36 años viajando a ‘Never, Neverland’: el inolvidable segundo capítulo de Annihilator
En 1990, Annihilator afrontaba uno de los retos más complicados para cualquier formación: demostrar que el éxito de un debut no había sido fruto de la casualidad. Un año después de sorprender con Alice in Hell, Jeff Waters y los suyos regresaban con Never, Neverland, un segundo trabajo que no se limitó a repetir la fórmula inicial, sino que amplió las posibilidades de una propuesta que ya comenzaba a distinguirse dentro de la escena metalera. Hoy, 36 años después de su publicación, el álbum continúa siendo una de las piezas fundamentales de la trayectoria de la formación canadiense.

Alice in Hell había situado rápidamente a Annihilator entre los nombres más interesantes del thrash metal de finales de los ochenta. La precisión de Waters a las seis cuerdas, la velocidad de las composiciones y un extraordinario dominio técnico habían convertido aquel debut en una referencia para muchos aficionados. Sin embargo, el guitarrista no parecía dispuesto a quedarse cómodamente instalado en una fórmula que ya había demostrado su eficacia.
Uno de los cambios más significativos llegó con la incorporación de Coburn Pharr, que sustituyó a Randy Rampage detrás del micrófono. Su llegada aportó una nueva dimensión a la música de Annihilator. La voz de Pharr era potente, melódica y versátil, con capacidad para moverse entre registros elevados y pasajes más contundentes, ofreciendo un contrapunto perfecto al despliegue instrumental de Waters.
Musicalmente, Never, Neverland conserva la energía y el virtuosismo de su predecesor, pero presenta un abanico más amplio de recursos. El thrash continúa siendo una pieza esencial, aunque comparte espacio con estructuras más elaboradas, momentos de mayor peso, melodías memorables y determinadas aproximaciones al heavy y al power metal. Esa variedad convierte el álbum en una obra especialmente dinámica, capaz de sorprender sin perder en ningún momento la identidad del grupo.
Desde los primeros compases de “The Fun Palace”, Waters deja claro que atraviesa un momento de enorme inspiración. Los cambios de ritmo, los riffs vertiginosos y los solos convierten la canción en una de las grandes joyas del repertorio de Annihilator. “Imperiled Eyes” profundiza todavía más en esa faceta técnica, mientras que “Sixes and Sevens” y “Road to Ruin” muestran una formación capaz de combinar velocidad, contundencia y melodía con notable naturalidad.
Pero el disco también sabe detenerse y respirar. La canción que da nombre al trabajo, “Never, Neverland”, introduce un carácter más pausado y emocional, demostrando que la formación canadiense podía explorar otros terrenos sin perder personalidad. Es precisamente esa capacidad para alternar intensidad y melodía uno de los grandes atractivos de un álbum que se disfruta tanto por su ejecución como por sus composiciones.
Y entre tanta precisión también hay espacio para el sentido del humor. “Kraft Dinner” se convirtió en una de las piezas más curiosas del repertorio de Annihilator por su particular temática relacionada con los macarrones con queso. Una muestra del carácter irreverente que Jeff Waters desarrollaría con mayor frecuencia en etapas posteriores y que aquí aparece integrado con naturalidad en una colección de canciones eminentemente metaleras.
La producción contribuye igualmente a que el conjunto conserve su fuerza. Las guitarras ocupan un lugar protagonista, pero batería y bajo aportan una base sólida que permite apreciar los numerosos cambios de ritmo y matices presentes en las composiciones. Todo ello ayuda a que Never, Neverland continúe sonando convincente décadas después de su lanzamiento.
Con 36 años de perspectiva, resulta evidente que este segundo trabajo fue mucho más que una continuación de Alice in Hell. Fue el paso que permitió a Jeff Waters ampliar el horizonte de Annihilator y definir buena parte de los rasgos que acompañarían al grupo durante su carrera: técnica, agresividad, melodía, imaginación y una saludable dosis de irreverencia.

Quizá la enorme repercusión de Alice in Hell haya provocado que Never, Neverland permanezca ligeramente a su sombra, pero el tiempo ha demostrado que no necesita comparaciones para defender su importancia. Sus riffs continúan conservando su filo, sus solos mantienen intacta buena parte de su atractivo y la interpretación de Coburn Pharr sigue siendo uno de sus grandes alicientes.
Treinta y seis años después, Never, Neverland continúa invitándonos a cruzar sus puertas. Y una vez dentro, resulta difícil no dejarse llevar por ese universo de riffs, velocidad, melodía y virtuosismo que convirtió a Annihilator en una de las formaciones más singulares de su generación.
Listado de temas:
1. The Fun Palace
2. Road to Ruin
3. Sixes and Sevens
4. Stonewall
5. Never, Neverland
6. Imperiled Eyes
7. Kraf Dinner
8. Phantasmagoria
9. Reduced to Ash
10. I Am in Command
Line Up:
Coburn Pharr – vocals
Jeff Waters – guitars
Wayne Darley – bass
Ray Hartmann – drums
Dave Scott Davis – guitar solos on tracks 1 and 8

























