Crónica del primer día del «Brutal Assault 2025» // Jaromer, República Checa – 06/08/2025
Día 1: Abren las puertas de Josefov
Como ya viene ocurriendo desde hace algunos años, llegaba la hora de nuestra cita checa: para aquellos que han estado alguna vez en el Brutal Assault, acudir a este festival a inicios del mes de agosto se convierte en un auténtico ritual. Desde que venimos a este evento, se ha convertido en uno de nuestros esenciales por un montón de motivos: si bien su cartel suele ser muy bueno y distinto a otros festivales europeos, la ubicación también es maravillosa, en el interior de la Fortaleza de Josefov. Y no solo eso, la organización es espectacular, tanto para el público en general como para prensa, a quienes nos cuidan ofreciéndonos refrescos, café, fruta y una zona fresquita para sobrevivir a los calurosos días de agosto en República Checa.

Este año, en su vigésimo octava edición, el Brutal nos traía un cartel de lujo, que empezaría a desgranarse ya desde la fiesta warm-up del martes, con bandas como Faüst, Funeral o Carnivore A.D. Si el año pasado la primera jornada contó con nombres como Sylosis, Hatebreed, Deicide o Exodus, en 2025 el día de apertura no iba a quedarse corto y nos esperaban un montón de grupos que queríamos ver. Como en otros festivales europeos, el horario es considerablemente madrugador y, a eso de las doce de la mañana, ya teníamos a los locales Brutally Deceased subidos al Marshall Stage. Curioso porque esta banda tomó su nombre de los suecos Grave, que actuarían en el mismo escenario dos días después.

El recinto se iba llenando a la par que se estrenaban los diferentes escenarios: en el Sea Sheperd, los encargados de esta labor serían Blood Red Throne seguidos por Crystal Lake y Dope. En el Marshall, tras la actuación de Brutally Deceased llegaron unos esperadísimos Warbringer, que son siempre sinónimo de calidad. Sin embargo, al ser el primer día y una hora un tanto temprana la actuación quedó un poco ‘desangelada’, con un público algo estático. Algo más tarde, tocaba abrir el Obscure Stage –un escenario que nos gusta particularmente porque es más pequeño y familiar– que, debido a los cambios de última hora –Attila, Born From Pain e Ill Niño cancelaban, siendo sustituidos por Exorcizphobia, Half Me y Khan–, también algunos horarios cambiaron, colocando a Exorcizphobia a las dos y media en el Obscure y moviendo a Sleepytime Gorilla Museum a un horario más tardío –las ocho y media de la tarde–. Estas modificaciones siempre son un jaleo pero aún así, todo fue sobre ruedas y continuamos la jornada.

Una vez 3 Inches of Blood y Rivers of Nihil hubiesen cerrado sus shows en el Obscure, acudimos a todo correr a la zona de escenarios principales donde los suecos Thrown, encabezados por un tatuadísimo Marcus Lundqvist abrían su bolo dispuestos a presentar su único álbum de estudio hasta la fecha Excesive Guilt, que aún no ha cumplido ni un año de vida. Un concierto brutal para una banda que está subiendo como la espuma: buenos riffs, temas pegadizos y que suenan a las mil maravillas. Ojito a estos chicos porque tienen un futuro enorme por delante.

Otros de los esperadísimos del día eran Dark Angel. Con sus idas y venidas a lo largo de los años, sumadas a los fallecimientos recientes, era una banda a la que nos hacía especial ilusión ver. Laura Christine a la guitarra, como digna sucesora de su esposo Jim Durkin, ha sabido tomar el relevo de Jim por todo lo alto. Desde la primera nota, los chicos de Ron Rinehart bordaron un concierto en el que repasaron su álbum Darkness Descends, que vio la luz allá por 1986. Nada más y nada menos que casi cuatro décadas después, los temas sonaron igual que el primer día. Todo un gustazo para los oídos. Nos hubiese gustado pasarnos al menos un rato por el show de Fleshgod Apocalypse, pero se solapaban por completo con Dark Angel y hubo que sacrificarlos.

Sin perder ni un minuto, marchamos a la fiesta que nos tenían preparada Static-X. Con Edsel Dope como frontman, que unas horas antes ya había completado su concierto con Dope, los californianos abrieron con un trío de auténtica locura: “Bleed For Days”, “Wisconsin Death Trip” y “Fix”, remontándose a 1999 para repasar su primer trabajo prácticamente al completo. Una auténtica locura, con un sonido de diez y un enorme despliegue de estímulos: desde el Franken Wayne, pasando por el personaje del X-Bot que apareció al mismo tiempo que unas enormes cantidades de confeti, hasta el Disco Witch, que se subió a una barca hinchable y recorrió todo el público haciendo crowdsurfing. Desde luego que, entre una cosa y otra, el show se nos hizo cortísimo y estuvo a un nivel espectacular. Sin duda, Static-X estará en nuestro top 5 conciertos del Brutal Assault de este año. Cerrando con “I’m With Stupid” y “Push It”, completaron un show de diez. Una pasada.

Mientras Static-X estaban haciendo de las suyas, el Octagon y el KAL, escenarios que aún no habían albergado ningún concierto, daban su pistoletazo de salida con Inter Arma y Faun Fables. El KAL es un escenario oscuro y que recoge, en general, propuestas atmosféricas o electrónicas. A lo largo del miércoles, pasarían por él propuestas como Andy the Doorbum, Mala Herba o Thrash Cobra. Por su parte, el Octagon, también muy reducido, recibiría tan solo tres bandas más: Frayle, Zemial y Ruïm. Este stage suele tener un horario muy reducido.

Ya habíamos entrado en materia y venían uno tras otro los platos fuertes de la jornada. Dying Fetus llegaban al Marshall para repartir tralla de la buena. Con un sonido brutal y un público volcado y numerosísimo, fueron desgranando un setlist muy variado, en el que dieron algo más de relevancia a su Reign Supreme de 2012 y su Destroy the Opposition del 2000. El resto, un tema por disco, que consiguió un show variado y enérgico, bordando cada corte. Como Ill Niño habían cancelado su concierto, Sleepytime Gorilla Museum sustituirían a la mítica banda, con un estilo curioso y diferente. También quizás un tanto complicado de entender y plasmar con palabras pero, lo que sí sabemos es que su estética llamaba la atención cuanto menos.

Tras un par de temas, nos movimos al Sea Sheperd ya que Mastodon estaban listos para sacar toda su artillería pesada durante la próxima hora. Como cabezas de la jornada –junto a Kerry King que llegaría después–, quisieron recordar a Ozzy Osbourne tanto al inicio como al cierre de su show, abriendo con “Crazy Train” y cerrando con “Shot In The Dark”. Una ejecución realmente buena; elegante como solamente ellos saben hacer y un Troy Sanders que estuvo a la altura de lo esperado. El setlist, muy equilibrado, mezcló temas de sus dos décadas y media sobre el stage, cerrando con “Blood and Thunder” de su Leviathan (2004) seguida por “Supernaut” de Black Sabbath. Si esto no es un homenaje por todo lo alto a Ozzy, que alguien se atreva a discutirlo.

Una vez terminado, se producía un solape entre Between The Buried and Me –que también tocarían al día siguiente en un horario similar– y Kerry King y, sin dudarlo demasiado, decidimos decantarnos por Kerry. Abriendo con “Where I Reign” y con Mark Osagueda como frontman, pudimos disfrutar de un sonido tremendo, al más puro estilo Slayer –aunque las comparaciones sean odiosas–. Lo cierto es que Kerry King mantiene intacto este toque Slayer incluso en sus temas propios y ya, cuando suenan cortes como “Repentless”, “Disciple” o “Black Magic”, es algo innegable. Un auténtico disfrute para los oídos de los fans tanto de Kerry como de Slayer, que pudimos disfrutar de thrash metal de calidad. Evidentemente, con “Raining Blood” toda la Fortaleza de Josefov saltó por los aires y con el colofón final de “From Hell I Rise” nos despedimos de otro de los conciertos estrella del festival.

Para cerrar el día, otro duro solape entre Orange Goblin y Rotting Christ, nos hizo elegir a los griegos, a los que teníamos muchas ganas de volver a ver en directo. Con una apertura brutal, compuesta por algunos de los mejores temas de la banda de Sakis Tolis como “666”, “P’unchaw kachun- Tuta kachun” o la espectacular “Kata Ton Daimona Eaytoy” que daba nombre a su fantástico disco de 2013, el show fue pasando a la velocidad de la luz. Muy buen sonido, llamas, energía y una buena ejecución, a pesar de que pudimos escuchar algo baja la voz de Sakis, su hermano Themis a los platos lo compensó con creces. Una gozada de show para cerrar un día de diez. Tocaba dejar a Heriot sonando en el Obscure y retirarnos a reponer fuerzas.
Oiane Díaz






























