THE AUSTRALIAN PINK FLOYD SHOW – LA RIVIERA, MADRID – 09/04/2011
Todavía con la resaca del concierto de Roger Waters, Madrid vuelve a sumergirse en el universo del fluido rosa con The Australian Pink Floyd Show (TAPFS), considerado uno de los mejores grupos tributo de la banda británica.
La tarde del 9 de abril en la sala la Riviera, las luces se apagaron puntuales, a las 8, y en la oscuridad del escenario empezó a sonar “Shine On (You crazy diamond)”, el público respondió inmediatamente, parecía que realmente estábamos escuchando a Pink Floyd, la música continuaba fluyendo por la sala con “Welcome to the machine”.
Tras un breve saludo TAPFS continuaron haciendo resucitar clásicos como “Coming back to life”, donde pudimos percatarnos del gran trabajo de los técnicos de sonido: sin reverberación, sin distorsiones, cada instrumento en su sitio… Esa fue la tónica de todo el concierto. El espectáculo visual se hizo patente a partir de este corte, con juegos de luces y láser reflejados en las bolas de espejo con las que cuenta la sala, creando caprichosas formas geométricas por todo el espacio.
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El concierto continuó su ritmo con “Arnold Layne”, el primer single de la banda, que hizo las delicias de los más devotos. “Learning to fly” y “Sorrow” magníficos y coreados, cerraron una primera parte, más corta de lo esperado.
Fue durante el descanso, cuando se empezó a comentar que se echaban de menos muchas cosas de las anunciadas, como la luna en que se debían hacer las proyecciones o el espectáculo 3D, con gafas incluidas.
Media hora después el escenario empezó a latir, presagiando el comienzo de “Speak to me / Breath”, a la que siguieron “On the run”, “Time” y “The great gig in the sky”. Los que estuvimos allí pudimos disfrutar de una majestuosa interpretación de estas obras maestras. Dentro del capítulo de “Dark side of the Moon” especialmente remarcables fueron la locura inicial del auditorio, así como la perfecta ejecución de Time. Sin embargo no puedo evitar señalar la maravillosa actuación de Bianca Antoinette Glynn, encargada de interpretar la voz de Clare Torry en “The great gig in the sky”, sin duda alguna la parte más aplaudida del espectáculo.
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Seguimos disfrutando del concierto con “What do you want from me”, más Pink Floyd sin Waters, lo que dejaba que Alex McNamara clavara a Gilmour. “Careful with that axe, Eugene”, otro single de los primeros Pink Floyd continuó el hilo del bolo.
Poco a poco llegábamos a la parte final del concierto esa en la que sólo tienen sitio los más deseados. Así llegó el turno de Another Brick in the Wall (part II), tal y como nos la esperábamos, bien interpretada y coreada hasta la afonía.
“Wish you were here” también con una impecable ejecución nos volvió a incitar a desgañitarnos. “One of these days” nos traía los tan esperados “echoes” del Meddle, aunque la conocida canción del mismo nombre no llego a oírse en la sala.
“Confortably numb” fue la elegida para cerrar el concierto, fue todo lo perfecta que podía ser, casi te volvías a olvidar de que aquellos que estaban sobre el escenario no eran los verdaderos autores. Algunas lágrimas empezaban a asomarse en los ojos de muchos de los asistentes.
El demandado bis fue “Run like hell”, lo que se convirtió en un digno final, con movimiento y cantado casi más por el público que por TAPFS.
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En resumen, musicalmente el concierto fue fantástico, buenas actuaciones, buen sonido y mejores canciones, si bien es cierto que se echaron de menos algunos clásicos como “Money”, algo de Animals o Atom Heart Mother.
La espectacularidad prometida no fue ni mucho menos lo que tuvimos ayer, pero se hizo lo que se pudo, el poco espacio de la sala no dio para más.
The Australian Pink Floyd Show demostraron que tienen el reconocimiento que se merecen, porque, aún acabando de ver la mastodóntica ópera The Wall con Roger Waters a la cabeza, consiguieron que prácticamente nos creyésemos que estábamos viajando en el tiempo para ver a los genuinos músicos británicos.
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