ELECTRIC MARY dicen adiós a Madrid con un último vuelo // Sala Copérnico, 23/09/2025
Pasaban apenas unos minutos de las nueve de la noche cuando los australianos Electric Mary tomaban el escenario de la Sala Copérnico en Madrid. La ocasión no era una cualquiera: se trataba de la última visita de la banda a la capital dentro de su gira de despedida, un tour cargado de emociones y electricidad que está marcando el final de dos décadas de rock crudo, sudoroso y honesto. El público madrileño, consciente de que estaba ante una velada histórica, respondió abarrotando la sala y entregándose desde el primer acorde.

El concierto arrancó con “Shaun”, un inicio directo a la mandíbula que puso la maquinaria en marcha. Sin tregua, le siguieron “Gimme Love” y una incendiaria “Gasoline and Guns”, donde ya se palpaba la conexión entre la formación y el público. Tras este arranque, el vocalista Rusty se dirigió por primera vez a los presentes: “Madrid, la ciudad del rock’n’roll”, proclamó, arrancando una ovación que confirmaba la comunión absoluta entre escenario y sala.
El repertorio fue un recorrido por lo más granado de su discografía, desde la sensualidad de “Luv Me” hasta la vibrante “One in a Million” o la pegadiza “No One Does It Better Than Me”. En cada tema, el grupo desplegaba esa mezcla tan propia de riffs musculosos, groove setentero y actitud de barrio, lo que les ha llevado a ser comparados con gigantes como AC/DC, Free o Guns N’ Roses.

La emotividad hizo acto de presencia con “Sorry Baby”, donde Rusty, entre versos, se fundió en abrazos con el batería Spyda, dejando claro que esta despedida no solo es hacia el público, sino también hacia ellos mismos como familia. En esa misma canción, el bajista Alex Raunjak asumió la voz principal en un fragmento, reforzando el espíritu coral de la banda.
Uno de los momentos más especiales llegó antes de “Sweet Mary C”: mientras Alex tocaba la armónica que introducía la canción, Rusty sacó una bufanda con el logo del grupo y la regaló a un seguidor de la primera fila, desatando la euforia entre los presentes. A lo largo del show, además, llamó especialmente la atención la camiseta de Alex con el lema “I Love Madrid”, un guiño simpático y muy bien recibido por el público, que reforzó la sensación de complicidad total entre la banda y la ciudad. La electricidad continuó con “One Foot in the Grave”, donde tanto el bajista como el propio Rusty bajaron al foso para cantar y tocar a ras de público, provocando la locura en las primeras filas.

El tramo final del concierto fue pura dinamita: “The Dealer”, la siempre efectiva “The Way You Make Me Feel”, “Woman” y “3 Days Gone”. Antes de encarar los bises, la banda se tomó un respiro para brindar con chupitos junto al público, un gesto festivo y fraternal que encajaba a la perfección con el carácter de la noche. Después llegó la catártica “Already Gone”, que sonó a declaración de principios y despedida definitiva. El broche lo puso “MBF (I Fell Out With My Best Friend)”, dejando la sensación de que Electric Mary se marchan fieles a sí mismos: con la energía al rojo vivo y la dignidad intacta.
Pero aquello no fue todo. Tras un hipotético final y con el público gritando “¡otra más, otra más!”, los australianos regresaron al escenario para despedirse definitivamente con “Let Me Out”, un último rugido eléctrico que puso el punto final a una velada inolvidable.

En total, diecisiete canciones que condensaron todo lo que significa Electric Mary: sudor, honestidad y pasión por el rock clásico tocado sin artificios. El público madrileño, completamente entregado, respondió con coros, palmas y una complicidad que pocos grupos logran en un directo.
Abrazos, sonrisas y emoción se mezclaron en el aire: no solo fue un concierto, sino una despedida sentida de una banda que se va dejando huella.
Electric Mary dicen adiós, pero lo hacen como siempre vivieron: “Rock’n’Roll, the way it used to taste”. Y en Madrid, esa noche, supo más intenso que nunca.



























