Geoff Tate pasa por Madrid con su Big Rock Show // Club Discoteca Changó, 05/03/2025
Constatamos el pasado miércoles en Madrid que el show de Geoff Tate es grande y es rock. El vocalista sigue en plena forma, os lo cuento.
Abriendo estaba el proyecto de Josh Watts, Ivory Lake, cantautor afincado en nuestro país, que toca lo que le pongan.

Le gusta la música y eso es lo que hace. Exótico, diferente, con personalidad y arrojo. Ya ha girado con Geoff, si repite será por algo. Nos brindó un show acústico de los complicados, su voz y su guitarra, nada más. Desde «My Little Flower» dejó claro que lo suyo es r&b y soul todo desde dentro.
Ojos cerrados y mechones rizados cayendo por su rostro, presentaba sus temas bajando el tono de voz, como con timidez, luego en los finales nos enseñaba cómo se puede hacer rock con una voz sedosa y una guitarra acústica, rascando cuerdas.
Y lo voy a soltar, no sé que me jode más, si la gente que pasa de ver al telonero por tomarse una o los que se pasan todo el concierto pegando voces, hablando sin parar.
Volviendo a lo que importa, la música y los que la disfrutamos, entendemos por qué Geoff lo ha elegido para abrir sus shows aquí, gracias Josh.

Llega el espectáculo. Misma sala, misma sensación de subida en una montaña rusa, así estábamos esperando que el poderoso ex vocalista de Queensryche apareciera en escena.
Un concierto de Geoff Tate que empieza con «Empire…» pues que os voy a contar… «Desert Dance» ya me indujo al trance de la voz de este maravilloso hombre.
Espectáculo es verlo entonar temas como «I am I» o «Sacred Ground», la que él pisa, con una fuerza que echa para atrás con ese desborde de emotividad, un gustazo como funcionan esas tres guitarras juntas y que encima se pueda escuchar el bajo, nítido, limpio y pulcro.

El saxo brillaba en un lado del escenario esperando ser asido por esas manos, «The Thin Line» tuvo la culpa, que gozada escucharlo tan de cerca. Maravilloso ese «Operation Mindcrime» que dejó claro que es uno de esos temas que hacen sentir eso. Geoff aprovechaba para bromear que él podía beber porque no tenía que trabajar al día siguiente, pero nosotros sí.
Cojo aliento durante «Breaking The Silence» para disfrutar del resto de músicos, cierto es que Tate y su carisma iluminan todo, pero da espacio a sus chicos sin problemas.
En su anterior visita estuvo de diez, pero para la matrícula de honor, faltó mi tema favorito, «I Don’t Believe in Love», pletórico sonó esta vez, ojalá coger la canción y salir corriendo con ella entre mis manos guardada para siempre.

«NM 156» y «Screaming in Digital» se fundieron como en una, flipada de solos de guitarras y momento protagonista para el batería que se puso una máscara para ambientar los temas. Nos cuenta que son canciones que le encantan porque hablan del mundo digital, que es afortunado por vivir en este siglo de la conectividad, y salen los 80 a relucir, «1986», «Walk in the Shadows», cortes con esa esencia creativa versátil de la banda que le dio fama.
El clímax de la historia llegó con «Another Rainy Night», la cual voy a tener retumbando en mi cabeza sin parar durante meses, escribo esto y se me eriza la piel, la siguen «Jet City Woman» que suena fresca como si se hubiera compuesto ayer mismo y «Silent Lucidity», en la que como siempre, nos cuenta la de historias que lleva años escuchando sobre este tema.
Momentazo cuando hablando sobre la gira, nos dice que después de 11 noches durmiendo en su cama, se da cuenta que su casa de verdad es el escenario y estar con nosotros ahí, girando por todo el mundo, más de 60 países va a visitar esta vez.

Tres temas míticos para un encore que fue de ovación de principio a fin, «Welcome to the Machine», en la que los chicos de la banda demuestran porque a esto se le llama prog, «Take Hold of the Flame» y la esperada «Queen of the Reich». Ahí es nada y con ese carisma que desborda Geoff que obnubila por completo. Su voz, la de siempre, sus manos, hablan por sí mismas de la expresividad que tienen, es un gustazo.
Afortunados somos de poder seguir disfrutando de su voz y su saber estar en escena. En el amor no creo, en Geoff Tate, sí.

























