Madrid acompaña a Saxon en un viaje a las raíces del heavy
Madrid, 27 de abril de 2026. La Riviera acogió este domingo la tercera y última cita en la península de la gira Hell, Fire And Steel Tour 2026 de Saxon, en una noche que volvió a registrar el cartel de “sold out” tras las paradas en Barcelona y Bilbao. La banda británica ofreció un concierto de alto nivel, centrado en la solidez interpretativa y en la celebración de sus 50 años de trayectoria.

El arranque fue puntual a las 21:00 horas, con una puesta en escena directa. Tras la caída del telón, los músicos de Saxon aparecieron sobre la tarima de batería y fueron recibidos con una ovación inmediata. El inicio no dejó espacio a la espera: “Hell, Fire and Damnation” abrió el repertorio con contundencia, marcando el tono de una actuación enérgica que continuó con “Power and the Glory”, “Solid Ball of Rock” y “Sacrifice”, en un primer bloque que dejó claras las intenciones del grupo.

El escenario parecía una auténtica exposición dedicada al volumen y a la luz: una imponente pared de amplificadores Marshall, escaleras cromadas iluminadas que ascendían hasta la tarima de la batería y un despliegue lumínico capaz de iluminar toda una ciudad. Cuando Biff Byford hizo su aparición, con su melena plateada brillando bajo los focos, el recinto estalló. Sin preámbulos, Saxon arrancaron con “Hell, Fire & Damnation” y, a partir de ahí, ofrecieron cerca de dos horas de una auténtica lección de resistencia, riffs y heavy metal clásico en estado puro.

Al frente, Byford ejerció como el indiscutible eje de la actuación. El vocalista, que a sus 75 años ha superado diversos problemas de salud en los últimos tiempos, se mostró firme y cercano desde el primer momento, saludando al público con un cálido “¡Hola Madrid!” que selló de inmediato la conexión con la sala. Sin necesidad de grandes gestos, pero con una autoridad natural forjada durante décadas, sostuvo buena parte del peso emocional del concierto, demostrando por qué sigue siendo una figura clave del género.

La formación actual se mostró compacta y bien equilibrada. Nigel Glockler en la batería, Nibbs Carter al bajo, y el tándem de guitarras formado por Doug Scarratt y Brian Tatler, que ofrecieron un rendimiento preciso y donde destacó la compenetración entre ambos, manteniendo un diálogo constante entre riffs y solos durante toda la noche.

El concierto adquirió un carácter especialmente significativo con la interpretación íntegra de Wheels Of Steel, uno de los discos fundamentales del grupo. Antes de este bloque, Byford se dirigió al público con un breve discurso cargado de nostalgia: “Ahora vamos a viajar a 1980, no había móviles ni Facebook, ni Tik Tok. Solo fanzines y el público”, recordó, provocando la complicidad inmediata de los asistentes.

Este tramo incluyó piezas esenciales como Wheels Of Steel y 747 (Strangers In The Night), además de cortes menos habituales como Suzie Hang On, muy celebrada por los seguidores más veteranos. La ejecución fue fiel al espíritu original del álbum, manteniendo la energía sin recurrir a reinterpretaciones excesivas.

Tras Machine Gun, los británicos realizaron una breve pausa antes de regresar con Crusader, uno de los momentos más intensos de la noche. La respuesta del público convirtió La Riviera en una sola voz, con la canción coreada de principio a fin, generando uno de los picos de emoción del concierto.
A lo largo de la actuación, la banda mantuvo una puesta en escena sobria, centrada en la música. Sin grandes artificios visuales, el protagonismo recayó en el sonido y en la interacción con el público. En Bands Played On, los músicos aparecieron con chalecos decorados con parches de bandas influyentes y compañeras en su trayectoria, un detalle simbólico que reforzó el carácter homenaje de la gira.

Byford también protagonizó varios momentos de cercanía con los asistentes, firmando objetos lanzados desde las primeras filas, que devolvía posteriormente a sus dueños. Este tipo de gestos contribuyeron a reforzar la sensación de proximidad entre la formación y la audiencia.

El tramo final del concierto elevó la intensidad emocional. El vocalista lanzó un “One more?” que fue respondido con un Noooo retundo por el público, dando paso a un cierre prolongado. La primera de las últimas piezas fue Denim and Leather, convertida en una celebración colectiva del heavy metal, coreada con fuerza por toda la sala.

El cierre definitivo llegó con Princess of the Night, interpretada con una potencia arrolladora que selló la actuación. El tema final dejó al público en un estado de euforia contenida, con una mezcla de satisfacción y nostalgia por una noche que recorrió distintas etapas de la banda.
Cuando las luces se encendieron, el ambiente en La Riviera era de reconocimiento generalizado. Saxon ofreció en Madrid un concierto sólido, sin adornos innecesarios, basado en la contundencia de su repertorio y en la experiencia acumulada durante cinco décadas.



























