Una hora y cuarto de devastación: NAPALM DEATH aplasta Madrid // Sala Mon, 05/02/2026
Tarde de frío y lluvia intensa en Madrid, de esas que calan hasta los huesos. Aun así, desde primeras horas, la Sala Mon comenzó a llenarse, hasta rozar el sold out, especialmente por la expectación generada en torno a Whiplash, pero también por la enorme atracción de Napalm Death. La fecha madrileña era la segunda de la banda en el estado, tras su paso por la Totem de Villava el pasado 4 de febrero, y llegaba con un cartel capaz de unir generaciones y estilos bajo una misma premisa: volumen alto, actitud y cero concesiones.

Con puntualidad británica, Dopelord subieron al escenario a las 18:40h. La sala todavía se iba llenando, y la humedad de la lluvia parecía aumentar la densidad de su stoner/doom. Abrir con Songs for Satan fue un acierto: riffs pesados y lentos arrastraban al público a un pantano sónico, mientras la atmósfera azulada y oscura reforzaba la sensación ritual.

Piotr Zin, al bajo y voz, alternaba líneas limpias y profundas con momentos más ásperos, mientras Paweł Mioduchowski aportaba gruñidos que reforzaban el carácter oscuro de temas como The Witching Hour Bell. La formación no necesitó grandes discursos; su música, densa y envolvente, hablaba por sí sola. Media hora sólida y compacta que sirvió de antesala perfecta para los siguientes actos.

A las 19:30h, el cambio fue radical. The Varukers irrumpieron en el escenario con su hardcore punk más directo y visceral. Canciones cortas, agresivas y sin concesiones hicieron que el público, ya mucho más numeroso, agitara cabezas, levantara puños y formara un pit intenso desde las primeras filas.

Anthony “Rat” Martin, veterano del punk británico y ex-Discharge, se mostró incansable al micrófono, lanzando proclamas con canciones como Die for Your Government, Massacred Millions y Led to the Slaughter, que resonaron como auténticos himnos de rabia y protesta. Temas como Nothing’s Changed y I Don’t Wanna Be a Victim mantuvieron la intensidad en un nivel altísimo, mientras que Protest to Survive cerró la actuación con la fuerza intacta que caracteriza a la banda.
Una descarga directa y sin fisuras que reafirmó su estatus como referente del punk político británico.

A las 20:30h, con la Sala Mon prácticamente llena y un ambiente ya asfixiante, apareció Whiplash, y la energía cambió de golpe. Desde los primeros riffs de Last Man Alive y Killing on Monroe Street, la velocidad y agresividad del speed/thrash metal se hicieron patentes.

Tony Portaro, guitarra y voz, lideró la descarga mientras presentaba al resto de la formación: Will Winton al bajo y Mitch Hull a la batería, cuya precisión y potencia fueron clave durante toda la actuación. El público no dejó de empujar, cantar y hacer headbanging mientras caían clásicos como Spit on Your Grave, Red Bomb y The Burning of Atlanta.

Hacia el final del set, Spiral of Violence, Walk the Plank y Power Thrashing Death sellaron una actuación intensa, técnica y rabiosa, que dejó claro que Whiplash siguen siendo un referente del thrash mundial décadas después.
El grupo se despidió entre aplausos y gritos, dejando una energía que aún flotaba en la Mon mientras retiraban todo el blackline.
A las 21:35h, con la sala completamente entregada, llegó el momento culminante. Napalm Death irrumpieron como un auténtico huracán. Mark “Barney” Greenway no paró quieto ni un segundo, recorriendo el escenario de lado a lado, mientras Danny Herrera aporreaba la batería con fuerza demoledora y John Cooke destrozaba las cuerdas de la guitarra mientras aportaba coros feroces.

Esta noche hubo un detalle especial pues Shane T. Embury, bajista histórico de Napalm Death, no está actuando en esta primera parte de la gira. A pesar de ello, la banda no perdió ni un ápice de potencia ni intensidad, y Adam Clarkson asumió el bajo con total solvencia, manteniendo intacta la fuerza demoledora que caracteriza a la formación sobre el escenario. Su entrega y precisión demostraron que, a pesar de la ausencia de Embury, el grupo mantiene su agresividad y fuerza características.

El concierto fue un torbellino de grindcore y death, con apenas segundos para respirar. Desde los primeros acordes de Instinct of Survival hasta himnos históricos como Smash a Single Digit y Suffer the Children, pasando por Inside the Torn Apart y Throes of Joy in the Jaws of Defeatism, cada tema fue recibido con entusiasmo y rabia por un público que no paraba de empujar y corear. Entre un rugido y otro, Barney lanzó su mensaje antifascista, su humor británico y hasta momentos surrealistas que son ya parte del encanto de la banda.
Una hora y cuarto de devastación constante, con el pit en ebullición y la sala vibrando al ritmo de cada golpe y riff.

Cuando las luces se encendieron y el público iba abandonando el recinto, quedó claro que la Mon había sido testigo de una auténtica tormenta sonora. Dopelord pusieron el peso y la atmósfera, The Varukers la rabia punk, Whiplash la velocidad y el thrash clásico, y Napalm Death arrasaron todo con su brutalidad innegociable.
Una noche desapacible en lo meteorológico, pero ardiente en lo musical, que confirmó que el metal extremo aún golpea con toda su fuerza y sin piedad. 🤘🔥

























