La anhelada reunión de Héroes se esfumó una vez más

En los últimos días, las especulaciones en torno a HÉROES DEL SILENCIO crecían inusitadamente, gracias a un escueto post en las redes de la banda que anunciaba: “En próximos días, todos seremos más héroes”.
Una magistral maniobra de márquetin que, a la postre, solo dilucidaba la renovación de la web oficial de los zaragozanos, con acceso a nuevo merchandising y los canales audiovisuales oficiales “Héroes TV” y “Héroes Radio”, además de abundante material gráfico de giras y grabaciones, anecdotario, y todo tipo de informaciones de archivo, para la satisfacción de los fans más devotos.
Muchos soñábamos con otra gira de reunión, diecisiete años después del último concierto de HÉROES DEL SILENCIO en Cheste (Valencia), otros pensaban en alguna reedición de lujo u otro disco de rarezas, sin embargo, finalmente, nuestro gozo quedó en un pozo, ¡otra vez más!

Ciertamente, si atendemos al último libro de Enrique Bunbury, “La Carta” (Liburuak, 2024), centrándonos en el capítulo dieciocho estrictamente, podíamos suponer que la ocasión la pintan calva, como el mismo vocalista explica a sus apasionados seguidores a lo largo del texto, pero, ¡qué bonito fue, mientras duró, soñar con verles de nuevo reunidos! Pocas bandas generan tan elevado nivel de expectativas, cada vez que su nombre resucita de entre las sombras, así que teníamos la excusa perfecta para dejarnos llevar…
Poco amigo de viajes al pasado, el zaragozano afirma en su libro que “en el tren de HDS se dejaron escapar muchas oportunidades”. A pesar de ello, pese a su propósito de centrarse más en lo creativo que en lo re-interpretativo, Bunbury estaría dispuesto a escuchar a quien se presentase proponiendo algo concreto, y valorarlo en su justa medida. Con lo cual, la puerta no se cerraba del todo, además: “Nos quedaron muchas cosas por decir”, añadía el cantante.

Sobre la posibilidad de grabar nuevo material junto a Pedro, Juan y Joaquín, Enrique cuenta que: “Para que HDS nos dispusiéramos a componer juntos, debería existir un diálogo mínimo al respecto, un encuentro y un trabajo común. Vivimos muy lejos y no nos vemos nunca, o casi. Hablamos poco, y estas conversaciones no están nunca sobre la mesa”. Por último, concluye: “HDS, como grupo, no existe desde hace tantos años que, poner en marcha esa maquinaria, es una quimera y una carrera de obstáculos que da pereza solo de pensarlo, insisto, no solo a mí. Estos obstáculos, los más insalvables, aclaro, no los pongo yo necesariamente”.

Como intuímos, la relación entre los componentes de HÉROES DEL SILENCIO hoy en día es, aunque cordial, más bien escasa. “Hablamos, con Pedro principalmente, de tanto en tanto. Yo no tengo ningún problema con ninguno, de verdad. Por mi parte, desde la disolución de la banda, todo estuvo siempre bien, cada uno en su lugar”, afirma Bunbury, para después arrojar: “HDS es un campo de minas por el que lo mejor es pasar de puntillas”. Lapidaria frase donde las haya.

De todo ello, por lo menos atendiendo al libro, se saca un mensaje bastante claro, y es que falta lo más importante y, a su vez, básico para una reunión; la voluntad de todos. Mientras sigan sin ponerse de acuerdo los implicados, difícilmente veremos juntos a HÉROES DEL SILENCIO sobre un escenario. Por el momento, ¡seguiremos soñando! Porque, torres más altas han caído, ¿o no?

























