JOE BONAMASSA – SALA HEINEKEN, MADRID – 02/06/09

Existen una serie de personas en este mundo que, al momento de nacer, son tocadas por una especie de varita mágica que les hace especiales, únicos en su especie y destinados a ser el paradigma de algún aspecto en la vida… Quizás adjudicar toda esta responsabilidad y magnificencia podría ser tildada de exageración por alguien si se le aplicara a la persona de JOE BONAMASSA, pero también harían falta pocos datos para convencer a muchos de que este joven guitarrista de Utica, Nueva York, es ya una de las referencias más absolutas en lo que al tratamiento de las seis cuerdas se refiere dentro del contexto del blues y el rock, en esa unión de ambos estilos donde cada nota es pura magia.
7 discos de estudio geniales, repletos de grandes temas propios y actualizaciones de grandes clásicos del blues, de los cuales venía a presentarnos su último lanzamiento titulado “The Ballad of John Henry”, y una trayectoria en directo plagada de apariciones de impresión y colaboraciones realmente históricas (tocar a los 12 años para B.B. King ya podría ser motivo suficiente para ganarse el apodo de “El nuevo Rey del Blues”) hacen que estar la pasada noche del 2 de Junio (martes) en la Sala Heineken de Madrid (dentro de la programación del variopinto y largo Festival Guitarra Madrid) se convirtiera, ya de por si, en una auténtico lujo.
Pero, si además contamos con que lo que pudimos presenciar la abarrotada sala madrileña aquella noche fue una demostración de poderío y perfección digna de auténticos dioses de la guitarra, el hecho de ser uno más de la variopinta congregación que este portento reunió adquiere la condición de ciertos placeres supremos que no entraré a describir aquí pero que todos podéis imaginar y sabéis cuales son…
Algo más de las 21 horas y la magia hizo presencia sobre el escenario, las notas de “Ballad of John Henry” comenzaron a surcar el aire y a hipnotizar a todos los asistentes, quienes no tardarían más que un par de minutos en rendirse a los pies de la perfección convertida en una guitarra de doble mastil preciosa, deslumbrante y en la que se fusionan el blues y el rock, en esos ritmos decadentes y pesados que desembocan en unos solos donde las notas parecen salir directamente de los dedos de Joe.
Pasado el primer tema, ese en el que, por si teníamos alguna duda, ya sabemos que vamos a presenciar algo único, ya solo queda disfrutar del resto del concierto, prácticamente no parpadear o incluso cerrar del todo los ojos para sentir como la voz de Bonamassa, acompañado de una banda amoldada a la perfección a sus necesidades, se hace con nosotros para llevarnos en volandas a cada uno de sus solos, sin duda una de las partes más importantes de cada una de sus interpretaciones.
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Tras impresionarnos con ese doble mastil Joe nos regaló la vista con su Les Paul y nuevos temas con olor a clásico y a blues, cortes como “Last Kiss” también procedente de su último disco y “So Many Roads” (versión de John Hammond), un tema donde de pronto volvimos a sentir la magia, donde un foco acusador señaló a Bonamassa como culpable de nuestra felicidad y nuestro asombro y donde el teclado forjó una interpretación grupal preciosa, que embelesó a toda la audiencia e hizo celebrar su final de forma totalmente apoteósica.
Tras esta experiencia casi extrasensorial (y seguramente muy frustrante para la gran mayoría de guitarristas que se dieron cita en la sala) vino un bloque más relajado con cortes como “Mountain Time”, “So It’s Like That” y “Sloe Gin”. Blues en estado puro que nos hizo apreciar del todo el gran sonido que estaba ofreciendo la banda al completo, así como la estupenda voz de la que dispone este prodigio americano y el curioso momento de celebración y atención que se produce en la gente cuando la cadencia de los temas va desembocando en cada uno de los diferentes solos de la noche. Espectacular.
El concierto se siguió desarrollando con nuevos cambios de ritmo, viajes a temas mucho más del rock and roll de los 60 así como otras nuevas apariciones de la sensualidad del blues. Y así fuimos siendo espectadores de excepción de cortes como la grandiosa “The Great Flood”, el homenaje a Charlie Patton en “High Water Everywhere” o la sencilla pero maravillosa “Your Funeral My Trial”.
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Poco habló con el público Joe, más bien se limitó a agradecer a la gente su presencia en la sala un martes como aquel y el resto de sus energías se dedicaron a dejarnos con la boca abierta, a regalarnos recitales impresionantes como su solo de guitarra acústica, donde fue una auténtica pasada presenciar a toda una sala en silencio absoluto, sin el más mínimo movimiento y perpleja y atenta para escuchar las notas que flotaban entre nosotros tras cada movimiento de sus dedos.
Y entre medias cortes como “Blues Deluxe”, “Woke up Dreaming” o “Just Got Paid” todos ellos transformados para el directo, relegando la importancia de su espíritu hacia la energía y la importancia instrumental que adquiere la banda de Bonamassa sobre un escenario. Así el último tema comentado, guitarra de flecha en mano, resultó todo un homenaje al espíritu más heavy de Joe, cediéndole protagonismo a la presencia en su guitarra de los grandes Deep Purple, referencias a Black Sabbath y guiños a Led Zeppelin… ¡¡una auténtica pasada!!
“Story of a Quarryman” y “Asking Around For You” pusieron el broche de oro a una actuación de otro planeta, a la que solo se le puede achacar cierta previsibilidad a la hora de afrontar cierto grupo de temas donde la evolución clara y evidente los hace desembocar en solos espectaculares y celebrados al máximo por cada espectador. Más allá de este nimio apunte, ni por asomo mínimamente significativo, salimos con la sensación de haber asistido a la forja de lo que, dentro de muchos años, será toda una leyenda. Alguien que, por otra parte y a día de hoy, ya está por encima del resto de los mortales.
Soberbio Bonamassa.
P.D.: Lamentamos, (por el momento), no poder ofreceros fotos de este concierto por motivos técnicos que nos hicieron imposible realizarlas.
Autor: Daniel Velasco Alonso



























