De la motivación de ARGION a la épica de AVALANCH: treinta años de historia con una sala entregada // Sala Mon – Madrid – 20/12/2025
Madrid, en los últimos compases de 2025, vive inmersa en un auténtico hervidero de actividad cultural y social. Conciertos de metal y punk repartidos por toda la ciudad, fútbol de alto nivel en el Santiago Bernabéu, cenas de empresa y reencuentros prenavideños marcan el pulso de la capital. En ese contexto de saturación de ofertas, apostar por una sala de aforo medio como la Mon podría parecer arriesgado. Sin embargo, ARGION y AVALANCH demostraron que el heavy metal sigue gozando de buena salud cuando se conjugan trayectoria, repertorio y una conexión real con el público.
La cita servía además para cerrar la primera parte de la gira del 30 aniversario de AVALANCH, un aliciente añadido que se dejó notar desde mucho antes de la apertura de puertas. Varias decenas de personas aguardaban ya en los alrededores de la sala, dejando claro que no se trataba de simple curiosidad, sino de un interés genuino, especialmente por ARGION, la banda invitada, que poco a poco se ha ido consolidando dentro de la escena estatal.

Una vez dentro, la impresión inicial se confirmó rápidamente. La sala presentaba un aspecto más que notable y el público respondió desde el primer minuto, animando, coreando y demostrando un conocimiento profundo del repertorio de ARGION. La banda salió al escenario con determinación, mostrando ese hambre tan característica de los grupos que saben que cada oportunidad sobre las tablas cuenta.
El arranque fue sólido, aunque el verdadero punto de inflexión llegó con “Un águila de sangre”, tema que desató la euforia entre los asistentes. Puños en alto, estribillos coreados y una energía creciente marcaron uno de los momentos más intensos de su actuación. Tras el tema, Richard de la Uz, vocalista del grupo, agradeció visiblemente emocionado la entrega del público, un gesto sincero que reforzó la cercanía de la banda con sus seguidores.

Lejos de bajar el ritmo, continuaron con “Anne Bonny”, uno de esos temas concebidos claramente para el directo. Aquí se produjo uno de los momentos más festivos del concierto, cuando invitaron al público a agacharse para después saltar de forma sincronizada, provocando una comunión total entre banda y asistentes. La sala Mon se convirtió durante unos minutos en un hervidero de saltos, sonrisas y complicidad.
A medida que avanzaba el set, quedaba claro que ARGION no estaban allí para cumplir con el trámite de telonear. “Mi héroe” fue recibida entre aplausos y ráfagas de humo, reforzando el carácter épico de su propuesta, mientras que “Sobre el mar” confirmó que su repertorio conecta con diferentes sensibilidades dentro del público metalero. El cierre llegó con “Fuerza y honor”, poniendo fin a 35 minutos intensos y muy bien aprovechados. La banda fue despedida con una lluvia de aplausos y vítores, mientras repartían púas y baquetas, un detalle que siempre deja buen recuerdo y refuerza el vínculo con el público.

A las 20:45 h, una cuenta atrás proyectada en la pantalla anunció el inicio del esperado concierto del 30 aniversario de AVALANCH. El ambiente en la sala se volvió casi solemne cuando el contador llegó a cero. El concierto arrancó con un emotivo vídeo épico, un inicio cargado de simbolismo que sirvió para contextualizar la importancia de la gira y preparar al público para una noche especial.
Poco a poco fueron apareciendo los miembros de la formación, recibidos entre gritos, aplausos y una ovación que evidenciaba el respeto y el cariño que AVALANCH despiertan en Madrid. “Horizonte eterno” fue el tema elegido para abrir fuego, seguido de “El dilema de los dioses”, firmando un inicio sólido y contundente. Desde los primeros compases quedó claro que el sonido acompañaba y que la banda se mostraba segura y compacta.

El buen desarrollo del concierto también puso de manifiesto la solidez de la formación actual de AVALANCH, liderada por su fundador Alberto Rionda a la guitarra y coros, auténtico eje creativo del proyecto. Junto a él, Manuel Ramil a los teclados aportó profundidad y matices a los arreglos, mientras que Nando Campos al bajo y Bjørn Mendizábal a la batería formaron una base rítmica contundente y fiable. Al frente, José Pardial defendió el repertorio con solvencia y actitud, asumiendo el reto de una gira tan simbólica y conectando con el público durante toda la noche.
Con “Delirios de grandeza”, José Pardial asumió definitivamente el papel de frontman, animando al público a participar y cantar. La respuesta fue inmediata y encontró su máxima expresión con “Xana”, cantada de principio a fin por la sala, casi sin intervención del vocalista, confirmándose como uno de los grandes himnos del grupo.

Tras este momento de comunión colectiva, Pardial se dirigió al público para dedicar unas palabras a Ramón Lage, recordando su figura y explicando que, por problemas de salud, había tenido que abandonar la gira. El gesto fue recibido con una ovación respetuosa y sincera. A continuación sonó “Lucero”, manteniendo el tono emocional del concierto.
Como dijo el vocalista, hay canciones que no necesitan presentación, y “Niño” es una de ellas. Desde el primer acorde, la reacción fue unánime, con la sala completamente entregada. El ritmo descendió ligeramente para dar paso a la balada “Hoy te he vuelto a recordar”, un momento de pausa que permitió respirar antes de retomar la intensidad con “Mil motivos”.

Uno de los puntos álgidos de la noche llegó con el solo de batería de Björn Mendizábal, un ejercicio de técnica, potencia y precisión que arrancó aplausos prolongados. Tras el solo, Alberto Rionda tomó la palabra para agradecer la asistencia, mandar un recuerdo a Ramón Lage y reconocer el trabajo de la crew, cerrando su intervención con una frase que resonó con fuerza en la sala: “Lo que ha unido la música, que no lo separe el hombre”.
Un estremecedor solo de guitarra dio paso a “Otra vida”, uno de esos temas que crecen especialmente en directo. A continuación llegó “Pies de barro”, dedicada a todas aquellas personas que han pasado por momentos difíciles, con un mensaje claro: hay que seguir caminando. El público respondió de forma ejemplar, cantando y acompañando los coros del estribillo.

Con “Alas de cristal” comenzó a intuirse el final. Lejos de decaer, los asistentes cantaron el tema sin titubeos, convirtiendo la sala en un coro masivo. Tras una breve retirada, la banda regresó al escenario para afrontar los bises. “Pelayo” arrancó con una gran acogida, aunque unos problemas técnicos obligaron a detener el tema. Pardial trató de amenizar la espera mientras el público, paciente, se mantenía expectante, y Rionda incluso se animó a contar un chiste antes de retomar la canción.
El cierre definitivo llegó con “Torquemada”, poniendo el broche de oro a un concierto que resumió a la perfección lo que AVALANCH representan: historia, emoción, profesionalidad y una conexión honesta con su público. Dos horas de duración que sirvieron para celebrar tres décadas de música y reafirmar que AVALANCH siguen ocupando un lugar destacado dentro del metal nacional.

























