriores aportaciones de Tipton, acabaría transformándose en nada menos que “Victim of Changes”, uno de los clásicos inmortales de Sad Wings of Destiny.
Y mientras tanto, al frente estaba Rob Halford, un cantante que todavía no era la leyenda que conocemos. Pero en Rocka Rolla ya podía escucharse algo especial. En “Run of the Mill”, por ejemplo, la banda comenzó a escribir pensando específicamente en su extraordinario registro vocal. Halford tenía una herramienta que pronto se convertiría en una de las armas más poderosas del heavy metal: podía pasar de la gravedad a los agudos con una naturalidad asombrosa.
El disco tampoco estuvo acompañado inicialmente por la estética que asociamos con Priest. Nada de cuero y tachuelas. En sus primeras apariciones televisivas, la banda lucía una imagen mucho más cercana al espíritu hippie de los primeros setenta. Incluso resulta simpático imaginar que aquellos músicos, todavía lejos de convertirse en los “Metal Gods”, no parecían saber que estaban a punto de ayudar a definir la imagen de todo un género.
Comercialmente, Rocka Rolla fue un fracaso. Vendió apenas unos miles de copias y dejó al grupo en una situación económica muy complicada. Pero la historia tiene una hermosa ironía: aquel disco que casi nadie compró terminó convirtiéndose en una pieza fundamental para comprender cómo nació Judas Priest.
Escucharlo hoy es viajar a una época en la que todo estaba por inventarse. Allí están las dudas, las influencias, las imperfecciones y, sobre todo, las primeras señales de grandeza.
Rocka Rolla no fue todavía el rugido definitivo de Judas Priest. Fue el primer latido.
Y quizá por eso merece ser escuchado con cariño: porque incluso los dioses del metal tuvieron que empezar desde abajo.

Listado de temas:
- One for the Road
- Rocka Rolla
- Winter
- Deep Freeze
- Winter Retreat
- Cheater
- Never Satisfied
- Run of the Mill
- Dying to Meet You
- Caviar and Meths
Line Up:
Bob Halford – Vocals
Glenn Tipton – Guitars
K.K. Downing – Guitars
Ian Hill – Bass
John Hinch (R.I.P. 2021) – Drums

























