El BEC aúlla con Fito: 16.000 voces entregadas dan inicio al nuevo año // Bilbao, 09-10/01/2026
por Dani Diez · 12/01/2026
Bilbao volvió a retumbar como solo sabe hacerlo cuando uno de los suyos regresa a casa. Fito & Fitipaldis inauguraron 2026 con un doblete histórico en el BEC, los días 9 y 10 de enero, colgando el cartel de sold out desde hacía semanas y confirmando que su vínculo con el público vasco sigue siendo tan profundo como irrompible. No era un concierto más, y se notaba en el ambiente desde mucho antes de que se apagaran las luces.

Tras cuatro años de silencio discográfico, la banda regresaba con El Monte de los Aullidos, un disco que mira de frente a las sombras sin renunciar a la calidez, y que encontró en Bilbao el lugar perfecto para empezar a caminar en directo. Más de 16.000 personas se reunieron en la noche del viernes con la certeza compartida de estar ante algo especial, casi íntimo pese a la magnitud del recinto.

La espera terminó cuando sonaron los primeros acordes de “A Contraluz”. Una cortina negra, un foco recortando siluetas y apenas unos segundos de misterio bastaron para que el BEC estallara. Allí estaban: Fito y sus Fitipaldis, sonando como suenan las bandas grandes de verdad, con esa sensación de respiración común que solo se logra cuando hay años de carretera, complicidad y respeto mutuo.

La maquinaria musical funcionaba con precisión quirúrgica. Carlos Raya, elegante y contenido, llevaba el timón desde la guitarra, demostrando una vez más por qué es una pieza clave en el sonido de la banda. Detrás, el pulso firme y seguro de Boli Climent al bajo y Coki Giménez a la batería sostenía cada tema con solvencia y groove. Javier Alzola aportaba ese soplo cálido e inconfundible de saxofón que ya es parte del ADN Fitipaldis, mientras que las incorporaciones de esta gira, Jorge Arribas (teclados y Hammond) y Diego Galaz(guitarras, violín), enriquecían el sonido con matices que daban aún más profundidad al directo. Era el noveno concierto de la gira, pero sonaban como si llevaran meses rodando, con todo perfectamente engrasado.

El despliegue visual acompañaba sin eclipsar. Pantalla gigante, juegos de luces y visuales cuidadosamente diseñados envolvían cada canción, pero sin robar protagonismo a lo esencial: el sonido. Limpio, potente, equilibrado y emocional, de esos que te atraviesan sin necesidad de artificios. Las nuevas canciones encontraron su espacio natural. “El Monte de los Aullidos”, “Los cuervos se lo pasan bien” o “Volverá el espanto” —esta última con una clara mirada al horror de las guerras— crecieron en directo, afiladas y vibrantes. Las imágenes en blanco y negro de ciudades arrasadas reforzaban el mensaje sin subrayarlo en exceso. El público las recibió con una naturalidad sorprendente, como si ya llevaran años formando parte del repertorio.

Y es que, por encima de cualquier escenografía, lo que realmente sostiene un concierto de Fito es la autenticidad. No hay poses ni discursos grandilocuentes. Fito canta como vive: con la voz algo rota, con cicatrices visibles y con esa honestidad que convierte cada verso en algo cercano. Rock and roll para mover el alma, medios tiempos que acarician y baladas que parecen escritas en una barra de bar a las cuatro de la mañana, cuando ya no queda nadie a quien fingirle nada.

El momento de comunión absoluta llegó cuando Fito, con una sonrisa cómplice, lanzó una invitación sencilla: «¿Bailamos un poquito?». Entonces empezó a sonar “Whisky barato”, y el BEC se convirtió en una fiesta colectiva. El saxofón de Alzola, el violín de Galaz y el acordeón de Arribas tomaron el relevo, elevando la emoción hasta un punto de euforia compartida. De ahí en adelante, todo fue una sucesión de clásicos coreados a pleno pulmón: “Acabo de llegar”, “La casa por el tejado”, “Soldadito marinero”… una recta final que confirmó que el público estaba completamente entregado, sin reservas.

Tras la retirada momentánea, la banda regresó para regalar “La noche más perfecta”, y durante esos minutos, realmente lo fue. Siguió la energía rebelde de “Entre dos mares”, y como broche definitivo, “Antes de que cuente diez” cerró una noche apoteósica, con el BEC cantando al unísono y Fito despidiéndose con esa mezcla de gratitud y humildad que lo define.

Fue una noche para guardar en la memoria.
Una noche de aullidos compartidos.
Un concierto grande, emocionante y honesto.
En definitiva, muy Fito.
Autor: Daniel Oyarzabal






























