MEDINA AZAHARA: Cuando el final suena a eternidad // Auditorio Baluarte Pamplona – 07/02/2026
No todos los conciertos hacen ruido antes de empezar. Algunos lo hacen después, cuando ya es imposible olvidarlos. El pasado 7 de febrero, el Auditorio Baluarte de Pamplona fue testigo de una de esas noches destinadas a quedarse en la memoria de quienes la vivieron. Medina Azahara llegaba a la capital navarra dentro de su gira de despedida, con la tranquilidad de quien no tiene nada que demostrar y la fuerza intacta de una banda que ha sabido escribir su historia con honestidad y coherencia.

Desde su nacimiento en 1979, Medina Azahara se ha convertido en una de las columnas vertebrales del rock andaluz, fusionando de manera natural rock progresivo, metal y flamenco. Su grandeza radica en que nunca han ocultado sus raíces ni el lugar del que proceden; esa fidelidad a su identidad es lo que los hace únicos.
Mi primer contacto con la banda fue en 1990 con el álbum En Al-Hakim, que escuchábamos una y otra vez en el Seat Ronda de mi amigo Josemi, con Luismi siempre presente y mi pareja a mi lado, compartiendo la música y la vida. Canciones como «Sin tiempo» o «Dónde está la luz» marcaron una etapa irrepetible: amistad, amor y una manera de sentir el mundo que ya nunca volvió a ser igual.

Tras casi cinco décadas de discos, giras y escenarios en ciudades como Londres, Nueva York, Los Ángeles y toda la costa oeste de Estados Unidos, el mensaje de Todo tiene su fin se percibió más real que nunca. Pamplona lo sintió desde el primer instante: aquella noche no era una más en la agenda.
Antes de que sonara la primera nota, el ambiente hablaba por sí solo. Público diverso, generaciones mezcladas, camisetas con historia y una complicidad silenciosa que recorría el auditorio. Entre la multitud se pudieron ver algunas caras conocidas, como Kutxi Romero y Alen Ayerdi, de Marea, mezclados con el resto del público. No había melancolía forzada, sino una celebración compartida: la consigna era clara, vivir el presente.

El concierto arrancó con Paseando por la mezquita, mostrando un sonido compacto y una banda segura, seguida de temas como Algo nuevo y Palabras de libertad. Manuel Martínez, sentado en un sillón por una lesión en la pelvis, dejó claro que su prioridad era cumplir con el público y mantener vivo el espíritu de la gira de despedida. Su voz, reconocible y llena de emoción, siguió siendo el eje del grupo.
A lo largo de la noche, canciones como Junto a Lucía y Solo un camino demostraron la precisión del engranaje de la banda: Paco Ventura brilló con su guitarra, Manuel Ibáñez envolvió con los teclados y Carlos Deko y Fernando Prat sostuvieron la base rítmica con fuerza y seguridad.

Uno de los momentos más celebrados fue Danza al viento, cuando varias mujeres del público subieron al escenario a bailar. Después, un medley de Al-Hakim (Otro lugar) y El soldado sirvió como repaso emocional antes de que sonara Córdoba, himno a su ciudad natal que desató una de las mayores ovaciones de la noche.
El momento más íntimo llegó con Solo y sin ti, dedicada al hijo de Manuel Martínez, fallecido en 2021. Durante unos minutos, el Baluarte se transformó en un cielo de luces con los móviles del público, mientras un vídeo proyectado recordaba a Mart y la voz de su padre lo acompañaba en escena.

La recta final elevó nuevamente la intensidad: los míticos temas de Triana, El Lago y Tu frialdad, fueron cantados por todos, seguidos de Velocidad, Al Padre Santo de Roma y Necesito respirar. La despedida definitiva llegó con Todo tiene su fin, original de Los Módulos y versionada por Medina Azahara en 1992, un cierre que hizo sentir a todos los asistentes que cada acorde y cada palabra tenían un sentido profundo.

No fue un adiós triste, sino una despedida serena, honesta y profundamente humana. Pamplona no asistió solo a un concierto; fue testigo de que hay bandas que no desaparecen cuando se bajan del escenario: permanecen para siempre en la memoria musical de un país y en la banda sonora de varias generaciones… incluida la mía.
Gracias a Oihane, de Baluarte, y a Ana, de In&Out Producciones, por hacer posible esta noche inolvidable.
Autor: Daniel Oyarzabal




























