DRY RIVER: ¡Una caja musical llena de sorpresas! // Sala Copérnico, Madrid – 26/01/2018
“Va a ser el concierto más importante de nuestras vidas”. Esta afirmación del cantante Ángel Belinchón, sumado a la grabación del concierto en imagen y sonido y a las colaboraciones de artistas de prestigio, nos hacía presentir que algo especial iba a ocurrir el pasado sábado por la noche en la emblemática sala madrileña Copérnico, en la que, poco antes del comienzo del show, se colgaba el cartel de “todo vendido”.
Dry River desgranó su último disco, “2038”, con casi un año de vida ya a sus espaldas, y por segunda vez en la ciudad, lo defendieron a capa y espada. Habiendo recibido grandes críticas de todos los medios especializados, no cabe duda de que se trata de una banda con una calidad musical enorme. No obstante, puede que su trabajo “no sea apto” para todos los públicos, debido al eclecticismo en el que se mueven. Sin embargo, el alto nivel de sus músicos y su potente directo (su gran punto fuerte) son alicientes más que suficientes para acercarse a disfrutar de su espectáculo.

A las 21:05 se abrió un portal para viajeros en el tiempo. Aterrizamos en 2038, título del tercer corte del álbum, de la mano de un animador, que con su gracia, nos guió hasta el arranque de la intro, “Perder el norte”. Con un sonido nítido y un entusiasmo que no decayó en toda la velada, se presentaba el sexteto, y como es costumbre, lo hacían ataviados con su impecable traje de chaqueta. Elegantes, por supuesto, como pedía la importancia de la cita, abrieron la noche con la canción que da comienzo al álbum. Partes orquestales y unas atmósferas que el señor Martí Bellmunt bordó en todo momento. La oscura “Fundida a negro” precedió a la divertida y optimista “Rómpelo”.
No había tregua. Después de los tres primeros cortes llegó la primera colaboración de la noche, “Con la música a otra parte”, en el que, el grandísimo guitarrista y ex-Sangre Azul, Jorge Melero, nos deleitó con su habilidad a las seis cuerdas. Junto a Carlos Álvarez y Matías Orero, formó un trío que con su sensacional compenetración, dejó al personal boquiabierto. Prosiguieron con los temas “Me pone a cien”, en el que el protagonismo fue para el saxo, y “Camino”, una pieza muy exigente a nivel vocal. Canción tras canción, la banda fue desgranándonos el disco íntegro, tal y como habían prometido. No obstante, el show de Dry River sobre el escenario trasciende lo musical y supone mucho más que asistir a un simple concierto. Es un espectáculo en mayúsculas en que se entremezcla la música y el humor, con toques de teatralidad.

Avanzaron por la noche con “Al otro lado” y “Cautivos”, una pieza preciosa y antesala de uno de los puntos álgidos de la cita, “Pean”, sin lugar a dudas una de las canciones favoritas del año pasado de este servidor. Debido a su duración, sólo habían podido tocarla en su pasado concierto de Valencia y, en esta ocasión, y como aliciente extra, contaron con la colaboración de uno de nuestros artistas adoptivos. El chileno, afincado en Madrid, Ronnie Romero, actual cantante de Rainbow y ex Lords of Black. Se marcaron un TEMAZO que, hasta los mismísimos Dream Theater más inspirados, hubieran firmado. Una suite con partes técnicas y melódicas con la que Ángel y Ronnie nos erizaron la piel.
Llegó el final de la primera parte y el sexteto se tomó un merecidísimo descanso. Sin embargo, los ánimos no decayeron, gracias al “chico para todo” que volvió a tomar el escenario y hacernos reír con su ingenioso monólogo. Ya se sabe, “el show debe continuar”.
Llegó así la segunda parte del concierto, momento para repasar algunos de los temas de sus dos primeros cortes. “Bajo control”, una de las canciones más metaleras de los valencianos y de su disco “Quien tenga algo que decir, que calle para siempre”, una elección muy celebrada por todos los asistentes.
La noche continuaba rodada, pero aún había margen para mejorarla de la mano del siguiente invitado, el batería Francisco Mazuecos, de la bandaza de rock progresivo instrumental Solid Relax Project, con el que nos regalaron un cover poco conocido de “Bohemian Rhapsody” y a la que prestó su voz, de nuevo, Ronnie. Está claro que aquí Ángel Belinchón se mueve como pez en el agua, y que, sin duda, es uno de sus temas favoritos, que versiona con su banda tributo a Queen.
La emoción flotaba en el ambiente de “La Copérnico”, cuando llegaba el turno de un amigo y una de las mayores fuentes de inspiración del grupo, el veterano y líder de la banda de rock progresivo más importante de nuestro panorama nacional, el incombustible Julio Castejón. Junto con él, Roberto Bravo, teclista de “Solid Relax Project”. Los acordes de “Melani”, del último trabajo de Asfalto, llenaron la sala con su penetrante letra y por un rato, Dry River se transformó en la mítica banda madrileña.

Continuaron para bingo con “La llave del sol” en acústico. Preciosa, placentera, espléndida…se me acaban los calificativos para describir tal maravilla.
Después de dos horas, parecía que la esperada cita tocaba a su fin cuando un keytar salía a escena y quedaban claras las intenciones. Era la hora de la bailonga “Irresistible” y con sus notas, volvió a las tablas nuestro actor, que se ganó el sueldo y esta vez, enfundado en ropa deportiva más que “ajustada”, no dejó de mover las caderas. Todo ello, para dar paso a uno de los temas emblemas de la formación, con el que suelen terminar sus conciertos. “Traspasa mi piel”, una forma redonda de explicar lo que allí se coció aquella noche.
Concierto que superó todas las expectativas, hasta las de los más optimistas. Y es que ver a Dry River en acción es uno de los mayores antidepresivos que hoy en día se pueda recetar. Diez de diez en el que ha sido sin duda uno de los recitales más importantes de la temporada. Así que ya sólo nos queda esperar a que salga el CD+DVD para poder volver a revivir la magia.


























