Crónica del tercer día del Brutal Assault 2025
Intensidad y black metal al cruzar el ecuador del Brutal Assault
El miércoles y el jueves habían sido días largos pero llenos de grupazos en los que habíamos disfrutado del más puro ambiente Brutal Assault pero también habíamos acumulado algo de cansancio. Habían sido muchísimas bandas en tan solo 48 horas y todavía nos quedaba la misma cantidad de tiempo para que llegase el final del festival. El calor había sido otro de los principales protagonistas de los dos primeros días y, según la previsión, se esperaban temperaturas aún más altas para el viernes y el sábado. En la aplicación del BA, así como en las pantallas gigantes dentro del propio recinto, recordaban el uso recomendable de crema solar, así como hidratarse con frecuencia. Pero, para algunos esta última parte se complicaba: esa misma mañana, el Brutal anunciaba que se había agotado la cerveza especial de la presente edición. De todas maneras, aunque no iba a ser posible conseguir la misma, prometían tener los barriles llenos de otras sustitutas para los asistentes más sedientos.

Otro día que comenzaba desde muy prontito –las diez y media de la mañana–, con los escenarios principales a tope desde primera hora. A lo largo de la mañana, bandas como Pyrexia, Graphic Nature, Whitin Destruction, Abbie Falls, Mnemic o los que conocemos más que de sobra, puesto que son de nuestra tierra, Avulsed –por primera vez en el Brutal Assault–, se dedicaron a amenizar las primeras horas del viernes. Algo más tarde, Monolord, serían el primer show de la jornada en el Obscure, a los que seguirían Sylvaine en el mismo stage: sobrios y elegantes, fueron desgranando el breve setlist que tenían preparado –de unos tres cuartos de hora– con una ejecución impoluta y una poderosa voz de Kathrine Shepard.

Antes de resumir los conciertos de la zona principal de escenarios, hacer mención de la siguiente banda que subió al Obscure: Mantar. Ya les habíamos podido ver en la sala Santana 27 el pasado año, teloneando a Meshuggah y quisimos acercarnos a ver cómo lo hacían en este festival. El dúo, con Hanno destrozando las cuerdas de su guitarra y Erinç aporreando los platos, completa un conjunto que resulta bastante curioso. Desde luego la campa estaba llena a rebosar y el show pasó volando. Diferentes cuanto menos.

Mientras tanto, Prong habían subido al Sea Sheperd en los brevísimos cuarenta minutos que tenían para dejarse la piel sobre el escenario. Los neoyorkinos siguen repartiendo tralla como si no pasasen los años por ellos y, a pesar de sus más de decena y media de álbumes a lo largo de su carrera, siguen sonando como el primer día. Una actitud enérgica y un mix de temas más añejos –gran parte del set estuvo compuesto por cortes de sus LPs de los años noventa– y algún single más reciente. Estuvieron a la altura de lo esperado.

A continuación, llegaban unos brutales Pig Destroyer también desde Estados Unidos. La banda, encabezada por J. R. Hayes, llegaba dispuesta a poner patas arriba la Fortaleza de Josefov y, por si aún quedaba alguien adormilado, salieron a machete desde el primer segundo. Interactuando continuamente con sus fans e incitando a crear pogos sin parar, repasaron su discografía a la velocidad de la luz y dejaron a sus seguidores más que contentos –y sin energía, por qué no decirlo–. Con bandas así, los conciertos pasan volando. Tras ellos, llegarían Asphyx.

Y es que está visto que el viernes iba a ser un día para no respirar: bandas muy contundentes, enérgicas y, todo ello, aderezado por un calor tremendo, que no bajaba de los treinta grados ni aunque estuviese avanzando la tarde. Como decíamos, los holandeses Asphyx –se solapaban con Pelican, por cierto–, llegaban a un Marshall stage lleno a rebosar, lo que significa que había muchas ganas de verles entre el público checo. Cincuenta minutos en los que demostraron tener una energía enorme, sin parar ni un solo segundo y derrochando simpatía en todo momento, en una continua interacción con sus fans. Abriendo con “Vermin” de su primer álbum de 1991, The Rack, los chicos de Martin van Drunen completaron un show súper dinámico y que dejó felices a sus seguidores. Cerraron con la archiconocida “Last One on Earth” también retornando a sus orígenes –a su segundo disco que da nombre a esta canción y que vio la luz en 1992–.

Y seguido venían otros titanes: nuestros queridísimos Overkill. Thrash en estado puro con el carismático Bobby Blitz al frente y una formación de lujo en la que tampoco faltaba D. D. Verni, que ha tenido que estar una temporada fuera de la banda recuperándose de una operación. Así las cosas, había muchísimas ganas de recibirles en el Brutal Assault y los íbamos a disfrutar a tope. Decidieron tirar de lo novedoso para abrir el show con “Scorched”, tema que dio título a su último disco de hace un par de años. Después, organizaron un set en el que no faltó de nada: desde “Bring Me the Night” hasta “Ironbound”, pasando por lo que es ya un himno “Elimination” que fue coreada por todos. Una actitud brutal, un Bobby que iba y venía a tomarse algunos descansos entre canción y canción y sus guitarristas, Dave Linsk y Derek Tailer siempre haciendo algunos guiños graciosos con el público. Una maravilla de concierto de una banda que parece incombustible. Solamente echamos de menos que tocasen “Coma”, un tema que consideramos que no debe faltar en ningún concierto de Overkill. Aún así, un diez.

Y después de estos americanos, vendrían Grave, banda sueca formada hace más de tres décadas y que, a pesar de sus idas y venidas, lleva desde entonces haciendo gala de su death metal. El año pasado anunciaron la reunión de sus miembros originales –Jorgen Sandström, Jens Paulsson y Jonas Torndal– para girar durante 2025 y así ha sido. En el Brutal Assault demostraron que tienen mecha para rato, aunque no sabemos si esto tendrá continuidad en el tiempo, ya que no han informado de nada más allá de los shows que han agendado. Iremos viendo qué ocurre.

Tras ellos, Gaerea, banda que siempre llama la atención por su curiosa vestimenta, tocarían en el Obscure, solapándose con Paradise Lost, quienes, para las nueve menos cuarto ya habían aterrizado sobre el Sea Sheperd. Siendo una de las bandas principales de la jornada, los de Nick Holmes disponían de una hora para ejecutar su repertorio y decidieron dar mayor importancia a tres álbumes: el Shades of God y el Draconian Times de la década de los noventa unidos a uno de los más recientes, Obsidian. Con una interpretación excelente, unas luces tenues y repletas de rojos y azules, el concierto fue transcurriendo hasta que agotaron todo su tiempo.
Mientras tanto, debemos mencionar que el Octagon y el KAL habían abierto ya sus puertas, en horario ‘tardío’ como cada jornada y por sus escenarios estaban desfilando formaciones como Pyrrhon, Replicant, Lugola o Silkskin, en zonas más familiares y menos masificadas del festival.

Nos volvimos a acercar al área de los main stages y pudimos observar que estaba más que a rebosar, probablemente el momento en el que más afluencia de público habíamos visto en esta edición. Y es que los siguientes en subirse al Marshall eran Mayhem, algo que había generado muchísima expectación. No sabíamos que esperar: teníamos ganas pero es cierto que las últimas actuaciones de Mayhem a las que habíamos podido asistir, no habían sido las mejores. Para nuestra sorpresa, los noruegos con Attila al frente, tras mostrar durante varios minutos un vídeo resumen de su extensa carrera, defendieron sus temas más que bien. Abriendo con “Malum” seguida por “Psywar” e “Illuminate Eliminate”, el set estuvo muy equilibrado y la interpretación tanto a la voz como a los instrumentos, correcta. Nos dejaron un buen sabor de boca y, para lo que nos esperábamos, fue un concierto muy positivo. Esperamos que sigan en esta línea.
Para cerrar, y ya que estábamos con la temática de black metal noruego, tomaban el relevo en el escenario adyacente Dimmu Borgir. Sin embargo, a pesar de que nos quedamos un momento a ver cómo abrían el show los chicos de Shagrath, nos trasladamos hasta el Obscure para cerrar el día, ya que nos habían hablado maravillas de The Browning. Un estilo más moderno que, en ocasiones hemos oído catalogar como “electronicore” y que, aunque parezca que puedan ser relativamente nuevos, lo cierto es que llevan dos décadas en activo. Desde la apertura del show, con un Jonny McBee entregadísimo e incitando a sus fans a que se moviesen, el concierto fue un auténtico no parar que se convirtió en toda una fiesta. Mezclando ese metal potente que les caracteriza, con toques electrónicos, consiguieron mover hasta al más soso. Muy pocas veces hemos visto tanto crowdsurfing en el Obscure como en este concierto, pero es que la ocasión era la idónea para hacerlo. Un conciertazo en toda regla en el que nos lo pasamos genial.
Con esto dábamos por zanjada la jornada; era casi la una de la madrugada y venía bien retirarse a descansar para afrontar la última jornada de Brutal Assault, que no dudábamos que iba a ser igual de intensa que las tres anteriores.
Oiane Díaz


































