CARDINAL + KÉIROZ – SALA EXCALIBUR, MADRID – 27/11/09
Si bien la oferta en la noche metalera de Madrid era amplia, el concierto de Cardinal que la sala Excálibur ofrecía dentro de su programación para bandas underground, fue el que consiguió llamar más mi atención. La posibilidad de ver a grupos hambrientos de escenario y que rezuman trabajo e ilusión es siempre una suerte dentro de la complicada situación que vive la música (y que padecen los músicos) en nuestro país.
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Ante la caída de última hora de Ángeles (por motivo tan desconocido como la propia existencia de la banda, de la que me ha sido imposible hallar algún tipo de información), serían Kéiroz los encargados de abrir la noche. Practicando un rock urbano con algún punto de metal muy básico en estructuras y elementos, los madrileños tienen en la voz rota y aflamencada de Raquel su principal signo distintivo. Ciertamente no fue su noche, la rubia cantante no estaba en plenitud de facultades físicas y eso se notó durante todo el concierto, amén de que la mezcla de sonido no resultase la mejor posible. Al grupo se le vio incómodo sobre el escenario, estático y poco comunicativo con la audiencia (mayoritariamente compuesta por amistades y familiares de los miembros de la banda), dado que, salvo unas palabras en el inicio, no hubo presentación de ninguna canción. El concierto se cerró de forma abrupta con una breve instrumental al no aguantar más la garganta de Raquel, dejando una sensación fría entre el público objetivo. Tras la actuación, las caras de los componentes reflejaban pesadumbre por el discurrir de la noche. Espero que la suerte sí les acompañe en las próximas fechas que tienen programadas y puedan demostrar su valía sobre las tablas.
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Cardinal tenían un doble objetivo en mente para esta velada: rendir homenaje al bajista Yoryo, que por divergencias musicales (que no personales) abandona el grupo tras un largo periodo en sus filas, y presentar las canciones que comprondrán “The black dawn”, segundo disco en su carrera, que tiene como fecha de inicio de grabación el mes febrero del próximo año.
“Tomorrow never comes” sirvió de apertura, y aunque la primera sensación fue muy buena, el mal sonido opacaba la voz de Diego Ballestero. La canción me trajo reminiscencias del “Death magnetic” de Metallica, menos cruda en ejecución pero con la complejidad e intensidad que detenta el mencionado disco. De seguido interpretaron “Re-evilations”, un corte con un riff denso y un estribillo que suena a los Judas Priest era Ripper Owens.
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Para aquellos que de antemano conocieran a la banda (no en vano ha compartido escenario con nombres consagrados como Leo, Cripta, Avalanch o Panzer) quedaba claro que su sonido ha evolucionado, pasando de un heavy metal sin etiquetas a un estilo mucho más actual, incluyendo algún deje progresivo y un cierto aroma a la N.W.O.A.H.M.
“Oblivion” y “Systemicide” fueron las siguientes en caer, destacando en ambas el buen trabajo de Carlos Ramos en la guitarra rítmica (su Gibson Explorer y su aspecto físico hicieron inevitable comentar su parecido a James Hetfield en su época lozana) y Dani Ballestero en la guitarra solista, que aparte de llevar una pedalera de lo más completa, sigue mostrándose como un auténtico maestro de su instrumento.
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Hubo tiempo para el recuerdo con “Without love”, único tema que rescataron de su álbum de 2008 “Sin machine”, y en el que Diego mostró unos agudos halfordianos. Pese a un error en la presentación rápidamente subsanado, “Cell XII” precedió a “Disengaged”, dos muestras más del rumbo que ha tomado Cardinal. En esta última, se pudo percibir algún fallo de sincronización entre los músicos, disculpable en tanto en cuanto era la presentación de temas que aún ni siquiera han sido grabados de forma definitiva y que se encuentran susceptibles a modificaciones.
El cierre vino a cargo de “The black dawn”, homónimo de su próximo trabajo, y pese a las peticiones de los presentes de alguna otra canción, las luces se encendieron y el pincha volvió a ser el maestro de ceremonias en la sala, completando un concierto corto pero de gran calidad e intensidad.
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2010 debe suponer un punto de inflexión en la carrera de Cardinal. La elección del camino a seguir me parece adecuada y la fuerza de su directo les asegura ganar nuevos seguidores en cada actuación. Si son capaces de plasmar esa energía en la grabación de su nuevo disco (y este consigue hacerse un hueco en el difícil mercado actual) puede que estemos ante una de las sorpresas de la nueva temporada.
Autor: David Jiménez Rodríguez































