Machine Head en La Riviera: intensidad, clásicos y casi tres horas sin pausa
Ayer por la tarde, 27 de abril de 2026, Machine Head regresaron a Madrid dentro de su gira europea “An Evening With…”, recalando en la emblemática La Riviera. La sala presentó una muy buena entrada —aunque sin llegar al sold out—, pero eso no impidió que el ambiente fuera eléctrico desde mucho antes del inicio. Cercanía, calor y un público entregado marcaron el tono de una velada que volvió a confirmar la fortaleza de la banda en distancias cortas.
La gira, iniciada el 11 de abril en Copenhague y con cierre previsto el 17 de mayo en Londres, está recorriendo Europa con una propuesta tan clara como ambiciosa. En la península ibérica son cinco paradas —con paso previo por Villava, donde colgaron el cartel de “sold out”— antes de continuar por Lisboa, Málaga y Barcelona. En todas ellas, Machine Head ofrece prácticamente tres horas ininterrumpidas de metal. Sin teloneros, sin pausas, sin concesiones: solo puro e inalterado Machine Head durante toda la noche.

La actual formación combina experiencia y músculo contemporáneo: al frente, Robb Flynn (voz y guitarra), acompañado por el guitarrista polaco Wacław Kiełtyka —procedente de Decapitated—, el batería británico Matt Alston (Devilment, Eastern Front) y el bajista Jared MacEachern, cuyo papel en los coros sigue siendo fundamental para el sonido del grupo.
La actuación comenzó con “Bohemian Rhapsody” de Queen sonando por megafonía, un ritual previo que el público acogió entre cánticos y sonrisas cómplices. Lejos de ser un simple recurso, funcionó como catalizador emocional antes de la tormenta. La transición hacia “In Comes the Flood” marcó el paso hacia lo inevitable: la descarga inicial con “Imperium” y “Ten Ton Hammer”, dos piezas que siguen funcionando como una apertura prácticamente perfecta.

Desde el primer momento, uno de los grandes protagonistas fue el sonido. Contundente, nítido y perfectamente equilibrado, permitió apreciar cada matiz de la banda. La guitarra de Flynn se mostró afilada, la de Vogg aportó precisión quirúrgica y la base rítmica sostuvo el conjunto con solidez. Temas como “CHØKE ØN THE ASHES ØF YØUR HATE” o “Now We Die” desplegaron toda su pegada gracias a una mezcla que no dejó espacio para la confusión. La Riviera, una vez más, jugó a favor del espectáculo.
El setlist mantuvo un equilibrio bien medido entre clásicos, material reciente y algunas sorpresas que enriquecieron la narrativa del concierto. “The Blood, the Sweat, the Tears” e “Is There Anybody Out There?” conectaron de inmediato con el público, mientras que “A Thousand Lies” aportó ese guiño a los orígenes que nunca falla. La recuperación de “Seasons Wither”, ausente de los escenarios desde 2018, fue uno de los momentos más celebrados por los seguidores más atentos.

El carácter participativo del show quedó patente cuando Robb Flynn cedió al público la elección entre “Blood for Blood” y “Aesthetics of Hate”. La victoria de esta última desató uno de los primeros grandes estallidos colectivos de la noche, confirmando el peso que sigue teniendo dentro del repertorio moderno de la banda.
A partir de ahí, el concierto avanzó con naturalidad y sin fisuras. “Game Over”, “Old” y “ØUTSIDER” mantuvieron el pulso, mientras que “Locust” y “BØNESCRAPER” reforzaron el bloque más contemporáneo. La sensación general era la de estar ante un repertorio diseñado para sostener la intensidad sin caer en la monotonía, alternando momentos de máxima agresividad con otros de mayor respiración.

Uno de los puntos de inflexión llegó con el bloque acústico. “Circle the Drain” y “Darkness Within” transformaron el ambiente de la sala, reduciendo la velocidad pero aumentando la carga emocional. Fue un instante de pausa consciente dentro de una propuesta exigente, demostrando que Machine Head sabe manejar las dinámicas con inteligencia.
En el apartado técnico, la formación volvió a jugar en una liga superior. La iluminación fue mucho más que un complemento: cada cambio de color, cada transición y cada golpe de luz acompañaron el desarrollo del concierto con precisión milimétrica. Lejos de resultar excesiva, la producción visual reforzó cada momento clave, elevando la experiencia a un plano casi inmersivo.

El tramo final fue, como cabía esperar, una sucesión de golpes definitivos. “Catharsis” funcionó sorprendentemente bien en directo, antes de enlazar con “Bulldozer” y “From This Day”, que prepararon el terreno para el desenlace.
El cierre con “Davidian” y “Halo” fue simplemente incontestable. La sala se convirtió en un hervidero de pits, cánticos y una comunión total que resume a la perfección lo que representa un concierto de Machine Head: intensidad, catarsis y conexión.

Lo de anoche en La Riviera no fue tanto una demostración de riesgo como de solidez. Machine Head no necesita reinventar su fórmula cuando esta sigue funcionando con una eficacia casi insultante. Con un sonido impecable, una producción visual a la altura y una banda perfectamente ensamblada —liderada con pulso firme por Robb Flynn—, el resultado fue un concierto que, sin ser el más imprevisible de su trayectoria, sí reafirma su estatus.
En un formato sin teloneros, exigente tanto para músicos como para público, el grupo volvió a demostrar que puede sostener más de dos horas y media de intensidad sin perder ni precisión ni conexión. Puede que no fuera una noche histórica, pero sí una de esas que dejan huella por su consistencia: un ejercicio de autoridad escénica que confirma que, cuando se trata de directo, Machine Head sigue jugando en su propia liga.




























