La estrella oscura de H.R. Giger, el creador de «Alien»

Si menciono a H. R. Giger tal vez no os suene de nada, pero quizás sí recordéis el curioso pie de micrófono que usa Jonathan Davis, vocalista de KORN, en cada actuación. Y me preguntaréis, ¿qué relación existe entre ambos? Pues que, precisamente, Giger es el artífice de la preciosa escultura que sujeta el micrófono de Davis en cada concierto. Anécdotas al margen, añadir que el arte de Giger también ha aparecido en portadas de grupos como CELTIC FROST, TRIPTYKON, DEAD KENNEDYS, CARCASS, DANZIG, ATROCITY o EMERSON LAKE & PALMER, incluso tuvo tiempo de realizar un diseño exclusivo para la famosa marca de guitarras eléctricas Ibanez. Ahora bien, su trabajo no se limitó solo a la música.
Hans Ruedi Giger, nacido en Suiza en 1940 y fallecido en 2014, creó un mundo personal y oscuro que acabó convirtiéndolo en un artista único y mundialmente conocido, sobre todo tras participar en “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott – 1979). Efectivamente, el icónico extraterrestre del film, así como todo el rico imaginario espacial, es obra de Giger, que en el año 1975 entra a formar parte del equipo de Alejandro Jodorowsky para rodar una película basada en la novela “Dune” (Frank Herbert – 1965); un proyecto que finalmente recayó en las manos de David Lynch pero que le sirvió para conocer a Dan O’Bannon, que posteriormente sería el guionista de “Alien” y le recomendaría para la película que Ridley Scott iba a dirigir.

Si queréis saber más sobre el particular mundo del artista, desde aquí aprovechamos para recomendar “Dark Star” (Belinda Sallin – 2014), un documental que se adentra en la fascinante personalidad de un genio que plasmó en perturbadoras imágenes sus demonios interiores y los convirtió en protagonistas de las pesadillas de varias generaciones. Y es que Giger tenía la capacidad de modelar los miedos primitivos del ser humano y sacarlos a la superficie en una serie de esculturas y pinturas de lo más bizarras, creando su propio universo paralelo, aislado en su residencia de Zúrich, en la que se llegó a fabricar su particular tren de los horrores. Como anécdota, entre muchas otras, el propio artista nos cuenta en el documental que los huevos alien los había ideado con una sola abertura, una evidente vagina que no acabó de convencer a la moral de los madamases de la película, así que decidió darle la forma de cruz a la abertura. En el film podemos verle bromear diciendo: “Pues bien, ahora no hay una sino dos vaginas”.
Asimismo, en “Dark Star” aparece el propio Tom G. Warrior (cantante de CELTIC FROST y TRIPTYKON), que en los últimos años fue ayudante personal de Giger, y también uno de los responsables del museo del artista en Gruyères (Suiza), así como su gente más cercana. No os perdáis tampoco las lágrimas de los fans cuando acuden a la firma que el suizo ofrece en un acto oficial, muestra de las pasiones que el polifacético artista ha levantado también en el mundo del metal más oscuro.

Junto a David Cronenberg, Giger quizás sea el otro gran artista capaz de fusionar humano y máquina de esa manera tan magistral. De ahí que muchos relacionen la obra biomecánica de Giger con el concepto de “nueva carne” que Cronenberg ha desarrollado en su cine. La verdad es que habría sido un placer verlos trabajar juntos en el celuloide. Ambos ven los aparatos mecánicos y electrónicos como perversas transformaciones físicas de la materia orgánica, incluso relacionándolas con la sexualidad humana, abordando los avances tecnológicos de manera única y personal, dando lugar a esos deformes y monstruosos engendros de pesadilla que tanto nos gustan.
Desgraciadamente, lo que parecía el comienzo de una gran trayectoria cinematográfica para Giger se quedó en casi nada. David Fincher, contó con él para la tercera entrega de “Alien”, estrenada en 1992, y también colaboró en “Poltergeist II” (Brian Gibson – 1986), “Species II” (Peter Medak – 1998), y “Prometheus” (Ridley Scott – 2012), la precuela de “Alien”. Por suerte, nos queda su extensa obra al margen del cine, recogida en varios libros de imágenes, en el citado museo de Gruyères o en exposiciones itinerantes que se celebran por todo el mundo.


























