Charla y visionado del documental «Las calles siguen ardiendo» // El Club La Provincia – Las Palmas de Gran Canaria – 13/05/2026

CARLOS TARQUE convirtió la velada del pasado 13 de mayo en El Club La Provincia en mucho más que una simple presentación audiovisual. Dentro del ciclo Cine Zin: Secuencias de acordes, la proyección de M-CLAN: Las calles siguen ardiendo terminó funcionando como una radiografía emocional de una de las bandas más sólidas y resistentes del rock estatal. Una noche donde documental, memoria y conversación se fundieron en una misma experiencia ante un público que no acudía únicamente a ver una película, sino a escuchar de primera mano la historia de una banda que ha sobrevivido a modas, transformaciones y décadas enteras manteniendo intacta su identidad.
Antes de la proyección, Carlos Tarque tomó la palabra para agradecer la organización de unas jornadas que calificó como necesarias para mantener vivo el diálogo entre música y cultura. El vocalista mostró su gratitud hacia los moderadores del encuentro: el escritor Xavier Valiño, el periodista y Premio Canarias de la Música a la labor de difusión Diego Hernández y el promotor Juan Salán, destacando además “la satisfacción” que supone contemplar los treinta y tres años de trayectoria de M-CLAN.

El documental proyectado esa noche no busca idealizar el pasado ni construir una hagiografía complaciente. «Las calles siguen ardiendo» se mueve entre la crudeza del archivo doméstico y la reflexión madura de una banda que ha entendido el rock como una forma de vida antes que como una simple industria. En cierto modo, el filme conecta con aquella idea de los “Jesucristos del rock”, una expresión que aparece dentro del propio documental para describir esa mitología excesiva y casi sacrificial que históricamente ha rodeado al género.
La película, realizada hace aproximadamente dos décadas, adquiere además un valor especial vista desde el presente. Tras aquel momento, M-CLAN todavía publicaría trabajos fundamentales como Delta, grabado en Nashville, y posteriormente En Petit Comité, editado tras la pandemia y concebido como una celebración íntima del directo y de la cercanía con el público.

Uno de los aspectos más interesantes que contextualizó Tarque durante la sesión fue precisamente la construcción del material audiovisual. A diferencia de gigantes históricos como The Rolling Stones, cuya trayectoria quedó ampliamente documentada por fotógrafos de la talla de Annie Leibovitz, M-CLAN nunca dispuso de una maquinaria visual semejante. Gran parte de las imágenes más antiguas utilizadas en el documental existen gracias al batería Juan Antonio Otero “Oti”, aficionado a grabar la vida cotidiana de la banda en carretera, detrás de los escenarios y durante las giras. Ese material doméstico termina otorgando autenticidad y cercanía al relato.
El documental también profundiza en las raíces musicales del grupo: el rock clásico, el blues, el soul y el rock americano aparecen constantemente como ADN sonoro de los primeros discos de la banda. Incluso el propio origen del nombre resulta revelador. En sus inicios se hacían llamar “Murciélagos Clan”, hasta que “Charlie” Sánchez, desde la discográfica DRO —posteriormente absorbida por Warner Music Group— simplificó el nombre a M-CLAN y los definió como “los BLACK CROWES murcianos”, en referencia a THE BLACK CROWES.

Aquellos años noventa aparecen retratados como una etapa de crecimiento vertiginoso. La banda llegó a telonear a Bon Jovi en el Vicente Calderón y figuras esenciales del rock español como Miguel Ríos o El Drogas participan en el documental dejando frases demoledoras. “Si Tarque hubiera salido en nuestra época nos habría retirado a todos”, afirma Miguel Ríos, mientras El Drogas recuerda que aquellos dos primeros discos “sonaban internacionales” y estaban “grabados a fuego”.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó cuando la banda comprendió que corría el riesgo de repetirse a sí misma. Ahí aparece la figura clave de Alejo Stivel, quien les lanzó una frase tan provocadora como reveladora: “Sois la mejor banda de hace 70 años”. Más que una crítica, fue un impulso creativo. Stivel trabajó con ellos durante más de un año para pulir el sonido y abrir nuevas vías expresivas sin perder esencia.
En ese contexto nace uno de los grandes himnos de la banda: “Llamando a la Tierra”. Tarque recordó durante la charla cómo pinchaba como DJ en bares rockeros de Murcia el tema “Serenade” de Steve Miller Band, una canción prácticamente desconocida para el público, pero que despertaba fascinación inmediata entre quienes la escuchaban. Aquella reacción terminaría inspirando la adaptación que cambiaría para siempre el destino de M-CLAN. “El cambio fue muy brusco, pero hay que echarle huevos”, reconocía Tarque al recordar la gigantesca gira posterior, con más de cien conciertos en apenas un año.

El documental también rescata actuaciones esenciales como su paso por el mítico programa A Solas de Sol Música, donde grabaron varios temas en acústico con un sonido que todavía hoy sigue resultando sobresaliente. Y del mismo modo, aborda las tensiones internas y cambios de formación que marcaron la evolución del grupo.
La figura del guitarrista Santiago Campillo aparece ligada al lado más setentero y clásico de M-CLAN. Tarque reconoce su enorme talento, pero también la dificultad de convivencia de egos dentro de una banda de rock. Tras su salida, el núcleo creativo formado por Ricardo Ruipérez y el propio Tarque se consolidaría como la auténtica columna vertebral del proyecto. Posteriormente se incorporaría Carlos Raya, a quien Tarque definió como “un guitarrista de primer nivel internacional”, elevando el nivel instrumental del grupo antes de su marcha para trabajar junto a Fito Cabrales.
Especialmente emotivo resulta el recuerdo a Pascual Saura “Coquí”, teclista original de la banda fallecido trágicamente y pieza fundamental del sonido primigenio de M-CLAN. En paralelo, el documental reivindica constantemente la figura de Ricardo Ruipérez como arquitecto silencioso del grupo: “Ricardo es M-CLAN en la sombra”, una idea que sobrevuela toda la narración.

No faltan tampoco declaraciones de Fito Cabrales o Alejo Stivel que ayudan a entender la dimensión alcanzada por la banda. “Ya no quieren ser los Black Crowes españoles, quieren ser M-CLAN”, señala Fito, mientras Stivel los define directamente como “la banda de rock más sólida de España”.
Tras la proyección, la charla debate permitió descubrir a un Tarque cercano, reflexivo y muy consciente del lugar que ocupa M-CLAN dentro del rock nacional. “M-CLAN es como una catedral que camina sola”, afirmó, explicando además que actualmente la banda se encuentra en pausa creativa mientras él concentra energías en Tarque, un proyecto de perfil mucho más crudo y abiertamente rockero.
El cantante reflexionó también sobre la necesidad constante de evolucionar artísticamente. Según explicó, Alejo Stivel les ayudó a entender que un artista debe experimentar y modelar continuamente su naturaleza creativa. Recordó además su reciente paso por Los Llanos de Aridane, en La Palma, dentro de una gira de grandes éxitos donde compartieron escenario con músicos jóvenes: “Somos como vampiros de la energía joven y eso te nutre muchísimo como ser humano”.

Durante el turno de preguntas, Tarque dejó varias reflexiones especialmente interesantes sobre el estado actual de la música. Frente a la idea de que todo se ha vuelto efímero, defendió que siguen apareciendo bandas valiosas, aunque internet haya modificado radicalmente la percepción del esfuerzo y del valor de las obras musicales. “Ahora hacer un disco es mucho más fácil y algo se queda por el camino”, reconoció.
También mostró preocupación por el avance de la inteligencia artificial aplicada a la música y la posibilidad de clonar voces humanas: “Eso ya es una locura”. Más allá de la tecnología, su inquietud gira en torno a la pérdida de autenticidad y a la dificultad futura para distinguir qué está hecho por personas reales y qué no.
Cuando se le preguntó qué canciones le emocionan más sobre el escenario, Tarque evitó recurrir a los grandes éxitos y eligió temas especialmente intensos como “Para no ver el final” o “Miedo”, definiendo la primera como “una ranchera eléctrica desgarradora”.
A los músicos jóvenes les dejó un consejo directo: creer en uno mismo, aprender de quienes saben más y entender la música desde la pasión antes que desde el trabajo. “Tiene que ser lo que deseas hacer cuando no tienes que hacer lo que tienes que hacer”, resumió.
En uno de los momentos más cercanos de la noche, Juan Salán recordó que su primera actuación tuvo lugar en el mítico Pub La Calle de la capital gran canaria, arrancando recuerdos entre los asistentes. Poco después, otra pregunta abrió una reflexión inesperadamente íntima: “¿Cuál es tu relación con la música?”. Tarque respondió con honestidad desarmante. Explicó que cantar le libera, le hace sentirse mejor y le permite expresar emociones que de otro modo permanecerían ocultas, aunque confesó cierta vergüenza al observar sus propios gestos y expresiones sobre el escenario. Incluso bromeó asegurando que le gustaría que en su funeral sonase “Se va el caimán”.

La noche concluyó entre aplausos y con un último recordatorio de Juan Salán: Carlos Tarque junto a M-CLAN regresará a Las Palmas de Gran Canaria el próximo 17 de octubre dentro del cartel del Festival Sonora. Una nueva oportunidad para reencontrarse con una voz que, como quedó claro en esta edición de Cine Zin, sigue entendiendo el rock no como nostalgia, sino como una forma de permanecer vivo.

























