Segunda parte de la crónica del Resurrection Fest 2024
Llegaba el viernes y con ello teníamos el fin de semana encima. El cansancio se iba acumulando pero también había muchas ganas de continuar con los dos días que quedaban de festival, que estaban llenos de grupazos. La previsión del tiempo en Viveiro no era demasiado buena y los que nos encontrábamos por allí intuíamos por el color de las nubes que probablemente iba a llover. Así que, por si acaso, metimos un chubasquero en la mochila. Y es que la jornada iba a ser larga porque, un día más, los conciertos empezaban muy prontito, a eso de las dos y media de la tarde.

Para la apertura de este tercer round teníamos a los bizkainos The Descent, que disponían de cuarenta minutos sobre el Dessert Stage, por lo que tenían que salir a por todas, a darlo todo desde el primer momento. Y así fue. A pesar de que había refrescado y que el día no estaba muy agradable, estos chicos consiguieron animar el cotarro desde la apertura de puertas. Con una contundencia que dejó encantado al público asistente, The Descent dieron el pistoletazo de salida.

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A lo largo de las primeras horas de la tarde, se ve que la cosa iba de grupos vascos porque, entre las actuaciones de Perpetual en el Ritual Stage poco antes de las tres, Teksuo en el Main apenas media hora más tarde y The Electric Alley en el Dessert rozando las cuatro, teníamos a otras dos bandas bizkainas: Frakture y Rise to Fall en el Chaos Stage y en el Ritual respectivamente. Entre una ligera llovizna y el terreno un poco embarrado, pudimos ser testigos del conciertazo que se marcaron Rise to Fall en el Ritual. Con un público abundante y entregado a pesar de que el show comenzaba realmente pronto (las 16:20h), ofrecieron un bolo con un gran sonido sonido y que transmitía una energía brutal. Sonaron temas clásicos de la banda como Redrum y la verdad que los tres cuartos de hora de los que disponían se nos hicieron cortísimos.

Al finalizar Rise to Fall nos pegamos una buena carrera para llegar a Jiluka, una formación japonesa de la que conocíamos más bien poco. Habíamos podido informarnos previamente de que realizaban un estilo de metal al que llaman ‘visual kei’, que se caracteriza más que por ser una vertiente musical diferente de metal en sí, por la vestimenta y los elementos llamativos en su puesta en escena: vestir con atuendos japoneses de los años ochenta y ser muy diferentes a lo que estamos acostumbrados. Y eso es lo que encontramos, un grupo que parecía sacado de un videojuego, con una estética completamente fuera de lo común pero que desprendían una energía y una garra espectacular. Musicalmente bastante normalitos pero el show que ofrecían enganchaba a cualquiera y los minutos se nos pasaron volando.

Los siguientes en aterrizar sobre el Ritual Stage –al que volvíamos desde el Main– eran los jovencísimos Nakkeknaekker. Unos chavalines que ya han sido teloneros de bandas tan potentes como Crypta recientemente y que, en nuestra opinión, han sido uno de los descubrimientos del Resurrection Fest de este año. Instrumentalmente muy buenos, con una interpretación perfecta, buen sonido, desparpajo sobre el escenario y temas trabajados y muy potentes. Cuentan con todos los ingredientes que necesita una banda para seguir creciendo. Habrá que tenerlos vigilados muy de cerca de cara al futuro. Nos gustaron mucho.

Para continuar la tarde, seguíamos con producto nacional, en este caso los ya más que conocidos Sôber. Fundada hace ya tres décadas por Carlos Escobedo, ya mítico entre los míticos, Sôber es una de esas formaciones que siempre lo hace bien sobre el escenario. Salieron al stage principal dispuestos a darlo todo y como no podía ser de otro modo, repasaron sus éxitos a lo largo de la extensa carrera que portan a sus espaldas. Con el clásico Arrepentido, tema que todo el mundo conoce, se podía ver a los seguidores de la banda encantados de estar allí. Un show entretenido y que sirvió para ir entrando en materia de cara a las próximas horas en las que había bastante tralla aún por repartir.

Antes del esperadísimo Corey Taylor, que visitó Viveiro hace escasamente un año pero, en aquella ocasión al frente de Slipknot, había un par de bandas que suscitaban bastante curiosidad entre los asistentes: Future Palace y Viva Belgrado en los escenarios Ritual y Chaos respectivamente, que se solapaban exactamente entre las 20:05h y las 20:55h. Mucha gente aprovechó ese impás para pasarse por los stands de comida y bebida y hacer un break en el día de cara a reponer fuerzas para al tramo final de la jornada.

A las nueve en punto llegaba la hora del ya mencionado Corey Taylor. Con la campa principal a rebosar, Corey se subía al escenario con idea de hacer un mix tanto de temas propios como de ciertos guiños a Slipknot. Se nota que este chico tiene muchas tablas sobre el escenario y que sabe meterse a sus fans en el bolsillo desde el principio. Sin parar de moverse de un lado a otro del stage, Corey fue agotando la hora y cuarto que tenía sobre el escenario en un abrir y cerrar de ojos. En esta ocasión hay que decir que estuvo a la altura de lo esperado en cuanto a la voz y, como ya esperábamos, algo menos movido que cuando viene acompañado por su banda principal. Más que correcto.

Iba anocheciendo y el tiempo se ponía feo en la localidad gallega. La llovizna continuaba y cada vez había más barro en el suelo. Pero eso no nos hizo parar el ritmo y nos movíamos hasta el Ritual Stage para ver a Imminence, una de las bandas que prometían. Con puntualidad, y solapándose con Drug Church que tocaban también a las diez y cuarto pero en el Chaos, los suecos salían con un Eddie Berg a la cabeza siempre elegante y con su violín en la mano. Abrieron con una espectacular Heaven Shall Burn que parecía ir completamente acorde con el tiempo en Viveiro y la tormenta que había en ese momento. Tocaron hasta siete temas de su último trabajo The Black con una ejecución instrumental perfecta. La verdad es que esta banda nos gusta muchísimo y en directo lo bordan. No faltaron sencillos como Erase, extraído de su álbum Turn the Light On de 2019, Desolation o Temptation, en lo que fue un concierto redondo. Sonaron muy bien.
Como siguiente plato fuerte de la noche, a las once y media Viveiro recibía a The Offspring. La lluvia había parado un poco y la gente se había ido animando. Los chicos de Dexter Holland se subían al Main como si los años no hubiesen pasado por ellos. No perdieron ni un solo segundo y de la que estaban todos ubicados sobre el escenario, comenzaron a tocar al ritmo frenético que les caracteriza. Se veía un público volcadísimo, dándolo todo desde el primer instante y cantando a pleno pulmón cada uno de los temas.

Cómo no, tiraron de repertorio clásico –que precisamente no les falta– con un setlist espectacular e interpretando canciones que son ya casi himnos como Want You Bad, Original Prankster, Why Don’t You Get a Job, Pretty Fly (For a White Guy) o Self Esteem, con la que cerraron. Un auténtico conciertazo que completaron a base de meter temas del Americana, remontando a algo antes de los años 2000, exactamente 1998 y la época dorada de este género por el que no pasa el tiempo. Disfrutamos muchísimo; nosotros y todos los fans que se habían arremolinado en el escenario principal para ver a esta bandaza que sigue reventando festivales tras tantos años en activo.

Para finalizar la noche y ya a unas horas algo tardías, teníamos a Accept que pondría toda su carne sobre el asador a la una de la madrugada en el Ritual Stage y para completar la jornada y seguir con la fiesta, los ya clásicos año tras año, Me Fritos and The Gimme Cheetos, que nos aseguran siempre un buen rato. Y para no morir el sábado, decidimos retirarnos prudentemente y descansar unas horas, ya que había que aguantar y estar a la altura el último día de Resu.

Y así, de repente, como quien no quiere la cosa, habíamos llegado al día final. Sin darnos casi ni cuenta nos habíamos plantado en el sábado y eso significaba que el Resu se acababa. Con sentimientos encontrados como cada año, esa mezcla de pena por el final pero esa necesidad inmensa de descanso tras cuatro días de tralla infinita, nos encaminábamos al recinto después de haber hecho una pequeña incursión y recargar energías con la ya habitual comida gallega, que nos encanta y es también parte de la esencia del Resurrection Fest.

Esta cuarta y última jornada venía cargadita de cosas interesantes ya desde la apertura. Her Anxiety y Balmog, en un solape que comenzaba a la una y media del mediodía, abrían la traca final del festi. A primera hora se veía muy poca gente dentro de las campas de Celeiro, sin embargo, con el paso de los minutos la cosa cambiaba. Para las 14:10h, hora a la que tocaban Bolu2 Death, ya habituales en el Resu, se percibía que todo estaba más lleno. Había salido un día radiante de sol –a diferencia de la jornada anterior– y todo el mundo estaba dispuesto a disfrutar a tope de lo que quedaba.
Con Slaughter to Prevail y un Alex Terrible enfundado en su máscara dorada y con el pecho descubierto, comenzaba el apocalipsis. Y es que el combo que se venía con estos rusos y, acto seguido, los brutales Shadow of Intent en el Ritual, la tralla dura estaba más que servida. Slaughter to Prevail llenaron hasta los topes el Main, con muchísima gente esperando el momento en el que la banda incitaba al público a llevar a cabo el mayor wall of death posible, tal y como lo habían hecho en el Hellfest. Lo cierto es que aunque digno, no llegó a ser de unas dimensiones como aquel pero el bolo fue igual de potente. Es un grupo que engancha y que, con esa cover de Du Hast, que siempre consigue sorprender a aquellos que no se lo esperan, caldearon bien el ambiente.

Como decíamos, los siguientes eran Shadow of Intent. Con un Ben Duerr que siempre nos deja ojipláticos de la que abre la boca, bordaron un show como siempre lo hacen. Chris Wiseman a la guitarra, que también es miembro de otra banda que ojalá tengamos ocasión de tener pronto en el Resu, Currents, tiene una destreza descomunal con las cuerdas y lo demuestra en cada uno de sus conciertos. No se puede pedir más a una banda como esta que abriendo con Blood in the Sands of Time y cerrando con Malediction, sin olvidar un temazo como From Ruin… We Rise, pusieron patas arriba Viveiro ya desde las cuatro y media de la tarde.
El día fue avanzando con Babymetal como protagonistas. Sin ser una banda que nos entusiasme demasiado, lo cierto es que, al menos, se trabajan el espectáculo y se hace ameno de ver. Empeño le ponen, otra cosa son los gustos personales de cada uno. Electric Callboy, formación que venía a continuación en el Main Stage, es otro grupo que sigue las trazas del anterior y que, de hecho, colaboran en el single Ratatata –lo hicieron en el Resu sobre el stage–. Temas muy festivaleros y que están muy bien para animar el cotarro pero que, a nivel musical, no tienen quizás unos estándares que nos parezcan demasiado buenos. Preferimos otras cosas, si bien, no hay que quitarles méritos y hay que decir que el recinto estaba abarrotadísimo en ambos shows.

Antes de los platos fuertes del sábado, teníamos a El Reno Renardo para animar también el cotarro. Nunca fallan. En un Ritual en el que no cabía ni un alfiler, repartieron caña durante los cincuenta minutos que tenían asignados mientras Green Lung hacían lo propio en el Dessert.
Y llegaba la hora de lo que despertaba un mayor interés en este cuarto y último día: Megadeth seguidos de Fear Factory y Avenged Sevenfold, en este trío de bandazas de calidad que serían completados por los bolos de Cro-Mags y Finntroll además del End-Show como despedida.

De esta manera llegaba el bueno de Dave Mustaine al Main Stage a eso de las nueve de la noche, aún a pleno sol del día para abrir su show al son de The Sick, The Dying… and The Dead! en lo que fue una apertura sin mucho brillo ya que Dave llegó con la voz un tanto floja. A pesar de ello, los amantes del thrash metal clásico estaban más que felices por tener una dosis de este género ya que, este año, ha escaseado mucho en el Resu, con apenas alguna banda suelta. Poco a poco, el show fue ganando cuerpo y tanto instrumentalmente como en la voz, el espectáculo fue de menos a más. Un Dave que a medio concierto ya había cogido el ritmo y comenzó a ser el que ha sido siempre. Con temazos como Hangar 18 o Tornado of Souls, los fans más acérrimos de la banda americana disfrutaron de lo lindo. Para cerrar, el trío de Symphony of Destruction, Peace Sells y Holy Wars… The Punishment Due, nunca fallan. Hacía falta un poco de la magia de Megadeth y cumplieron siendo, como siempre, un placer verles en directo.

Fear Factory en el Ritual no fueron menos. Otra banda de las que tiene mucha calle que siempre suena muy potente y con muy buen sonido, y esta vez no fue menos. Tenían la responsabilidad de amenizar la fiesta entre dos grandes –Megadeth y Avenged Sevenfold– y lo hicieron con creces. Con un inicio quizás algo más flojito, también fueron de menos a más y con un final en el que tocaron seguidas Linchpin, Archetype, Demanufacture, Replica y Zero Signal, que fue el apocalipsis. Brutal cierre a un concierto que sonó a las mil maravillas.
Y llegaba ese instante que muchos asistentes al Resu esperaban: Avenged Sevenfold aterrizando sobre el escenario principal. Aunque así a priori tampoco es un grupo que a nosotros nos entusiasme demasiado –como hemos comentado también por ejemplo con Babymetal–, siendo objetivos, es una buena banda que desempeña un trabajo impecable. Sin embargo, el concierto del Resurrection Fest de este año ha quedado un tanto empañado por los problemas de sonido que sufrieron y quizás, después de tanto alboroto y tanta espera, los fans se fueron un tanto desencantados. Aún así, sonaron bien y temas como Nightmare o A Little Piece of Heaven, dibujaron una sonrisa entre sus seguidores. Estuvieron bien, pero sin llegar a entusiasmar.

Tras esto ya quedaba muy poco. El End-Show, programado para la una y cuarto de la madrugada suponía una celebración un tanto agridulce porque había que despedirse del Resu hasta 2025 y eso es algo que siempre da mucha pena. Con un espectáculo brutal de pirotecnia y fogonazos, se ponía el broche final a cuatro intensos días en los que habíamos disfrutado un montón. A modo de bonus track, aún teníamos a unos fiesteros Finntroll en el Ritual dispuestos a repartir un poquito más de leña a aquellos que se resistían a marcharse.
Como decíamos, un año más, un Resurrection Fest que hemos disfrutado a tope y del que tendremos un recuerdo inmejorable. Ahora ya solamente queda esperar 365 días hasta la próxima edición que, ojo, promete, ya que estamos hablando del veinte aniversario del festival y seguro que será una gran fiesta. Recordad que, como cada año, tenéis la oportunidad de votar por aquellos artistas que queréis ver en 2025 en la ‘Poll of Bands’ habitual, así que no dudéis en rellenarla y cruzar los dedos. ¡Hasta el año que viene, Viveiro!
Oiane Díaz y Joseba Valdés





























