AZKENA ROCK FESTIVAL. Vitoria, 21-22 de junio 2019
VIVIR EL AUTÉNTICO AMBIENTE DEL ROCK AND ROLL
Azkena quiere decir «otro inolvidable fin de semana lleno de vivencias, reencuentros, amigos, cervezas y rock and roll». Quiere decir pena por que se haya terminado. Quiere decir compartir con muchos miles de personas una pasión. Los medios suman los asistentes de viernes y sábado (17.000 y 19.000), nos dan una cifra de 36.000 personas… y se quedan tan anchos, como si los allí congregados un día y otro fueran personas distintas. Ya lo hacen todos los festivales cuando, la verdad es que la inmensa mayoría estuvimos todo el fin de semana. En fin…
El ambiente, como todos los años, es espectacular, con una ciudad tomada por los rockeros (que no causan ni un solo problema, todo sea dicho), con una Plaza de la Virgen Blanca atestada y con los garitos de la ciudad llenos de sedientos y hambrientos visitantes que se preparaban para la tarde. El tiempo no acompañó demasiado el viernes: frío y una noche muy gélida, pero no apareció la lluvia que sí hizo acto de presencia el jueves noche. El clima cambiante de la ciudad vasca nos dio, en cambio, un sábado muy caluroso… lo que se notó en las barras.
De la organización no hay quejas: escenarios muy bien pertrechados, las bandas siempre 100% puntuales; y… tachán: el sonido… ¡¡muy bueno!! Siempre nos quejamos de que si tal grupo ha sonado mal, de que si no se oían este o aquel instrumento, de que a la voz se la comía la música… Pero parece que el festival se ha tomado muy en serio el tema, y hay que darles un 10 casi absoluto en ese aspecto.
En el apartado logístico, buenas instalaciones de puestos de comida y bebida, bien las plataformas con aseos, barras suficientes con precios desorbitados, como en casi todos los festivales y servicio de camareros muy mejorable, tal vez por su escaso número y la cantidad de gente que, el sábado, sobre todo, necesitaba el líquido elemento, es decir, la cerveza. Yo diría que, en general, aprobado alto para la organización en este capítulo, salvo en el tema de dar de beber al sediento, que es una obra de caridad.
Y en cuanto a instalaciones para los que vamos como prensa… ninguna, nada, cero. Se comenta por sí solo.
VIERNES, 21 de junio.
Con un embutido traje dorado, y en la fundamental Plaza de la Virgen Blanca, pieza necesaria del festival, la canadiense afincada en Nueva Zelanda TAMI NEILSON abrió las puertas del Azkena 2018 con su country-soul de voz poderosa y de enorme tesitura, que lo mismo navegaba por las profundidades del pentagrama que subía a los cielos con su voz. Buen bolo para abrir boca, tomar la penúltima del mediodía y salir para Mendizabala, donde vive el rock and roll.

INGLORIOUS. Con un Nathan James un poco más relleno de lo normal, o, al menos, eso nos pareció a muchos, la banda británica comenzaba en el escenario pequeño, a la entrada, a desgranar sus temas y presentar su último disco “Ride to Nowhere”, que me parece más inspirado que los dos anteriores. A destacar, como siempre, la voz de James y la guitarra del nuevo miembro de escasos 20 años Danny dela Cruz, que rayó bastante alto. En general, sin embargo, un concierto bastante insulso que no logró atraer mi atención en ningún momento. Aprovechamos para saludar a un montón de amigos, nos hicimos las fotos de rigor haciendo el bandarra… y listos para ver a la siguiente banda.

DEADLAND RITUAL. Cuando un grupo llega a un festival sin disco, con solo algún tema sacado como banda, pero con el bajista de BLACK SABBATH como mayor atracción… hay que verlo sí o sí. Tremendo el frontman Franky Pérez, al que conocíamos de APOCALYPTICA, que animó el cotarro con profesionalidad, buen hacer y mejor voz. Geezer Butler se movía menos que los ojos de Espinete (aunque solvente con su instrumento), y Stevens y Sorum dieron la talla. Bolo decente, pero nada más, muy animado, como era previsible, cuando sonaron War Pigs y demás versiones que cayeron de la banda de Birmingham o el Rebel Yell de Billy Idol, sempiterno jefe de Steve.

Una de las jugarretas del festival fue el solapamiento entre los de Butler y LUCERO… y las coincidencias te hacen tener que dejar de ver algunas bandas o ver solo un ratito de cada una, y eso jode mucho. Los de Memphis fueron una de las más arriesgadas apuestas del festival con su americana-country-rock de calidad que solo pudimos disfrutar un rato corto. Se les ve rodados y gozaron de un sonido impecable. Por cierto: son bastante más contundentes en vivo que en disco y lo demostraron sobradamente.
STRAY CATS. Los cabezas de cartel para el primer día generaron una gran expectación. Camisetas de la banda, chicos y chicas ataviados con atuendos de auténticos “rockabillies”, tupés, pañuelos en las cabezas… todo un despliegue para recibir a los de Brian Setzer que venían a pasear por Vitoria sus 40 años en fecha única en España. El buen sonido es necesario cuando se trata de un trío con medios reducidos… y lo tuvieron completamente de cara. A Setzer le vi más “cansado”, si se me permite la palabra, que a Slim Jim y a Lee. El contrabajo sonaba espectacular, y Phantom repartía palos con certeza a su exigua batería. Setzer no se quedaba atrás, pero al ser la voz cantante, se le notó que los años no pasan en balde. Bolo más que decente que, seguro, hizo a más de uno volver unos cuantos años atrás cuando la banda revolucionó el mundo del rockabilly con sus primeros discos y aquel “Rock this Town” que, más bajo de tono, eso sí, cerró el concierto.
BLACKBERRY SMOKE. Para quien esto firma, lo mejor del día. Su actuación en el Azkena 2016 fue apática, sin ganas, con un Charlie desaliñado, “sin sangre”, como se suele decir, como si estuvieran en el festival por compromiso. Aquel bolo fue la noche; el del pasado 21 de junio fue el día. Con un Starr inspirado, con actitud, moviéndose algo más que de costumbre, disfrutando e implicando al público, y una banda en estado de gracia secundándole, fue un momento redondo. El setlist, muy bien escogido, iba alternando temas pausados con canciones más rockeras; el sonido fue de lo mejor de la noche: todo en su sitio, perfectamente audible; el público, cien por cien colaborador… Ya os podéis imaginar que, con estos ingredientes, los de Atlanta firmaron uno de los conciertos de esta edición del festival vitoriano y nos fuimos del escenario con una sonrisa en los labios.

THE B-52s: Desde Athens, Georgia, la banda new-wave de los 80 llegaba al Azkena como uno de los platos fuertes del festival. Poco habituales en tierras españolas, sus fans tenían una oportunidad imperdible de verles en Vitoria… y muchos de ellos no la rechazaron. Con todos los respetos para quien goce de ellos, yo no les veo una banda para un Azkena pero, como digo, mueven sus legiones de seguidores y se han labrado un prestigio que es digo de admirar. Les escuchamos poco y nos parecieron… eso, para fans irredentos. Vean foto… y alucinen.

SÁBADO, 22 de junio.
La noche más gélida se transformó en día caluroso hasta decir basta en la segunda jornada de rock a la que asistimos tras nuestro paso por la Plaza de la Virgen Blanca en la que DANNY AND THE CHAMPIONS OF THE WORLD calentaron el ambiente con un bolo más fino que potente, un concierto que, seguramente, los rockeros de balas y tachuelas no disfrutaron tanto, pero que fue un derroche de delicadeza y buen hacer; un recital de distinción durante algo más de una hora. Ese ambiente de la plaza, la música, la gente, las cervezas… es algo único y forma parte consustancial de este festival. ¡Merece mucho la pena vivirlo a la par que Mendizabala!

TESLA. El bolo del festival; así, para empezar, sin anestesia. Sé que aquí entran preferencias personales, vivencias pasadas… pero había muchísimas ganas, en general, de ver a los de Sacramento, ya que no se prodigan mucho por España. Y los de Keith y Hannon no defraudaron lo más mínimo. Por ponerles un “pero”, unos compases de un Blackbird de los BEATLES cantado por Frankie que no pegaba ni con cola, pero por lo demás… los amos del festival. Hannon y Rude, el sustituto de Tommy Skeoch, se compenetran a la perfección. Wheat, con muchos kilos de más, aún es un seguro al bajo; Lucketta, mi debilidad, es un batería muy correcto, sin alharacas, pero de pegada segura y contundente, y Jeff Keith sigue teniendo una voz envidiable, aunque se le nota la edad en ciertos momentos de cansancio, pero es un frontman de los que no quedan. Con su particular histrionismo se metió al público en el bolsillo y todos juntos, con un setlist muy ajustado en el que solo sonó un tema de su último disco, compusieron uno de los momentos estelares de este Azkena 2019.

NEKO CASE. Breve visita para escuchar solo un ratito a la virginiana, un par de temillas que nos revelaron a una cantante armada de guitarra y mallas de esqueleto, de tesitura media baja, con vozarrón y con un grupo muy solvente de músicos, interpretando sus propios temas dentro de un country-americana con un puntillo alternativo que tal vez no es ideal para un festival como éste. Ahora sí: calidad por arrobas.

CORROSSION OF CONFORMITY. También había tremendas ganas de ver a estos americanos, de Carolina del Norte, para más señas, verdaderos mascarones de proa del metal más contundente. Con ciertos problemas de sonido al empezar, lo cierto es que la cosa se fue arreglando y se puedo disfrutar de un bolo potente en el que no faltaron sus clásicos. Las guitarras de Pepper y Woody, y el bajo de Mike nos hicieron volver la vista atrás unos años cuando empezábamos con el esto del metal brutote… al menos, todo lo brutote que podía ser por aquel entonces…

WILCO. La banda de Chicago era la cabeza de cartel del segundo día de festival. Con todos los respetos y, por supuesto, reconociendo que Tweedy y los suyos no es que sean musicazos, es que son unos instrumentistas de la leche, sin duda… en mi muy modesta opinión no es banda para ser cabeza de un festival de rock. Repito que su calidad es indudable ¡y lo demostraron! Pero el pop alternativo que practican no lo veo para el Azkena. Eso sí: sonidazo, limpio, lleno de matices, interesante… pero poco “azkenable”. Tres temas fueron suficientes para contaros todo esto… e ir por unas cervezas.

MORGAN. Más de lo mismo podemos decir de la formación nacional. Tremendos músicos, gran sonido, pero dudo que cuadren con el Azkena. Ojo, que a lo mejor tengo el criterio un tanto “estrecho”, y es solo mi opinión; lo repetiré mil veces. Pero la banda de Nina de Juan tiene muchísimo estilo, un gusto excelente; ahora bien: me parecen ideales para festis más modernillos. Y ojo, otra vez, que tanto a ellos como a los Wilco los puedo disfrutar… pero no me cuadran en un festival de rock.
THE CULT. Con grandes expectativas corrimos, algo reventados ya, a ver a Astbury y Duffy, que venían con su gira “A Sonic Temple”, conmemorando uno de sus discos estrella. Su bolo de 2017 nos voló la cabeza literalmente; fue una pasada de las que se recordarán. El de este año no. Y no diré que estuvieron mal, pero… De voz, Ian bien, aunque justo, más pendiente de ponerse y quitarse el pinganillo y de regalar panderetas que de otra cosa. Duffy se movió menos que un gato de escayola. A Fox casi no se le oían los teclados… y el que tiraba de la banda era Tempesta a los parches que fue, para mí, el más destacado. En resumen: bolo interesante, pero no de bandera, no de dejarte con la boca abierta ni mucho menos. Generosos en los bises, nos molaron, pero nos fuimos con la sensación de que podían haber dado más.

PHIL ANSELMO AND THE ILLEGALS. El eternamente cabreado frontman de PANTERA y de DOWN visitaba el Azkena a altas horas de la noche rodeado de una banda de forajidos que aparecieron en el escenario “haciéndolo to un solar”, como dicen en Murcia. Potencia (algo desmedida), fuerza bruta y actitud fueron los ingredientes del bolo del amigo Anselmo, al que no se le pasó el cabreo en toda la noche y que para “Walk” contó con la colaboración de Pepper Keenan de CORROSION haciendo coros improvisados. Repaso a canciones que han hecho historia… a mi parecer con más bestialidad de la que necesitan.

STARCRAWLER. Y llegamos a la última banda de la noche y del festival, los angelinos de la esquelética Arrow de Wilde. Incardinados dentro del punk rock, vi en su música una mezcla de estilos, con temas más punkarras, pero otros sonando bastante melódicos, con buenos riffs, algunos en estilo SLADE, otros recordando a las RUNAWAYS, fiesteros y desenfadados. No conocía a la banda, pero reconozco que sonaron más que bien para poner fin a un fin de semana sensacional.

Y es que eso es el Azkena: sensaciones; un festival ya mayor de edad que es fundamental, esencial entre los festivales españoles de verano y que este año ha tenido el valor de jugársela a un cartel variadísimo, con rock clásico, con metal, con americana, new wave, country-rock, algo de jazz, un poco de pop, retazos indies, rockabilly… y le ha faltado algo de blues en mi opinión.
A destacar el sonido, la asistencia, el precio mantenido de la bebida que, aun así, sigue siendo astronómico, y lo heterogéneo del cartel, aunque para algunos haya sido el más flojo de los últimos años. Con todo, ya estamos contando los días para la edición de 2020 en la que, sin duda, estaremos llueva o truene, porque… ¡Al Azkena se va!
Autor: Manuel Martínez Ferrándiz.
Fotos: Azkena oficial.

























