Rock Imperium Festival 2024: Crónica del viernes y sábado
El día del viernes se presentaba nervioso y agitado para mis gustos. Al fin iba a ver a una de mis actuales bandas favoritas, el año pasado se cayeron a última hora del cartel y este año nos la debían.

Primero había que celebrar un cumpleaños, los 30 bromeaba el protagonista Tete Novoa, que bajo un sol de justicia y rodeado de sus bailarinas y músicos, sudo de verdad para darnos un concierto de calidad. Sus temas de siempre, la versión de Ángeles del Infierno Maldito sea tu nombre, seguro que Tete guardará este concierto en su memoria.
A pesar de las horas y del calor, el césped del Imperium estaba lleno de gente, mucho extranjero, mucho nórdico entre el público, la ocasión lo merecía.

Nestor la vuelta a los 80, acabo el concierto y me quedé sin palabras, os juro que sigo así. Llamadme exagerada o parcial, pero fue el concierto del festival, un ejemplo de como hay que hacerlo, un setlist impecable, temas punteros uno tras otro para volver loco a todo el que estuviera por allí.
La frescura de la banda pudo con todo, simpáticos y entregados desde Kids In A Ghost Town, con un Tobias en crescendo vocal, unos coros bien armados y unos temas que son perfectos. Escribiendo esto y repasando lo vivido, hecho de menos el baladón Tomorrow, es que necesitamos verlos en sala con más protagonismo.
Da igual, Perfect 10 lo fue, sin peros y sin dudas. Victorius de su nuevo álbum nos dejó embobados, Stone Cold Eyes y Caroline sonaron a gloria vikinga. Tobías se acabò de llevar al público a su terreno declaràndose un poco español, ya que lleva cinco años viviendo en nuestro país (Sitges, os lo chivo) y contar la historia de la banda detallando los trabajos de cada uno fue humanizarlos de todo.
Signed On Blood tan pegadiza como en el disco, On The Run y Firesing, de no parar de cantar y saltar con ellos..
Acabaron justo como yo quería, con un himno para los amantes de eso que ellos propagan y defienden, 1989, qué gran año y que grandes los suecos. Por favor que los traigan ya de gira, Madness os lo suplico.
Se me olvidaba, grabaron con un dron el concierto que recuerdo tan maravilloso sería tenerlo inmortalizado para la eternidad.

Corriendo al otro escenario a disfrutar algo diferente, Igorrr, y su propuesta burra y sinfónica de calidad. Poca fémina en escena, se agradeciò la presencia y el vozarròn de Marthe. La tarde fue un no parar y la gente se movía deprisa de un lado a otro.
Continuamos con bandas actuales, esta vez de sonidos más modernos y sin pasado. Los finlandeses Beast In Black y su power metal caían a plomo sobre el escenario.
Perfectamente coreografiados con una puesta en escena generosa, ofrecen algo más que música, espectáculo, si con cosas grabadas, y mi sentir era o los odias o los amas, me quedo lo segundo.
La voz de Gianni, a su altura, prodigiosa. El carisma de Anton Kabanen y el resto del buen hacer y sentir de la banda fue suficiente para hacernos volar a mundos paralelos.

Abriendo con Blade Runner no se la juegan y tocando Sweet True Lies suben el listón hasta lo más alto, porque las primeras filas van a muerte con la banda. Me pierdo en su mundo hasta que llegan No Surrender y Die By The Blade y tomo consciencia de que esto se va a acabar en breve.
La tralla que meten con esos sonidos que parecen salidos de todos lados. La modernidad absoluta tomaba la escena del meta actual y su actuación se quedaba en nada eso sucedió durante Blind and Frozen.
Beast In Black, su rollo, Eternal Fire, con estos temas los auguro un futuro prometedor a esta formación que se va colando cada vez más arriba en los carteles de los festivales.
Muy de su rollo los temas finales Cry Out For a Hero, One Night in Tokyo y End Of The World. Esto es un no parar, pues claro, estamos en uno de los festivales punteros.

Accept se hacía su hueco en escena.
Ves su actuación y piensas Accept, perogrulladas las justas o todas porque los alemanes no fallan en este tipo de eventos, siempre los he visto en festivales, con ese ambiente de relax, optimismo y buen rollo y así me he quedado después sus actuaciones. Un gustazo repetir año tras año y los que nos queden, además fue la hora buena, ni antes ni después.
Me encanta ver a Joel Hoekstra entre los míticos músicos alemanes, y si el sonido acompaña, pues todo sale como debe.
The Reckoning nos suena tanto que no hace falta ni pensarla, de ahí en adelante todo es dejarse llevar por su presencia y su carisma. Princess Of The Dawn se convierte en el climax momentum del show y las cabezas van y vienen sin parar.
Balls To The Wall explota contra las murallas y nos damos cuenta de que pasan los años, pero las cosas del metal de verdad, siguen en su sitio..

Como no solo de cosas finas y blandas vive el festivalero, había que ver a los reyes del grindcore en su máximo esplendor. Napalm Death irrumpieron con ese rollo de pasamos de todo pero venimos a dejaros muertos y vaya si lo hicieron.
Tardé mucho en subir a ese escenario más discreto y me arrepiento, al fin unos pogos y unos mosh. Que el sonido no es tan limpio, no importa, estamos disfrutando de los putos Napalm Death!
En un más que aceptable castellano, Barney presentaba las canciones y daba cera hablando sobre toros, fascismo, derechos infantiles, paz y amor.

Abatieron las murallas de la ciudad con su pesado sonido, suerte que tocaron de noche, esto a pleno sol no lo veo y hubiéramos caído fulminados, con la suerte de temas cortos que se les prevé el set list es voraz y no da tiempo a tomar nota de casi nada, pogos, gritos, exaltaciones, golpes de cuello, todo valía dentro de su actuación que nos dejó como un combate de boxeo a demasiados asaltos.

Corriendo volvemos a la zona principal para confirmar que Saxon siguen siendo señoriales, majestuosos y espectaculares, eso nos cuentan porque llegamos justo para escuchar como Crusader y Princess Of The Night son ese perfecto final.

Última jornada de festival y las mismas ganas del primer día. El cartel merecía la pena tanto como los días previos…
Cuanta banda por ver y por descubrir en estos eventos que siempre sorprenden para bien, ya que todo tipo de música tiene cabida y queramos o no, nos mimetizamos en ese ambiente de buen rollo y todo nos parece que suena de lujo y nos llena. Green Lung y Riverside, dos propuestas alejadas del atractivo divertido que conlleva un festival, pero con sonidos bien creados que entretuvieron al público de la old school, que de eso parece que iba la tarde.

El momento emotivo de la jornada llegaba con ella, la diosa, la incombustible Doro Pesch y sus Warlock.
Qué decir a estas alturas de todo y de ellos, historia viva del heavy, temas icónicos que nos transportaron a aquellos años. Doro es amor, ternura y metal a partes iguales e inseparables y no importa las veces que la veamos porque siempre nos hará sentir igual, en casa, el gesto característico de la rubia germana con la pierna adelantada, el cuerpo hacia delante, mítico todo.
Con I Rule The Ruins se te pone la carne de gallina y te aguanta hasta True As Steel, ver mover esa melena es hogar. La banda es compacta, ella nos alienta entre canción y canción y nos pregunta si estamos preparados para metal de old school, Burning The Witches la ejemplifica. Llega Für Himmer y sientes su emoción, ese eterno himno que nunca olvidaremos. Promete amarnos hasta el último dïa y nos morimos todos de amor
De esa dulce y rasgada voz sale la palabra Judas y nos preparamos para el segundo Breaking The Law del Imperium, como si fuera la primera vez que lo escuchábamos lo vivímos.

Coreamos All We Are las veces que haga falta con tal de no romper ese embrujo especial que crea la Pesch cada vez que se presenta ante nosotros, es tan adorable que se merece todo.
No nos dejó sin otros dos de los himnos, Metal Tango y All For Metal completaron el emotivo concierto. Volverá pronto y ahí estaremos.
Si de volver a tiempos pasados iba la cosa, con lo siguiente estaba más que hecho, el guitarrista posiblemente más criticado de la historia aparecía rampante en escena.

Yngwie Malmsteen es tan barroco que nunca podría llegar a estar insuficientemente sobreactuado, es un divo y como tal se comporta, es un mago y parece imposible lo que hace. No acepto críticas a su arte y a su trabajo en escena, aunque eso implica no dejar trabajar al resto (guiño a los compis fotógrafos).
En el escenario apreciamos que no se ha dejado ni un Marshall en casa, y luego comprobamos que de fogonazos de humo tampoco iba a ir escaso, de tiempo si, que desapareció antes de lo previsto, pero es Yngwie y ya sabemos..
Su show fue solo un desarrollo de él mismo, apabullante y magistral todo, personalmente, me dejó fundida desde Rising Force, la cual amo igual que vosotros, hasta You Don’t Remember, I’ll Never Forget.
Centrémonos en lo que nos hizo sentir, existen tantas notas entre seis cuerdas de una guitarra? Al parecer, para él, si. Patadas al aire envuelto en ese humo que a veces parecía hacerle desparecer del escenario, tensión cada vez que lanzaba una guitarra al pobre roadie, un aplauso para ese técnico.

Sinceramente me perdí, ni sé qué temas tocaba, si era rock, clásico o algo creado por él, las distorsiones caían por todos lados, volteaba la Stratocaster, la tiraba al suelo, la apoyaba en un ampli, pero no dejaba de soñar a gloria.
Se arremanga, mira al horizonte para asegurarse que seguimos ahí, el silencio era para comentarlo. Escucho notas del Adagio y entro en trance y que nada me saque de ahí.
Su versión de Smoke On The Water es lo más flojo del concierto, ahï dejó la salvajada. El encargado de conectar con nosotros en castellano, su bajista, Emilio Martínez. Al lado, encargado de cubrir voces y soltar arreglos, Nick Marion. A la batería rompiendo la tónica del total concierto con un contundente solo, Brian Wilson.
Seguimos, el mago se queda solo y se mete en su propio mundo y es para verlo, bueno, para sentirlo. Vuelve en si y se marca un rock and roll para después de otras incontables notas bien sacadas darnos las gracias y las buenas noches y dejarnos con cara de aquí qué ha pasado. Es Malmsteen y es lo que hay, genio y figura.
Lo hubiéramos dejado tal cual en todo lo alto, pero la tentación era enorme con Injector, la caída del cartel de Tankard a última hora nos dejó bastante fríos, pero los chicos de Cartagena merecían nuestra atención, ¿por qué no?

Los de Cartagena tienen eso de cuando ves a una banda y dices, aquí hay nivel y curro, pero algo más, si, lo tienen. Ojalá lleguen a desarrollarlo en su totalidad, la oportunidad la aprovecharon de lujo.
March To Kill fue para pasar lista, si, estábamos todos. Temas de su último disco, como Unborn Legions, Feed The Monster o el tema final Dreadnought Race sonaban tan frescos como los de discos anteriores. Se me queda en la cabeza Enemy Of The Sun y las ganas de escuchar más de esta banda.
Devastación total lo ofrecido por estos chicos, a los cuales no pienso comparar con Angelus Apatrida porque tienen su propia personalidad. Esto no es solo un proyecto ambicioso, es una acojonante realidad hecha thrash.
La última cerveza se degustó tal cual, entre acordes sucios de thrash, el último pogo que quedaba por bailar y las caras de volvemos el año que viene que esto ha estado muy bien.
Se acabó.
Siempre nos quejamos del nivel de los festivales europeos y de que aquí no se hacen las cosas igual de bien. Pegas y puntillas aparte, ya sabemos todos que la perfección no existe, el Imperium es un evento cómodo, hecho con el corazón y las ganas de quién sabe divertirse y quiere que su público lo haga igual.
Cosas a mejorar, siempre, pero van logrando hacerse ese hueco merecido a base de buena música, originalidad y cariño. Por mi parte, la peregrinación a Cartagena se repetirá año tras año con este buen trabajo.
Gracias Imperium y Madness Live por otro gran festival, el año que viene más y mejor, seguro.
Texto: Vir Morgana Del Real
Fotos de Emilio Pastor y organización































