Limp Bizkit y Trivium en un tercer día épico del Resurrection Fest 2026
Habíamos sobrevivido al ecuador del festival y el viernes iba a ser de lo más intenso. Era con casi toda seguridad la jornada con más jaleo de este año y es que un montón de asistentes llevaban meses esperando a los cabezas del día: Limp Bizkit. Pero la cuestión no era solamente el show de la banda de Fred Durst, sino que artistas como Trivium o Cavalera Conspiracy armaban un cartel de cinco estrellas. También es importante comentar un cambio de última hora: Nevertel, cuyo horario original era de 00:35h a 01:25h, cambiaban su franja para adelantarse a las cuatro menos diez de la tarde, por lo que intercambiaban posiciones con Blaze The Trail, que pasarían a tocar a eso de las doce y media pasadas de la noche, en el Ritual Stage. Cuestiones logísticas que, esta vez, han tenido una solución bastante sencilla y buena para todo el mundo.

Dábamos comienzo al viernes desde bien prontito: las puertas abrían a las dos y media, justo después de haber cargado energías con la comida y un buen café, y allí nos plantábamos para aguantar en el recinto hasta que acabase la última banda, todo un reto. El día comenzaba con un solape entre The Fall of Atlantis en el Desert y Nukore en el Ritual. Optábamos por la segunda opción: Ander, Aitor, Álvaro y Rafa que llegaban desde Vitoria para dar el pistoletazo de salida a la tercera jornada de Resurrection Fest. Nukore se subían al stage frente a un buen puñado de personas que, pese a lo temprano que era, se habían animado a acercarse hasta el Ritual. Desde que abrieron, Aitor, su frontman fue un puro derroche de energía, algo que aún valoramos más cuando contó que había cogido su coche y había conducido el mismo día para llegar, ya que su segundo hijo estaba a punto de nacer y tuvo que esperar hasta el último minuto para viajar.

No faltaron cortes como “Pharmafia” de su Getting Lost de 2022 o “Pay & Obey” de su disco más reciente, The Blackout. También adelantaron que tienen material nuevo grabado y que en no mucho tiempo darán noticias sobre ello. Un conciertazo lleno de fuerza, buen sonido y desde luego, el enorme carisma que tiene esta banda que lleva más de dos décadas en activo. Un diez. Después de este arranque, el nivel estaba muy alto para las siguientes bandas. A lo largo de las primeras horas de la tarde tuvimos a Nevertel –por ese cambio de última hora ya indicado en las primeras líneas–, Pants Off, Not Yet o Madmess, que fueron llenando de diferentes estilos el recinto del Resu. Algo antes de las cinco y media, se producía otro solape entre Oslo Ovnies y The Rasmus y, en esta ocasión, volvimos a optar por la segunda opción: la banda de Lauri Ylönen.

The Rasmus, esa banda a la que muchos habíamos perdido la pista a pesar de que pegó muy fuerte a principios de los años 2000 con aquel tema “In the Shadows” de su quinto álbum Dead Letters, llegaba al festival. Y la verdad que había curiosidad por verles en directo, por saber qué había sido de ellos y cómo lo hacían en vivo. Lauri llegó con una sudadera negra de Thrasher a la cual había cortado las mangas a modo de camiseta. No sonaron mal, pero nos pareció que lo podían haber hecho mejor. Un concierto al que le faltó un poco de fuste para las expectativas que teníamos; eso sí, llegó “In The Shadows” y el recinto al completó cantó la canción como si la vida le fuese en ello. Se despidieron ante un público que aplaudió fuerte a pesar de haber sido un show con poco fuelle, pero pudiendo tachar de la lista de musts la tarea “ver a The Rasmus”.

A continuación, en el Ritual, los oscuros Okkultist daban por iniciada su actuación. Una estética muy llamativa y una Beatriz Mariano como frontwoman que andaba como Pedro por su casa sobre el escenario. Pudimos ver a más de uno y más de dos alucinados por el concierto, ya que quizás no se esperaban algo con tanta fuerza a media tarde entre The Rasmus y Bleed From Within. Venían con nuevo single lanzado este mismo año, “Teeth of the Hydra” y su habitual cover de “Sixpounder” de Children of Bodom. La verdad que estuvieron muy bien.

Y efectivamente, después de Okkultist, llegaba la hora de Bleed From Within. No era la primera vez que les veíamos en el Main Stage del festival –también estuvieron en 2022 en este mismo escenario–, pero en esta ocasión tenía pinta de que iban a centrarse en su álbum más reciente, Zenith, publicado el año pasado, a juzgar por la apertura con el single que da nombre al disco. Sin embargo, estaba claro que durante el setlist alternarían con cortes del Shrine –trabajo que presentaban en su anterior visita a Viveiro–, y del Fracture de 2020, sus tres LP más nuevos. Y así fue, temas extraídos de los mencionados álbumes mezclados con fogonazos y la simpatía del vocalista Scott Kennedy, hicieron que fuese un conciertazo. Muy buen sonido, una pista que estaba completamente a rebosar y un no parar de crowdsurfers hicieron que la hora justa de la que disponían sobre el stage se hiciese corta.

Nos movimos al cercano Ritual para recibir a Hulder, en línea con la banda anterior en este stage, Okkultist y cuya vocalista, Marz Riesterer, maneja una voz que a muchos gustaría tener. De principio a final un concierto muy potente y con unos fans entregadísimos. Nos sorprendió para muy bien con ese black metal que, como se suele decir, ella se lo guisa y ella se lo come, ya que, en origen, Hulder es un proyecto en solitario gestionado por la propia Marz y ella es quien se encarga de la composición de todos sus temas. Brutal cuanto menos; nos encantó.

Y como ya habíamos adelantado, el viernes iba a ser un no parar, y lo siguiente era Trivium. Otra bandaza que repetía en el Resu, y que, si mal no recordamos, habíamos visto en el festival por última vez allá por 2019, justo el año anterior a la pandemia. Recientemente, también habíamos tenido ocasión de disfrutar de ellos en nuestro país en la gira Route Resurrection junto a Bullet For My Valentine, en la gira aniversario “The Poisoned Ascendancy Tour”, en el que tocaron al completo su álbum Ascendancy. En esta ocasión, Matt Heafy y los suyos, nos traerían un setlist mucho más variado que comenzaría tras sonar “The End of Everything” con la brutal “Pull Harder on the Strings of Your Martyr”, una auténtica locura que ponía patas arriba el festival desde el primer segundo de concierto.

Fueron a degüello y temazo tras temazo, en un set al que no le podíamos pedir más: tan solo durante las primeras canciones ya sonaron “The Sin and the Sentence” o “Until the World Goes Cold”, para pasar después a otros cortes brutales como “Catastrophist” o “The Heart From Your Hate” antes de llegar a la aplastante “In Waves” en la que, como viene siendo tradición, Matt pide a sus fans que se agachen hasta que él diga por primera vez “In Waves”. Espectacular. Y un apunte curioso: para agradecer a sus seguidores, Heafy repitió en varias ocasiones un gracioso “Eskerrik asko”, no sabemos muy bien si porque asocia el euskera a la zona norte de la Península o porque pensaba que estaba más cerca de Euskadi. Sea como fuere, a todos los vascos que estábamos por allí nos gustó mucho. A golpe de “más, más, más” y “canten conmigo, ¡amigo!” Trivium se despidieron en lo que colocamos dentro del top 3 conciertos del Resu de este año. Impecables en todo: calidad, actitud, simpatía… Es que no se les puede pedir más.

Antes de lo que se venía con Limp Bizkit, quisimos acercarnos un rato hasta Gaerea. Su estética diferente, quizás un poco semejante a la de Sleep Token y los curiosos bailes de su vocalista, siempre son un buen gancho para atraer a quienes andan por ahí. Y es que estos portugueses derrochan calidad con su black metal que, en realidad, es digerible casi por cualquiera, dejando con la boca abierta incluso a quienes no frecuentan este género. Una vez más, bordaron un show que, a pesar de la hora escasa de la que disponían, dejó claro que lo hacen muy bien.

Y dejando el black metal en el Ritual Stage, tocaba regresar en el tiempo a ese final de la década de los noventa e inicio de los 2000 donde el nu metal y las bandas como Limp Bizkit, Linkin Park, System of a Down, Slipknot, AAF, Korn, etc., hacían de las suyas. Una época maravillosa que no ha vuelto, pero el viernes del Resu teníamos un cachito de entonces sobre el Main Stage: Fred Durst, Wes Borland, John Otto y DJ Lethal volvían para hacernos muy felices. Acompañándoles, Richie Buxton llegaba como bajista para paliar la ausencia del recientemente fallecido –en 2025– Sam Waters, dispuesto a estar a la altura de lo esperado en una cita como esta.

De principio a fin fue una auténtica locura: un concierto que empieza con “Hot Dog” seguida por “Break Stuff” no puede ir nunca mal. Un Fred Durst que no paró de lado a lado del escenario, en plena forma y con una voz que parece la misma que tenía allá por 1999. Wes Borland, con su estética misteriosa llamaba la atención todo el rato y DJ Lethal a lo lejos, aportando sus toques cuando era requerido. Incluyeron bastante al inicio del set la cover de George Michael “Faith”, lo que fue quizás el momento más flojo del concierto. Después, cortes como “My Generation”, “Livin’ It Up” o “Re-Arranged”, dedicada a Sam Waters, continuaron dando forma al setlist. Tras “Rollin’” y “Nookie”, llegó el momento de invitar al escenario a un fan que cumplía 18 años ese día y a una chica que participaría cantando la canción.

Lo que no esperaba la banda es que, aquella chica que comentó ser del país vecino –Portugal–, vomitase sobre el escenario añadiendo un toque épico a todo aquello. Tras un par de veces, y habiéndole preguntado si se encontraba bien, la chica cantó la canción entera junto a Fred antes de marcharse y convertirse probablemente en uno de los días más importantes de su vida. Algo completamente inesperado fue que, a continuación, interpretasen “Boiler”, un corte no habitual en sus directos y que a muchos fans nos hizo muy felices –personalmente es mi tema favorito de la banda y jamás lo había visto en directo tras cinco o seis conciertos de Limp Bizkit–. Como broche final, la banda sonora de ‘Misión Imposible’, “Take A Look Around” sonó justo antes de un cierre por todo lo alto repitiendo “Break Stuff”. Una auténtica barbaridad. En palabras de asistentes al concierto que se encontraban cerca de la torre de sonido, no se escuchó muy bien pero, en las primeras filas y, quizás sin mucha objetividad por ser una de mis bandas favoritas, el concierto fue insuperable y digno de perder la voz durante varios días. Espectacular.

Y aunque pareciese que todo el pescado estaba vendido ya, quedaban Blaze The Trail –por ese cambio anteriormente comentado con Nevertel–, a los que se sumaban Cavalera Conspiracy en el Main Stage y House of Protection en el Chaos, encargados de cerrar en festival repartiendo bien de tralla. Por su parte, Max Cavalera, subió al escenario principal mucho más tarde de lo previsto –una media hora–, pero esto era un retraso acumulado del show previo de Limp Bizkit. Con un cuerpo colgado del techo del escenario, Max saludó a su público rozando las dos de la madrugada y se dispuso a iniciar su actuación frente a unos seguidores que habían aguantado estoicos hasta esas horas para disfrutar de su directo. Y es que Cavalera nunca decepciona y tampoco lo iba a hacer en esta ocasión. Del Main nos movimos hasta el Chaos, ya que teníamos curiosidad de ver a House of Protection, ya que queríamos comprobar esa energía de sus shows en vivo y así fue. No sabemos de dónde sacaron toda esa fuerza a las dos y media de la mañana pero lo cierto es que hicieron moverse hasta al más somnoliento, tocando incluso desde la pista mientras el público les rodeaba en un enorme pogo. Buenísimos.

Tras haber sobrevivido a una intensísima tercera jornada, en la que empezábamos a notar un poco el cansancio de tantas horas de festival, nos retirábamos a descansar unas horas para poder hacer frente al día de cierre del Resurrection Fest que, seguro que también vendría lleno de ajetreo y buen ambiente.
Fotos y Texto: Álvaro Foronda y Oiane Díaz







































