Entrevista a Magdalena Opazo (EGREGOR): “Descentralizar el metal es una tarea pendiente”

Con más de una década de trayectoria, Magdalena Opazo, fundadora de la banda ariqueña EGREGOR, ha llevado su voz desde los extremos del norte de Chile hasta escenarios internacionales. Joss Metalcry habla con ella en esta entrevista.
Voy a hacer un especial sobre la mujer en la industria musical de Latinoamérica y me he querido centrar en algunas vocalistas de Metal de la zona de aquellas latitudes del planeta. Para empezar, ¿quién es Magdalena Opazo para el lector que la descubra por primera vez?
Partimos con una pregunta que parece simple, pero en realidad es bastante profunda. Según el Chat GPT, Magdalena Opazo es una cantante, compositora y fundadora de la banda ariqueña EGREGOR, reconocida en la escena del Metal chileno por su estilo ecléctico que fusiona Metal Progresivo, sonoridades étnicas y líricas profundas en español.
Con más de una década de trayectoria, ha llevado su voz desde los extremos del norte de Chile hasta escenarios internacionales. Además de su potente propuesta artística, se destaca por su conexión espiritual con la música, su independencia creativa y su compromiso con la emocionalidad, lo ancestral y lo femenino. ¡Y la verdad es que me pareció fantástico eso! (risas). A ese retrato podría agregar que Magdalena (o sea, yo) es vegetariana, autista, fan de los videojuegos y estudió una profesión que finalmente no ejerció como tal (risas).
Fui criada desde los dos años en la ciudad de Arica, en el norte y desierto de Chile. Tengo un carácter gracioso y creativo, soy muy sensible, emocional y profundamente melancólica. Como me cuesta comprender las relaciones humanas, encontré en la música un canal para conectar con otros, y también una forma de decir lo que no siempre puedo expresar de manera fluida. La música se ha vuelto, para mí, una ventana al alma y mi voz un lenguaje.
¿Cuáles fueron tus primeros pasos con el canto?
El canto ha sido algo orgánico en mi vida. Nunca pensé en “volverme” una cantante, cantar es simplemente algo que hago, algo que ha estado ahí desde siempre. No tengo estudios formales, pero he tenido la suerte de cruzarme con personas hermosas y muy talentosas que, en distintos momentos, me han regalado un par de clases y herramientas.
Desde niña me gustaba cantar, y recuerdo hacerlo en reuniones con amigos de mis padres, cuando tenía unos ocho años. Luego llegó la adolescencia, con todo lo que eso trae, inseguridades, silencios, repliegues… Me oculté, y con eso también se escondió mi voz pública. Aun así, nunca dejé de escribir. Desde muy pequeña llenaba cuadernos con letras infinitas y bastante melancólicas.
Al terminar la educación media me atreví a cantar nuevamente. No tenía mucho que perder. Comencé participando en grupos de folclore, principalmente porque estaban conformados por adultos mucho mayores que yo, y eso me hacía sentir más segura. Siempre fui muy tímida, y me costó mucho vencer el miedo de que me escucharan cantar.
Después intenté formar una banda, pero entré a la universidad y dejé todo eso en pausa. Al terminar la carrera, sentí confusión… y miedo, probablemente. Fue entonces cuando, junto a mi mejor amigo de infancia, surgió la idea de formar una banda. Reclutamos gente y nació DLIRIUZ, una experiencia breve que alcanzó sólo una presentación acústica. Pero gracias a eso conocí personas, se abrieron caminos, y terminó por nacer EGREGOR.
En EGREGOR, mi voz ha sido una exploración constante. Siento que siempre está cambiando, mutando conmigo, con mis emociones. Supongo que mi forma de cantar está lejos de una técnica vocal académica, pero mi voz soy yo. Así que es lo que es: una expresión honesta de lo que necesito decir… o de lo que todavía me cuesta decir.

La mujer dentro de la industria del Metal tiene mucho que aportar, pero, aun así, cuesta encontrar bandas que estén compuestas solo por mujeres. ¿A qué crees que es debido?
Para mí, acá se mezclan muchas cosas. Creo que el metal es un espacio históricamente masculinizado. Desde los referentes hasta los circuitos de producción y difusión, la mayoría han sido liderados o dominados por hombres. Eso influye directamente en la forma en que muchas niñas o adolescentes se aproximan al género. Puede que no se vean representadas o no sientan que ese sea un espacio “para ellas”, y muchas veces su entorno o familia también se los hace sentir así.
A esto se suma que, históricamente, existen brechas estructurales en el acceso a formación, instrumentos y redes. No es que falten mujeres con talento, sino que muchas veces enfrentan mayores barreras para desarrollar ese talento en un entorno que las valide, las impulse, y no las sexualice ni las encasille en roles como el de madre o cuidadora.
No podemos dejar de lado que también hay un factor emocional y simbólico. Muchas mujeres, y me incluyo, arrastramos heridas que nos hacen dudar de nuestro lugar, de nuestra voz, de nuestra fuerza y de nuestro merecimiento. El metal, como lenguaje potente y visceral, también puede ser una forma de sanar eso. Pero para pararse sin miedo, muchas veces hay que atravesar un camino interno oscuro y desafiante.
Por eso me parece clave visibilizar, impulsar y acompañar a las mujeres que hacen metal, ya sea en bandas mixtas o como solistas. Porque hay muchas que están creando desde lugares tremendamente poderosos, necesarios, sensibles y resistentes.
¿Qué estilo de Metal es tu favorito?
Me gustan muchos estilos dentro del metal, pero lo que más me inunda es cuando se combinan elementos del progresivo, el doom, el post-metal y el alternativo, con una fuerte carga melódica y un sentido épico. Me atraen especialmente las bandas que se atreven a explorar atmósferas densas, pasajes introspectivos y estructuras no convencionales, donde la emoción, la oscuridad y la belleza conviven en equilibrio.
Para todos aquellos que te estén leyendo en esta entrevista y piensen en comenzar tus andaduras musicales, ¿le darías algún consejo?
Les diría que se escuchen con atención. Que, si sienten esa pulsión por crear, por cantar, por tocar, la sigan, aunque al principio se sienta torpe o incierto. No hay un camino único ni una fórmula correcta. Cada proceso es distinto, y lo importante es que sea verdadero para ti.
No esperen a “estar listos o listas” para comenzar. La verdad, yo misma nunca me he sentido del todo preparada —así que este consejo también me lo repito a mí. Muchas veces esa espera eterna es solo miedo disfrazado. Empiecen donde estén, con lo que tengan. Lo importante es moverse, aunque sea un paso pequeño.
No se atormenten tanto. Sean sinceros y sinceras con ustedes mismos y con los demás. Bailen entre la realidad y los sueños con elegancia y cordura. Disfruten el camino, y escuchen con atención: a ustedes, a sus cuerpos, a sus emociones, y a todo lo que los rodea.
Defiendan su identidad y sean amorosamente fuertes. Este camino artístico no siempre es amable, pero la sensibilidad no es una debilidad, es una fuente inmensa de poder creativo y emocional. No la escondan, no la endurezcan. Honren eso que los hace únicos.

¿Cuáles han sido tus influencias?
Siempre me río un poco con esta pregunta porque siento que he transitado muchas cosas. Cada vez que me la hacen, intento buscar referentes dentro del estilo metal, pero mientras más pasan los años, más valoro esas primeras voces que me marcaron profundamente, aunque no fueran metaleras.
Creo que esto nunca lo he contado… De niña escuchaba la canción “Sueña” de Luis Miguel para una película animada, ¡y la amaba! Jajaja… Me conmovía su voz, su potencia, y la canción misma, que me parecía melancólica pero esperanzadora… todo lo que soy. También tenía un casete de Whitney Houston con “I Will Always Love You”, y la escuchaba una y otra vez. La música de películas siempre me ha fascinado, su capacidad de crear atmósferas, de emocionar. Titanic, por ejemplo… Celine Dion, Lisa Gerrard y el gladiador.
¡Uf… Esa profundidad! fue otra gran influencia. Vocalmente, creo que esas voces me sirvieron como referencia temprana y me ayudaron mucho en mi propia exploración.
El camino ha sido largo y mi admiración por otras voces y músicas es muy amplia. Todo termina inspirándome de alguna forma. Cuando entré al mundo del Rock y el Metal, la lista creció. No puedo negar que mi corazón es muy KATATONIA, y eso permea todo lo que hago. Pero quiero centrarme en las mujeres, porque fue esencial verlas en los escenarios, ellas me permitieron imaginarme allí.
Yo no vengo de una familia metalera. Nadie escuchaba Metal a mi alrededor. Fue en la escuela, compartiendo música con amigas y amigos, que llegaron a mí LACUNA COIL, EVANESCENCE, WITHIN TEMPTATION, NIGHTWISH, DORO, EPICA, THEATRE OF TRAGEDY, ARCH ENEMY, After Forever…, y seguro olvido varias. Aunque no soy fan de todas estas bandas desde lo musical, ver a esas mujeres ahí, liderando, creando, gritando o cantando con el alma, cambió algo en mí. Me influenciaron, sin duda.

Tu discografía con EGREGOR no es muy extensa que digamos; pues solo habéis grabado dos álbumes hasta la fecha: «Karma» (2015) y, el último, «Pachakuti» (2020), que salió el año que sacudió al planeta con la COVID-19, así que no sé si eso afectó la proyección de dicho álbum. ¿Cómo definirías la evolución del sonido de la banda desde sus inicios hasta ahora?
¡Sacar una producción no es tarea fácil! Jajaja. Menos todavía cuando estás atravesando el proceso natural de evolución personal: pasar de ser jóvenes estudiantes a personas adultas que tienen que sostenerse, formar familia, compatibilizar tiempos… Todo eso influye, y mucho.
Nuestros procesos creativos son lentos, y lo reconocemos. Somos muy emocionales, quizás yo soy el problema (risas). Pero más allá de eso, hay una búsqueda genuina de identidad que no siempre se da a toda velocidad.
En cuanto al sonido, claro que hay una evolución entre “Karma” (2015) y “Pachakuti” (2020). Siento que “Pachakuti” está más cerca de lo que somos hoy, pero aún no define por completo nuestro sonido. Todavía estamos en exploración, y eso es algo que solo se resuelve componiendo y sacando nuevo material.
Así que atentos a lo que viene… que lo nuevo hablará por sí solo, espero (risas). Les tocará juzgar por ustedes mismos.
¿Qué puedes decirnos sobre el proceso de creación del último álbum publicado?
En EGREGOR la composición es un trabajo colectivo. Varias manos y voces participan, y eso lo hace un proceso muy rico, pero también desafiante. Requiere mucha apertura, escucha y dejar el ego en pausa.
Para “Pachakuti» trabajamos junto al productor Andrés Godoy, un ser humano increíble: genuino, inteligente, creativo… y también bastante rudo, (risas). Fue un proceso intenso y nada sencillo. Compusimos cerca de treinta ideas iniciales, pero finalmente solo 9 llegaron al disco. Puede ser frustrante y hermoso al mismo tiempo, tener que soltar canciones que amas para que el conjunto tenga coherencia.
También contamos con Richard Iturra, quien además de ser parte de la banda, trabaja como productor con otros proyectos. Él tiene un rol clave en la búsqueda y consolidación de nuestra sonoridad. Al estar dentro, su visión es profunda y articuladora.
Desde el inicio sabíamos que queríamos incorporar elementos sonoros propios del territorio. Por eso aparece lo andino, no solo en lo musical, sino también en las temáticas, la estética y, por supuesto, en el nombre mismo del disco. Fue un proceso intenso en todos los sentidos, pero que sin duda nos hizo crecer como banda, y también como personas.

¿Cuál es tu canción favorita de la discografía de casi EGREGOR?
Hay canciones que disfruto más cantar en vivo que otras, pero si tengo que elegir una favorita, creo que sería “Somos Uno”, pues curiosamente, es una de las que más me cuesta cantar… ¡pero también es la que más me atraviesa emocionalmente!
Componerla fue un proceso súper íntimo. Nació desde sensaciones muy profundas, de esos momentos en que conectas con personas que te reflejan, que te muestran partes de ti misma que a veces duelen, pero también sanan. Habla del dolor de permanecer habitando lo que no entendemos, lo cotidiano que a veces parece hostil y normalizado, del encuentro con el otro que también es un doliente… y cómo, en ese encuentro, se complementan, se acompañan.
La compuse sola, en mi piano, y recuerdo que lloré mientras escribía el coro. Así que sí, “Somos Uno” es una canción que me remueve cada vez que la canto, y quizás sea la que mejor refleja quién soy. Supongo que, si todos nos volviéramos canción, yo sonaría así.
¿Qué significa los títulos de ambos discos?
KARMA: habla de nuestro propio karma con la música. Con ese primer disco asumimos que, seamos quienes seamos, siempre estaremos llamados a hacer música. Sentimos que la conexión entre nosotros, como banda, y el cariño que recibimos, vienen desde otros planos, quizás incluso de otras vidas.
El nombre no está directamente ligado a las canciones, más bien, las canciones fueron lo que tenía que ser, y Karma terminó siendo el hilo que las unió. Así, el título se volvió una declaración de existencia, una manera de decir, no elegimos este camino… este camino nos eligió.
PACHAKUTI: en cambio, es una profecía andina. Es un concepto ancestral que habla de un cambio de era, de momentos de ruptura profunda, social, espiritual, climática y emocional. El fin de un ciclo… y el inicio de otro. Más allá de la destrucción, Pachakuti representa una transformación radical, una oportunidad para reconstruir desde lo esencial.
En ese sentido, también es una invitación a volver al origen, a mirarnos desde lo interno y lo ancestral, y sobre todo, un llamado a crear algo nuevo y mejor, desde ese lugar de raíz, memoria y fuego.

Hace un tiempo, mi compañero Iván Allué publicó un ensayo llamado «Mujeres, rock & heavy metal: ¿Quién dijo sexo débil?», y trata sobre varias perspectivas el entorno de las féminas en este mundo de los típicos machos llenos de testosterona. ¿Has encontrado mucho machismo en la industria musical?
He tenido la fortuna de contar con compañeros de banda que son hombres y que no tienen el más mínimo problema en ser liderados por una mujer. Valoran mis procesos creativos, respetan mis tiempos, mis emociones, me ven, y construyen espacios cálidos para que pueda desarrollarme con libertad. Y sí, también son muy protectores conmigo, porque, aunque hemos avanzado, el medio sigue siendo machista.
También reconozco que las cosas han ido evolucionando. Hoy existe un respeto mucho mayor que hace algunos años, una validación y reconocimiento que agradezco profundamente, porque permite que las nuevas generaciones tomen posición sin miedo.
Soy fundadora, compositora, vocalista, gestora de muchas cosas en EGREGOR, y hoy me interesa que eso se sepa con claridad. No lo digo para elevar mi posición, sino porque todavía recibo entrevistas en las que me preguntan cosas como: “¿cómo ha sido llegar a la banda?” o “¿cómo te has sentido aportando tu voz?”, como si hubiese aterrizado como una invitada. Y no me molesta responder, pero ese tipo de preguntas revelan una idea de base, que sigue pareciendo raro ver a una mujer liderando una banda de metal.
Esa sospecha automática es parte del problema. He vivido situaciones realmente absurdas. Me han mandado a la cocina, recibo críticas constantes sobre mi cuerpo, mi peso, mi forma, lo que muestro o no muestro. Si llevo escote, es porque “quiero provocar”; si abrazo a alguien, es porque “quiero que me sientan” (esa me pareció especialmente estúpida); si me visto más tapada “me veo muy apagada”. Y lo más triste es que estos juicios vienen tanto de hombres como de mujeres.
Recuerdo especialmente un festival que organizamos con la banda en Arica, donde también participó CRISÁLIDA, con una vocalista tremenda. Escuché más de una vez entre el público comparaciones del tipo, “esta canta mejor que la otra”. Curiosamente, nunca escuchas a nadie decir “ese guitarrista es mejor que el otro” con ese mismo tono competitivo. ¡Basta ya! (risas).

¿Dónde crees que reside el secreto del éxito de una buena cantante?
Uf… yo, que soy bien enrollada mentalmente, no puedo evitar que esta pregunta me abra muchas aristas. Lo primero sería preguntarse ¿qué entendemos por “éxito”? Porque eso depende muchísimo de la razón por la que haces las cosas… y esa razón, además, puede ir mutando con el tiempo, hasta que encuentras tu verdadero camino o sentido.
Si lo que buscas es ser popular, probablemente el “éxito” esté en encontrar una fórmula para destacar, puede ser por una potente voz o por una propuesta estética, o por recursos. Seamos sinceros, no siempre las mejores voces son las más conocidas. Hay voces brutalmente geniales que permanecen invisibilizadas simplemente por no tener los recursos para llegar al oído de muchos, o por no encajar en lo “comercial”.
Hay cantantes que, con un don extraordinario, terminan atendiendo la caja de un negocio porque necesitan cubrir necesidades básicas, como comer o pagar cuentas. Y, aun así, podrían estar perfectamente cantando en estadios.
Si tu meta es cantar porque lo amas, entonces quizás tu éxito está en poder seguir cantando, en mantenerte fiel a tu deseo sin rendirte ante la presión de cumplir un estándar externo. Si ves en tu voz un lenguaje para conocerte, para sanarte, tal vez el éxito sea simplemente seguir explorándola y descubrir cómo te sientes en el proceso. Así se abren multiversos posibles.
Creo que mi voz es una herramienta. Me gustaría seguir desarrollándola, no solo para alcanzar mayor técnica, sino para poder contar mejor mis emociones, mis historias, lo que me atraviesa. Que lo que canto realmente se sienta… y que quien escuche, también lo pueda sentir. Yo admiro eso en las voces de otros.

En España conozco muchos músicos que deben tener otro trabajo para subsistir y me gustaría tratar el tema en la entrevista que te estoy haciendo. ¿Qué consejos le darías a un joven músico que quiere dedicarse profesionalmente a la música en su país?
El arte, la música, y especialmente el Metal, siguen siendo esferas complejas si lo que buscas es vivir exclusivamente de esto. Tal como comentas respecto a España, en Chile la realidad es muy similar, la mayoría de quienes tienen bandas de Metal deben tener trabajos paralelos para poder subsistir.
A veces esos trabajos están ligados al mundo musical, sonidistas, roadies, profesores de canto o de instrumentos, productores, gestores culturales, etc… Otras veces, se desempeñan en oficios completamente ajenos al ámbito artístico. Es común ver a músicos repartiendo su energía entre la pasión que los mueve y el trabajo que les da estabilidad para vivir.
Quienes hacemos metal lo hacemos por amor. Eso no está en duda. Es una convicción profunda, muchas veces inexplicable.
En nuestro caso, como EGREGOR, ninguno de los integrantes vive exclusivamente de la banda. Algunos se mueven en oficios cercanos, como la producción o el sonido, en mi caso, trabajo en el mundo de la cultura y las artes, pero esa dualidad entre sostenernos y crear es parte de nuestra cotidianidad, con sus luces y sombras.
Si tengo que dar un consejo a un joven músico que quiere dedicarse profesionalmente a la música, diría que es clave formarse y capacitarse, mantenerse en constante aprendizaje. Estudiar, innovar, ser creativos, estratégicos, abiertos a colaborar, y sobre todo, ser resilientes. Este camino requiere muchísima pasión, pero también una gran cuota de perseverancia, adaptabilidad y autogestión.
Por último, les diría, no se avergüencen si necesitan otro trabajo para sostener su arte. Eso no les quita ni una gota de legitimidad. El verdadero fracaso no está en tener un plan B, sino en abandonar lo que te da sentido.

¿Cómo se vive el movimiento del Metal en Chile?
Vivir el Metal en Chile es una experiencia intensa, a veces muy hermosa y otras, agotadora. Hay muchísimo talento, bandas tremendas en todas las regiones del país, con propuestas creativas, potentes y comprometidas. Pero también hay muchas brechas estructurales, falta de espacios para tocar, poca cobertura mediática y una industria que no siempre da cabida a lo que no es “comercial”, entendiendo cuáles son las tendencias masivas en Chile y Latinoamérica.
La repercusión muchas veces se mueve más en círculos de nicho, por puro amor al arte. La autogestión es clave, grabamos, producimos, gestionamos, difundimos… todo a pulso. Hay esfuerzos hermosos de sellos independientes, medios especializados, festivales locales y personas que hacen de todo para que esto siga vivo, periodistas, productores, técnicos… y también un público acotado, pero súper fiel, lleno de amor, que sostienen. Sin duda, sin ellas y ellos estaríamos re muertos.
A nivel de promoción, si no cuentas con recursos, hay que ser muy creativo y estratégico. Las redes ayudan, pero no siempre es fácil destacarse cuando estás fuera del circuito central. En regiones lo vivimos aún con más fuerza, descentralizar el metal también es una tarea pendiente.
A mí me gusta creer que el movimiento metalero en Chile se vive como una comunidad sólida y emocionalmente conectada. Como en todo, hay diferencias, pero dentro del nicho existe un vínculo profundo, los conciertos se sienten como rituales de comunión, donde la pasión, la fraternidad y la expresividad ocupan un lugar central. La escena se está diversificando, emergen propuestas con identidad local, discursos sobre inclusión y nuevas formas de hacer metal desde lo propio.
En resumen, vivir el metal en Chile es sumergirse en una escena multicultural, apasionada y resiliente. Desde el underground hasta los grandes festivales, es un espacio donde la música potente se entrelaza con raíces, historias, comunidad y una fuerza creativa que sigue expandiéndose.
Ahora bien, también sé que existen críticas constantes hacia el público, la compra de entradas, la difusión, los discos… y lo entiendo. Las bandas realmente necesitamos ese apoyo para sostener lo que hacemos. Algunos sectores del público son especialmente exigentes, lo cual no es malo, pero a veces puede desgastar.
Sin embargo, si hablo desde nuestra experiencia con EGREGOR, solo puedo decir que la gente que realmente está con nosotros es profundamente hermosa. Nos acompañan con un cariño que emociona. Claro que nos encantaría sumar a más personas a este viaje… ¡así que vengan nomás, que aquí los esperamos con muchas melodías! (risas).
Las bandas en Chile no se rinden. Eso es lo que más admiro, la convicción. Porque hacer metal aquí no es una moda, es un acto de resistencia, de expresión profunda, de comunidad. Y ahí hay una belleza tremenda.
¿Tenéis planes de venir a actuar a España en algún momento?
¡Nos encantaría ir a España! Sería un sueño poder llevar nuestra música allá. Estaríamos muy felices de hacerlo… ¡Invitarnos y allá vamos!
Muchísimas gracias por el tiempo dedicado y la tremenda sinceridad con nosotros. Ha sido un verdadero placer conversar contigo y conocer más sobre vuestro arte. Gracias por compartir tus historias y pasiones con nosotros. ¡Te deseo todo el éxito en tus próximos proyectos y que sigas inspirando a tus seguidores a no dejar de escucharos! ¿Hay algún mensaje o reflexión final que te gustaría compartir con nuestros lectores o seguidores antes de despedirnos?
¡Gracias a ustedes por este espacio! Como reflexión final, solo me gustaría decir que no dejen de crear, de sentir y de buscar lo que les hace vibrar. En este mundo tan acelerado y exigente, defender nuestra sensibilidad, nuestra forma única de ver y habitar la vida, ya es un acto de rebeldía y de belleza. ¡Mucha suerte a Metalcry.com!
La música, el arte, el metal… no son solo géneros o estilos, son lenguajes para sobrevivir, sanar, amar, resistir y recordar quiénes somos. Así, que si algo les mueve por dentro, escúchenlo. Si sienten que tienen algo que decir y defender, háganlo.
Si se animan a escuchar a EGREGOR, sepan que lo que van a oír viene directo desde el alma. Gracias por leerme, por escuchar, y por seguir defendiendo el metal, en cualquier de sus expresiones. ¡Espero nos veamos en algún escenario, con riffs, melodías y el corazón encendido!

























