IRON MAIDEN, contracrónica: El número de la bestia en el Sant Jordi // Barcelona – 18/07/2023

El pasado martes 18 de julio, pasó por el Palau Sant Jordi de Barcelona aquel grupo que, en 1982, lograba la fama mundial con un disco basado en un satánico número cardinal, el cual daría, con el paso del tiempo, un sinfín de escenografías durante un número de giras mundiales, que quizás no alcancen ese bestial 666 que todos sus seguidores veneramos, pero que, en número de actuaciones, supongo que habrán superado con creces.

Por lo “no visto”, porqué en esta ocasión falté a la cita, el número ofrecido en el recinto de Montjuïc fue bestial. Sin lugar a dudas, la doncella de hierro coronó su sobrenombre. Ya de buena mañana, alguien me preguntó si sabía que pasaba en Montjuïc, porque había tanta gente y tanto ambiente roquero: “IRON MAIDEN, eso es IRON MAIDEN”, le dije. Pero dejando claro que no era porqué estaba IRON MAIDEN, sino porque era IRON MAIDEN, y eso significa que no estamos hablando de pagar por ver un espectáculo, estamos hablando de vivir una sensación diferente a cualquier otra, incluso, para quienes por una u otra razón no asistimos a la puesta en escena del extenso listado de canciones con las que deleitaron a los presentes.

Tanto en las redes sociales como en las calles de las ciudades que conforman el cinturón metropolitano de la ciudad condal, durante todo el día se respiró ambiente metalero. No hubo una sola boca de metro por la que no entrara a cada minuto alguien con su camiseta de IRON MAIDEN: niños, niñas, chicos, chicas, muchos carrozas, y bastantes que, con su pase de jubilado, accedían al transporte público que los llevaba al recinto donde, sobre el escenario verían a seis personajes que por edad también podrían estarlo, pero que, por de pronto, parece no tienen intención de hacerlo.

Mientras duró el concierto, no me moví de la silla donde estuve cenando y no me perdí ni un solo segundo de la velada. Si no era uno, era otra, pero en todo momento había alguien que desde el asiento que ocupaba o desde diferentes puntos de pista, compartía imágenes a través de las redes. Y lo que demuestra que era la reproducción de un concierto de IRON MAIDEN, es que, en todas estas transmisiones o grabaciones, más de la mitad de la duración de cada una de ellas, enfocaban al público, al ambiente… dejando claro que IRON MAIDEN no es el número 666, sino que en esta ocasión era ese número multiplicado por 24, o sea, las 16.000 gargantas que no dejaron de vibrar al son de las notas de estos seis monstruos que, como el buen vino, ganan con el tiempo… ¡Up the irons!

























