Domingo de nostalgia y catarsis en la clausura de Hellfest // Clisson, Francia – 22/06/2025

Después de tres días marcados por un calor sofocante, el Hellfest cerró su edición de 2025 con un respiro. El domingo trajo temperaturas más suaves y un ambiente mucho más llevadero. Se notaba el desgaste en el público, que paseaba más tranquilo, ya sin prisa, disfrutando de las últimas horas de un festival que volvió a demostrar por qué es uno de los grandes.
Gutalax abrieron para nosotros la jornada con su mezcla imposible de goregrind festivo, humor absurdo y performance escatológica. Lo suyo es puro carnaval del underground: trajes de quirófano, pistolas de espuma, coreografías grotescas y blast beats. Ideal para levantar al público de la resaca colectiva y arrancar el día con una sonrisa (y algo de asco). Una forma poco ortodoxa pero efectiva de entrar en calor.

Lorna Shore tomaron el relevo con un directo feroz y atmosférico. Su deathcore sinfónico, cargado de breakdowns demoledores y una densidad sonora casi opresiva, fue recibido con entusiasmo por un público que, a pesar del cansancio acumulado, se entregó al despliegue técnico y emocional de la banda. Will Ramos volvió a demostrar por qué es uno de los vocalistas más en forma del género.

Gorilla Biscuits trajeron al Warzone un chute de hardcore clásico sin aditivos. Energía, actitud y cero pretensiones. Su set fue una lección de punk neoyorquino: directo, veloz y contundente. El público respondió con circle pits y cánticos, en una conexión inmediata con una banda que, pese al paso del tiempo, mantiene intacta su urgencia juvenil.

Refused, por su parte, ofrecieron una de las actuaciones más intensas y políticas del día. Con una puesta en escena sobria y cargada de mensajes, los suecos se plantaron en el escenario con la firmeza de quien tiene algo que decir. Cada tema fue una descarga de energía contenida, una mezcla de rabia y precisión. El clímax llegó al final, cuando sonó New Noise como último disparo de su set: un estallido colectivo que convirtió el Mainstage en un grito unánime. Cerraron por todo lo alto, con el público completamente entregado.

Unleashed aportaron el toque old school del death metal escandinavo, con un set que olía a cerveza, cuero y paganismo. Sin florituras, los suecos cumplieron con creces: riffs afilados, ritmos marciales y una actitud orgullosamente clásica. Fue un momento para los puristas, pero también para los que querían simplemente dejarse aplastar por el muro sonoro.

Fleshgod Apocalypse, sustituyendo a Cattle Decapitation, convirtieron su actuación en una ópera de brutalidad. Los italianos desplegaron su death metal sinfónico con precisión quirúrgica y una teatralidad que atrapó incluso a los no iniciados. Violines, trajes barrocos y guturales infernales en una mezcla tan extraña como fascinante. Su inclusión de última hora fue todo un acierto.

Walls of Jericho arremetieron con la potencia de un huracán. La banda, liderada por la imparable Candace Kucsulain, entregó un concierto de puro hardcore-metal, con una entrega física apabullante. Mensajes de empoderamiento, energía sin descanso y una comunión intensa con el público convirtieron su show en uno de los más viscerales del día.

The Kovenant fueron, sin duda, la propuesta más marciana del domingo. Su regreso fue una anomalía bienvenida: industrial black metal con estética futurista, sintetizadores, distorsión y teatralidad. Fue un concierto extraño pero hipnótico, en el que cada canción parecía sacada de un videojuego cyberpunk. Algunos se quedaron a medias, otros salieron fascinados.
Eisbrecher cerraban las actuaciones en el escenario Altar con un directo potente y pulido, fiel a su inconfundible estilo de industrial metal alemán. Con una puesta en escena sobria pero imponente, repasaron algunos de sus temas más conocidos con una precisión casi militar y una energía que se mantuvo constante hasta el final. El público respondió con entusiasmo, coreando estribillos y entregándose a la contundencia de cada tema. Como colofón, y en un gesto tan inesperado como emotivo, la banda se despidió cantando a pleno pulmón La Marseillaise junto al público, que la acompañó con fervor. Una escena que dejó el Altar vibrando, símbolo perfecto del espíritu de Hellfest: unión, intensidad y sorpresa.

Linkin Park ofrecieron un concierto cuidadosamente estructurado en tres actos y un encore, dando forma a una narrativa sonora que abarcó su evolución como banda. Con la formación actual compuesta por Mike Shinoda (voz, guitarra, teclados, sampler), Brad Delson (guitarra principal), Dave «Phoenix» Farrell (bajo), Rob Bourdon (batería), Joe Hahn (samples, programación y visuales), Emily Armstrong como vocalista principal y Colin Brittain en tareas de apoyo instrumental y producción en directo, la banda demostró estar en plena forma.
La primera parte del set fue un guiño directo a sus raíces, con temas como Somewhere I Belong, Lying From You y From the Inside, que despertaron una ola de nostalgia colectiva. En la segunda parte, más introspectiva y experimental, sonaron cortes como The Catalyst, Waiting for the End y Up From the Bottom, precedidos por intros instrumentales que hilaban los temas con una estética casi cinematográfica. La tercera sección fue una descarga emocional con clásicos como Lost, Numb, In the End y Faint, que fueron coreados con una intensidad apabullante. La recta final, marcado por el uso de nuevas intros con ecos de Castle of Glass, cerró la noche con un estallido de energía: Papercut, A Place for My Head, Bleed It Out (con un puente extendido que incluyó un guiño a Reading My Eyes) y la potente Heavy Is the Crown demostraron que la banda está no solo viva, sino decididamente en forma. Fue un concierto vibrante, equilibrado entre el homenaje al pasado y una mirada firme hacia el futuro.
Y como colofón, los fuegos artificiales comenzaron a estallar al ritmo de clásicos de AC/DC y Slayer, iluminando el cielo de Clisson como si el mismísimo Lemmy estuviera dando su bendición desde algún lugar. ¿Un guiño a lo que viene en 2026? Posiblemente. Lo que está claro es que Hellfest no se despide sin dejar huella.
Merci beaucoup, Hellfest. À bientôt en 2026.
PD: Recordad que el próximo 8 de julio se pondrán a la venta las primeras entradas para 2026 en: tickets.hellfest.fr









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