WEEKEND BEACH FESTIVAL – TORRE DEL MAR, MALAGA – 6-9/07/2016
Larga vida al Weekend Beach de Torre del Mar
La tercera edición de este festival que combina música en vivo y playa ha sido el de su consagración definitiva (ya hay fechas para 2017). Con una repercusión económica brutal en la zona y sin altercados destacables, el Weekend Beach y más concretamente sus “weekers” y su organización han demostrado como solventar con éxito la difícil tarea de ofrecer un festival de cuatro días cubriendo todas las necesidades de los asistentes así como sus variados gustos musicales.

Porque si algo caracteriza esta cita es el eclecticismo total de su cartel donde conviven seres de lo más alejado en cuanto a estilos musicales como Loquillo, Skrillex, Gamma Ray o Whiz Khalifa. Este eclecticismo huye del fascismo musical y entiende que haya personas que puedan disfrutar de géneros aparentemente irreconciliables pero unidos por la pasión musical.
Este buen rollo imperaba por todos los costados de este festival donde cada día se han dado cita más de 33 mil individuos con ganas de fiesta y música.
Lógicamente en esta crónica me centraré en los grupos afines al sonido rock y metal que compartían el escenario Brugal y que puede que fuera el hermano pequeño del evento pero por el cual han pasado bandas de gran calibre y muy diferentes etiquetas. Power Metal, Hardcore, Pop-Rock, Rockabilly, heavy, stoner, hard rock,… todos los estilos han estado representados dignamente en un escenario que en todo momento tuvo su público y que destacó sobremanera con la actuación de Loquillo y Def Con Dos.
Dentro de mi agenda tenía mi propio calendario guitarrero y conseguí cumplirlo con alguna escapadita ocasional al escenario Torre del Mar donde aparecían los pesos pesados del cartel y sus legiones de fans. Sobre todo reseñable la cantidad de público que arrastraron tanto el rapero Wiz Khalifacomo el dios Skrillex. Pero vamos al tema…
El miércoles 6 de Julio fue la fiesta de presentación del festival con entrada libre y donde pude acudir al concierto, entre otros, de los clásicos del heavy andaluz: Medina Azahara. Concierto clásico pleno de experiencia y tablas sobre el escenario. Este mítico grupo tiene una notable pléyade de seguidores que entonan sus canciones como si fueran parte de sus vidas y no se ruborizan ante el pelazo que su cantante conserva desde los 80.
Y es que Manuel Martinez ejerce de maestro de ceremonias y desgrana uno a uno todos los éxitos de la banda con una presencia vocal envidiable y un saber estar fuera de toda discusión. Así cayeron entre otras: “Necesito Respirar”, “Todo tiene su fin”, “Tierra de libertad”,… coreadas por un público familiar con muchos niños acercados por sus padres a disfrutar de un grupo de leyenda.
El jueves 7 de Julio trascurrió la primera jornada oficial del festival y sobre el escenario Brugal asomaron bandas como Ciclonautas, Carlos Sadness, Dorian o Love of Lesbian.
Pero no fue hasta que apareció Boni con su guitarra y las mismas ganas de hacer el gamberro de siempre que el rock comenzó a sonar en el Weekend Beach.
Una banda efectiva, compenetrada y potente acompañan en la música y las voces a un icono del rock patrio y de aquella etiqueta no muy acertada de rock radical vasco. Ver sobre el escenario a este “Peligroso animal de compañía” liquidando temas de su debut en solitario así como clásicos de Barricada subió el tono de todos los rockeros allí presentes. El concierto de Boni me produjo la sensación de reencontrarme en tierras extrañas con un viejo amigo que no ha dejado de ser él mismo y que tras dejar atrás una banda tan emblemática como Barricada ha cogido fuerzas para defender un proyecto sólido en disco y que en vivo es un puñetazo en la frente. Crudo, duro, directo y a las tripas. Rock del bueno. Respeto..
Tras el Boni el escenario comenzó a mutar para tatuarse de consignas, banderas y demás parafernalia relacionada con la iconografía de mis amados Def con Dos.
Llevaba año y medio sin verles y las últimas noticias hablaban de un juicio a César Strawberry por apología del terrorismo lo cual no me preocupó lo más mínimo porque conociéndole este asunto le va a conceder la posibilidad de seguir denunciando el surrealismo sistemático de esta sociedad enferma y va a llenar su depósito mental de la suficiente gasolina como para seguir añadiendo marcas a un universo propio irresistible. Divertidos como siempre, infatigables, con un sonido contundente,… nunca defraudan.
En este caso se centraron en su tremendo “Alzheimer” y lo acompañaron de clásicos como “Tuno bueno…”, “Acción mutante”, “El día de la bestia”,… Una delicia en directo que puso a bailar el escenario pequeño del festival como nadie lo había hecho hasta la fecha. Con J. Al-Andalus impartiendo una clase magistral de bajo eléctrico una vez más y con Alberto Marín a la guitarra (después de ese incomprensible cambio de cromos con Hamlet, y digo incomprensible porque Alberto y su hacha tienen el estilo, la imagen y el sello Hamlet) la fiesta fue total y la verborrea sin mordaza de César y Peón Kurtz nos pasearon por esas letras llenas de compromiso social, ironía y sarcasmo. Demonios y demonias: una gozada.
Para finalizar la jornada y a eso de las 5 de la mañana salieron al escenario Habeas Corpus en lo que será uno de sus últimos conciertos tras la triste noticia de su separación a finales de este año. La verdad es que a esas horas pocos aguantábamos en pie, unos se fugaron al infierno tecno y los más maduritos a casa que hay obligaciones que atender, pero aún así, y a pesar de ciertos problemas de sonido, MARS y los suyos cumplieron con el cometido de hacer bailar y combatir a sus fieles a base de hardcore, metal, rap y mala hostia. Sin dejar de lanzar consignas, discursos sin miedo y llamando a las cosas por su nombre los Habeas han demostrado ser uno de los grupos más valientes y honestos del panorama metalero hispano lo cual conecta con el público de un modo visceral y sin necesidad de artificios. Compactos, rabiosos, molestos,… Una pena que lo dejen pero seguro que les veremos en infinidad de proyectos.
El viernes 8 de Julio comenzó para mí con los míticos y renacidos 091 que consiguieron reunir a una muchedumbre guiada por ese aroma onírico que poseen los grupos de culto. Los de Granada demostraron estar en una forma envidiable e incluso mostraron su sorpresa de los coros que el público realizaba de sus canciones 20 años más tarde. Rock and roll intelectual sobre guitarras atronadoras y mucha clase aunque para clase nos quedaba todavía un master…
Loquillo es un personaje que podía desatar pasiones y odios a partes iguales pero con el tiempo y, ojo, sobre el escenario Brugal del Weekend Beach dió una lección de rock al alcance de casi nadie en este país. No me agrada especialmente su estilo de música pero hay que conceder que el loco acompañado de una banda espectacular y compacta impartió un tutorial de cómo envejecer con estilo y dar un show de clase, cojones y rock and roll. Lo puedes odiar, lo puedes amar… Fue el único artista que ganó la partida al escenario principal y allí había gente de todas las generaciones cantando las viejas y las nuevas. Respeto. Ah, y no te sonrojes si gritas al final del estribillo del “Cadillac solitario”, te guste o no es parte de tu vida.
Tras tomarnos un descanso de birras y papeo y entrever el concierto de Los Porretas pleno de fiestuqui y risas punkarras nos acercamos de nuevo hasta la primera fila para disfrutar del concierto de Obús.
Los Obús abordaron el escenario con las mismas ganas de comerse el mundo de siempre y nos reventaron los tímpanos con trallazos propios de la época dorada del heavy metal español como: “El que más”, “Autopista”, “La raya”, “FM”, “Alguien” o “Viviré”. La banda se gusta y la deslumbrante voz de Fortu suena potente y parece no haber perdido ni un ápice de su amplísimo espectro vocal. Sus canciones han traspasado la frontera para convertirse en clásicos atemporales que defienden con brío y actitud sobre las tablas hasta estallar de nuevo en una tormenta de guitarras y agudos imposibles. Es destacable la presencia de jóvenes miembros de la nueva hornada de heavies entre el público que están reubicando el género donde se merece después de una época de ostracismo incomprensible. En resumen, las bandas actuales tienen mucho que aprender de bandas como Obús.
El sábado 9 de Julio acudimos ansiosos para presenciar la descarga sonora de uno de los grupos más auténticos de la escena española: el museo del sexo, Sex Museum. Conciertazo el de los de Madrid que atronaron a la concurrida asistencia con su brillante mezcla de hard rock, garaje y rock setentero. Headbanging, baile, risas y paroxismo ambiental en una actuación sobresaliente de un grupo de musicazos donde la voz de Miguel brama sobre las cacofonías creadas por sus colegas.
Especial mención para Marta y sus teclados que confieren al sonido otra dimensión más litúrgica si cabe. La verdad es que como bien decía Fernando, guitarra, Sex Museum es un grupo de garitos donde su formato consigue alcanzar las más genuinas cotas de rock, aún así consiguieron darnos un buen paseo lisérgico a todos los asistentes. Reseñar la potencia de esta gente en el hecho de que en la segunda canción el batería, Loza, ya había destrozado uno de los timbales de la batería prestada para la ocasión.
Por cierto, la versión de “Fight for your rights” de los Beastie Boys fue simplemente apoteósica. Desde que los Sex Museum abandonaron el escenario comentamos con otros colegas la diferencia patente ya desde la hora de probar sonido en los grupos alemanes. La preparación del escenario es metódica al 100 por 100. Ningún detalle pasa por alto. Todo sigue un guión establecido para que no falte nada que pueda enturbiar un espectáculo total.
Así, y una vez todo establecido y probado, salen los Gamma Ray al escenario. Gamma Ray es uno de los grupos más exitosos del metal mundial y padres del power metal que arrasó los ochenta y que aún hoy cuenta con legiones de fans. Con Kai Hansen al frente, y más cómodo que nunca gracias a la ayuda vocal de Frank Beck, los nórdicos ejecutaron su máquina perfecta de metal sobre unos desprevenidos weekers que fueron huyendo hacia tierras más tecno (Skrillex “el esperado” comenzaba su bolo casi al mismo tiempo) mientras los seguidores del grupo disfrutábamos de un buen concierto festivalero que se queda corto para una formación de este calibre. Aún con todo se les vio en forma y dieron un gran show donde no faltaron hits propios o versiones de Helloween como: “Heaven can wait”, “To the metal” o “Rise”. El mecanismo sigue funcionando como un reloj, el virtuosismo instrumental se mantiene y la conexión Kai vs público sigue tan viva como siempre. Pedazo de banda.
Para terminar y sin casi afluencia de público (una pena que los horarios fueran tan tardíos) quedó la actuación de Boikot y Skunk DF. El punk contestario y festivo de los primeros no consiguió engancharme como en otras ocasiones aunque seguramente fuera culpa de nuestro cansancio de final de festival y Boikot se merezcan otra ocasión más propicia para evaluar su estado actual.
En cuanto a Skunk DF, solventaron el bolo y el horario con la fuerza que les caracteriza dejando un buen puñado de temas como: “Si pudieras verme ahora”, “Carpe diem” o el himno hipnótico “Arde” que acabó con las pocas fuerzas que restaban a los valientes que resistíamos a la tormenta de efectos que estallaba en el escenario principal. Buen metal de nueva generación y calidad en la ejecución con algunos pasajes épicos que combinan a la perfección con la violencia habitual de su estilo.
En resumen el Weekend Beach lleva una trayectoria corta pero con un ascenso que resulta ya del todo imparable y del que solo podemos augurar un futuro prometedor. Nos vemos el año que viene. Keep on rocking!









































