Crónica de VHÄLDEMAR y ADAREL – Rockville, Madrid // 04-06-2022
Poca excusa necesitan VHÄLDEMAR para seguir subiéndose a los escenarios, lugar donde se encuentran como en casa, independientemente de la ciudad que pisen. Así que después de grabar una noche mágica en su Barakaldo natal, volvían de nuevo a Madrid dentro de la gira “Straight To Hell Tour 2022” acompañados por ADAREL. El caso es que la banda nos demostraría una vez más que sigue rodada y muy en forma sobre las tablas, donde sus himnos nunca defraudan al personal.

ADAREL son un grupo con historia, formados en 1994, aunque la nueva formación arranca en 2006 y ya con tres discos en su haber. Los cacereños han ganado premios a nivel nacional, (entre ellos el Festival Mas Ke RockTV y el Moraleja Musical Fest).
La banda se adapta perfectamente a los tiempos modernos, con un metal ochentero, sin perder la raíz de estilos como el hard rock y el heavy más clásico. Una amplitud que debería de darles la oportunidad de cautivar a muchísimo público, aunque ya sabemos que a veces este es un arma de doble filo. Porque ADAREL es un grupo que ya ha puesto todo de su parte para triunfar. Tienen estilo, tres discos de los que darían buena cuenta esta noche y un directo donde suenan compactos y se muestran como músicos con tablas. Ahora la pelota está en el tejado de un público que debe decidir, ante la dificultad de un panorama plagado de nuevos y buenos grupos y con una prensa generalista que pasa por completo de apoyar la cultura como se merece. Pero eso ya son factores que están más allá del buen nivel que puede exponer una banda.

Quedó patente con los 10 temas en los que nos desgranaron buena parte de “Ángel de Fuego” y “III”, interpretando una tanda de temas de este tercer trabajo, editado en 2018, como “Hora de la Purga”, “Ten Piedad” y “Cuento y Destino”, que daría paso luego a temas como “Inmortal” y “Dragón y Mujer”.
La recta final empezaba con “Reencarnación” de los desaparecidos SANTA, acabando “Heavy Metal” que para nada rebajó la intensidad de la descarga. De hecho, es una canción muy identificativa de su estilo, un estilo que puede ser muy directo, pero donde caben aspectos muy introspectivos, con espacio para demostrar en el plano instrumental grandes cualidades por parte de todos sus miembros.

VHÄLDEMAR por su parte volvieron a brindar una actuación que no defraudaría a ninguno de sus incondicionales. Dirigidos por un Carlos Escudero que fue pura adrenalina sobre las tablas, la banda deleitó al personal con un repertorio de su amplia trayectoria.
Porque desde que “Death To The Wizard” empezó a sonar, con un Cribas que es pura energía en el escenario, aquello fue una joya de heavy metal tras otra. Interpretadas por una banda que no le va a la zaga al vocalista, dueño y señor del escenario y de una voz tan impresionante por su categoría como por su personalidad. Pero también hay que destacar y mucho el papel de Pedro J. Monge, que es un excelente guitarrista en este estilo, Jandro que muestra su contundencia y calidad como batería, el bajista Edu (CRYSTALMOORS) sustituyendo a Raúl, que da un cuerpo, grosor y fuerza impresionante a las canciones y Jonkol en el teclado, que es otra gran estrella y se llevó de manera muy especial el cariño del público. Y es que además de tocar el teclado a las mil maravillas es un vocalista que apoya en algunas ocasiones al maestro Cribas con una solvencia impresionante. Mucho nivel en cada una de estas piezas.

Tal vez demasiado pronto Pedro sacó a relucir el riff inicial de “1366”. Eso provocó el entusiasmo descarado de todo el personal a las primeras de cambio, pero dejó para el resto de la descarga un momento difícilmente superable. Es inevitable vivir cierta nostalgia entre un público con una media de edad de 40 para arriba, aunque también con nuevas generaciones. Tanto es así que fueron varios los casos de niños con sus padres en primera fila, mostrando lo imperecedero del legado de las bandas.

No nos hacíamos una idea del terremoto que se iba a producir en la sala aún cuando interpretaron “Metalizer”, de “Against All Kings”. Pero cuando llegó “Afterlife” aquello se desató en movimiento constante, no solo en las primeras filas, sino en la primera mitad de la sala. El propio Carlos también se bajó entre el público subiéndose incluso a la barra del local en un momento de locura máxima!!!

El resto del repertorio estuvo plagado de momentos tan memorables como “Fear” o “Howling At The Moon”, con la participación de Rubén Miranda (Inner Destiny, Krait…).

Quedaba un intenso final compuesto por “Dusty Road”, cuya pegada siempre supone un gran momento en sus conciertos y cañonazos como “Bastards”, “Old King´s Visions Pt6” y “Hell Is On Fire”. Cerrarían la fiesta con “Breaking All The Rules”, “Lost World” y el himno de himnos “Energy”, con el que rematarían otro efectivo directo en el que da gusto ver el rodaje de una banda con el escenario como hogar principal. Como en casa allá donde vayan.

























