NIKKI HILL – AUDITORIO VÍCTOR VILLEGAS, MURCIA – 11/11/2016
Roots Rock And Roll… en butaca
Viene siendo habitual que la norteamericana NIKKI HILL venga de gira por España antes de acabar el año. Así lo hizo el pasado 2015 y así lo ha hecho este 2016 que ya casi es pasado en nuestras vidas rockanroleras… aunque aún nos queda música interesante por un tubo, por supuesto.
Y viene siendo también habitual que salga a escena a la hora indicada como un clavo. Así lo hizo el pasado el pasado viernes, nada menos que en el murciano Auditorio Víctor Villegas, al que éste que escribe llevaba mucho tiempo sin ir… e iba por segunda vez en la semana, tras haber visto el lunes a los incomparables LES LUTHIERS.
Lo dicho: 21:30 en punto tocando; ni un minuto más, ni uno menos… tanto que de poco se nos atragantan los quintos que tomábamos en el bar de enfrente. Me perdonaréis la parrafada, pero… así debería ser: si un concierto es a una hora, empieza a esa hora, y no cuarenta y cinco minutos más tarde, como nos tienen acostumbrados, lamentablemente, en muchas ocasiones.
Ataviada con unos ceñidos pantalones que resaltaban su estupenda figura, y camisa a juego anudada a la altura del ombligo, apareció el huracán de Carolina del Norte sacudiéndose desde el minuto uno con su ya característico contoneo acompañado de palmas. En esta ocasión, su particular cabellera llevaba toques de peluquería y componía una imagen bastante acertada de la artista.
El sonido de que gozó la banda en el auditorio fue claro, pero echamos de menos (desde nuestra ubicación a la izquierda) algo más de volumen de las guitarras, tapadas por la base rítmica en ocasiones. Sobre todo, el nuevo guitarra de apoyo, Robert Nesbit, parecía un marginado el pobre, ya que costaba oír sus solos, al menos, repito, desde donde yo me encontraba.
Una agradable sorpresa fue el nivel de audiencia que presentaba el concierto, tal vez ayudado por el hecho de ser un viernes: trescientas cinco personas, como pudimos corroborar con el personal del auditorio, saltaron y bailaron en una sala con butacas (como corresponde) en las que era imposible quedarse sentado… y en la que no te dejaban entrar hasta que acabara una canción; todo muy formal, muy “de auditorio”.
Sonaron algunos temas de su primer trabajo y, sobre todo, del que presenta con esta gira que le está llevando a un buen número de localidades españolas, que no es otro que “Heavy hearts, hard fists”. Ente ellas, destaco “Struttin’”, “Right on the brick” y “I’m gonna Love You”, con buenas intervenciones de Matt Hill, y la imprescindible “Oh My”. También hubo tiempo para versiones, como la inmortal «Sweet little rock and Roller” de CHUCK BERRY, y la formidable despedida con “Twistin’ the night away”, de SAM COOKE, que culminó un bolo redondo.
Quien no conozca a NIKKI puede pensar que tal vez por su imagen, quizá por su voz en ciertos temas, es una artista de soul, pero nada de eso. Lo que ofrece es rock and roll sin paliativos, pinceladas de blues, y rhythm and blues y una banda que apoya estas conclusiones con su actitud y solvencia encima del escenario. De ellos, hay que destacar, al guitarrista, Matt Hill, a la sazón marido de nuestra NIKKI. El sonido que saca de su instrumento es 100% blues y rock and roll, aunque en este concierto le vimos como más dejado, más apático que el año pasado, aunque con detalles interesantes en algunos solos.
Al bajo Ed Strohsah y a los parches Joe Meyer redondean, con su base rítmica, la formación, siempre correctos en su papel, eso sí, sin grandes alharacas. Por cierto, que Meyer es un bloque de hielo, hierático, gesticulando un poco al redoblar… pero sin exagerar.
Uno de los detalles que más me llaman la atención en la voz de NIKKI es la forma que tiene de romperla, de rasgarla cuando así lo considera necesario. Y es que suena con tanto gusto esa voz rota, tan limpia, tan sin exagerar, que no puedes sino pensar que es la medida justa que necesita el tema que está cantando. Y ella sabe que no son necesarias estridencias, no hace falta romperse la garganta para conseguir un efecto perfecto.
Sí, muchas alabanzas… pero no por ello NIKKI HILL es aún una estrella rutilante del rock actual. Va en camino, sin duda, pero le faltan unos años, experiencia, quizá unos músicos más definitivos. Tiene a su favor la juventud y una tremenda voz que aún tiene que desarrollarse y mejorar, y, sobre todo, muchas ganas. Eso sí: vimos este año a una artista que gana enteros con el paso del tiempo: más segura, con mejor voz y tremenda actitud, mucho más dominadora del escenario que el pasado año… un torbellino que, si sabe conducirse por los caminos adecuados, pronto tendrá un nombre en el proceloso mundo del rock and roll.
Tuvimos de todo en la hora y media larga que duró el bolo: rock frenético, clásico, rockabilly, blues, una pizca de soul, momentos cañeros, otros más tranquilos, y un final frenético que nos dejó a todos con ganas de más roots rock and roll (rock and roll con raíces), como ella lo llama. El público conectaba con facilidad, no dejaba de moverse, de bailar como posesos en el estrecho espacio que dejaban las butacas, y es de entender que un griterío satisfecho despidiera a la americana, que también disfrutaba con una sala rendida a su voz.
Nos alegramos de que sus giras por España le funcionen tan bien y la esperaremos con fruición, que seguro volverá pronto. Allí estará Metalcry para dar buena cuenta. ¡Nos ha ganado!
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