La misma botella pero con distinto líquido // TARQUE, Festival Eat to Beat – Las Palmas, 05/04/2024
Tenía muchas ganas de ver el concierto de Tarque en solitario, paralelo a M CLAN. Bueno, pero si son los mismos músicos, es lo mismo, ¿no? Pues no, no se engañen. La botella puede ser la misma, pero lo que hay dentro es otra cosa. Y lo agradecí yo y todos los que pudimos brincar en el Edificio Miller de la capital grancanaria en el “Festival Eat to Beat”. Si les digo la verdad, lo que más ganas tenía de comprobar era el «set list» del concierto. Me llegó una hora antes y ya sabía que lo iba a pasar genial.
Quince canciones, más las dos del bis (que no me habían dicho cuáles eran). Entre ellas, cosa que se agradeció, una versión del “Helter Skelter” que Paul McCartney escribió para THE BEATLES. Hubo una sola interpretación al repertorio de M CLAN: “Calle sin luz” de su disco “Para no ver el final”. Me encanta el mensaje. Para los que no conozcan la canción, les trascribo un trozo que refleja el sentir de la canción. «Porque hasta aquí llegué. Donde estoy ahora es donde quiero estar». Y creo que ese es el resumen de lo que vimos anoche. Un Tarque en el camino más personal y que, se le notó mucho, está sabiendo disfrutar.

La noche empezó con mi amigo Said Mutí, uno de los más altos exponentes del rock en las islas, que ha llegado a ser telonero de Elton John, y mis ojitos que lo vieron esa noche. Guitarra en mano, nos regaló cinco canciones en el más puro acústico, terminando con la joya: “De tripas Rock’N’Roll”. Temazo producido por Alejo Stivel. Búsquenlo, los que no lo conozcan.
Seguido, la banda de Tarque, acompañado por la “La Asociación del Riff”, y que; como dije, está formada por el grandísimo Carlos Raya a la guitarra, Iván González «Chapo» a la guitarra y Coki Jiménez a la batería, que levantaron los consabidos gritos al asomar al escenario. Eso es «casi» M CLAN. Antes de desgranar el concierto en sí, me gustaría hacer una valoración de lo que sentí a lo largo de toda la noche. Creo que Tarque ha querido volver a esos inicios de su carrera, a hacer la música que le gusta, a no depender del mercado y a disfrutar de rock más refinado que logró transportarme a esos dos primeros discos de los años 90 “Un buen momento” y “Coliseum”. Rock auténtico fluyendo desde los clásicos con los que, seguramente, creció en su juventud y que nos muestra en sus dos discos de estudio “Tarque” (2018) y “Vol. 2” (2023) de esta nueva etapa.

Abrieron con “Bombas en son de paz”, una visión catastrofista del mundo que se torna recurrente en los dos discos de la banda. Contundente, con tintes heavy moderado, que describe fielmente cómo va a ser el concierto. Está claro que la gente sabía lo que venía ver, porque desde aquí ya estaban volcados y aullaron con el primero de los brillantes punteos de Carlos Raya, con su Gibson Les Paul sin caja de resonancia, presentes en casi todas las canciones.
La segunda canción sí que logra transportarme a M CLAN. Con ese pedazo de productor que es Raya y, sobre todo, con una de las voces más icónicas de nuestro rock patrio de las últimas tres décadas, era inevitable que alguna rozara en estilo. “Heartbreaker” es un country cañerito que habla de las chicas de bar tan recurrente en la música del USA profundo. Volví a alucinar con el punteo de Carlos. Perdónenme que me ponga muy pesado con esto, pero es lo que siento y más por todas las emociones que consiguió. Soy fan, lo sé. No lo oculto.

Al tercer corte, volvemos a ese mundo oscuro en el que nos sumerge Tarque en sus discos en solitario. ¿Tanto habrá sufrido para ver el futuro tan opaco? “Escapa del amor” es la canción que más me gusta del segundo volumen. Quizás, como conté, me recuerda a sus inicios. Suena auténtica y un estribillo repetido para que el mensaje cale. «escápate que vienen a por ti otra vez», nos dice. Los que llevamos más de veinte años escapando del amor nos sentimos identificados. Esta canción, no sé porque, la podría haber escuchado cantada por el mismo Mercury.
Los golpes de batería de Coki Jiménez arrancan la siguiente canción, mientras Tarque nos anunciaba que «todos vamos a morir». La primera sintonía banda-público de la noche apareció al sincronizarse las palmas y los golpes de baqueta. Aquí, ya el concierto empezaba a ser éxtasis. “Juicio final” es otra canción en la que se muestra una sociedad en la que pocos llegamos a ser felices. Este tema, con sus tempos, más me pareció estar escuchando un poema recitado del que nos sacan los momentazos en los que los tres músicos se juntan para hacer el mayor ruido posible. Gracias rocanrol, por estos instantes de gloria.

En la quinta canción hubo un parón de unos diez minutos por un problema técnico. Sería durante la canción “El diablo me acompañará”. No soy muy creyente, pero fue nombrarlo y recibir el castigo. Arrancaron con “Días extraños”, una canción que Raya y Tarque escribieron durante la pandemia y en el que cantan ese deseo que teníamos todos de que nos desencadenaran, nos liberaran y nos resucitaran otra vez.
“Mar de whisky”, la siguiente, se te mete en las venas. Es un blues lastimero de los que todos los grandes rockeros han hecho siempre gala para introducirse en las emociones del público. La Les Paul de Raya suena más calmada de lo normal, más sinfónica, para trasladarnos otro mensaje de un solitario que ahoga sus penas, mendigando algo de compañía, cuando «las cosas van mal». La frase “canto por si alguien me puede escuchar” de la canción, es un verdadero grito de petición de ayuda.
“Piel de toro” nos devuelve a las distorsiones. Una letra crítica, creada de frases hechas. Y llegamos a uno de los que, para mí, fue una de las sorpresas de la noche: una versión del “Helter Skelter” que me supo a gloria. Como otras versiones que ha hecho antes, la ha mejorado llevándola a un punto más ZEPPELIN. Con un acertado diálogo entre batería y guitarra, suena más, bastante más hard, que la versión de los chicos de Liverpool.

Con un comienzo muy PINK FLOYD, esta canción empieza muy melancólica y va creciendo hasta un hard-rock muy setentero. “Flores en el acantilado” es una vuelta a las raíces del rock sinfónico. La banda da rienda suelta a su potencial en directo. Aquí suena más cañera que en el disco. Es lo que tienen los directos, que hacen crecer el nivel de contundencia hasta el límite que los músicos quieran entregarse. Y, en este concierto, les aseguro que lo hicieron.
Ya, enfilando la recta final del concierto, me di cuenta de un detalle. Carlos Tarque, en algunas canciones, emplea una pandereta roja. En todos los momentos que la toma en las manos, la iluminación de todo el escenario es rojo. No es casualidad. Yo, que soy director artístico, sé que eso es una señal. O cuando el escenario se pone rojo es una señal para que el cantante coja el instrumento de acompañamiento; o es que, cada vez que lo coje, el técnico de iluminación le hace una rima de color para impactar visualmente. En cualquiera de los casos, estos detalles son de agradecer. Lo volvimos a ver en “Credo”, una canción en el que me gustó mucho el juego vocal de Tarque con la batería. Después, anunciaron el estreno en directo de “Lluvia de abril”, una espesa balada muy cincuentera con la guitarra sonando como si contara el paso de las horas de reloj de alguien que se vuelca en sentir “con un nudo en el estómago”.
Llegando al final, la única canción del repertorio de M CLAN. Creo que no es gratuita la elección de “Calle sin luz”, porque es un mensaje para alguien. No sé para quién, pero el público sabe que es una canción de liberación. Tarque ha desarrollado proyectos paralelos a M CLAN de versiones como un modo de escapar a la industria y hacer lo que realmente le motiva. Hablamos de los grupos “Rollers” y el que montó con Leiva “Gran Cañón” con el que hacían versiones de los 70. Este tema es una declaración de intimidad, un reconocimiento de que ha llegado hasta este concierto haciendo lo que quiere hacer en estos momentos. Bien elegido el homenaje al grupo que nos regaló a Tarque durante todos estos años.

Finalizaron con “Ahora y en la hora”. La canción más pop. Y, si me permiten la irreverencia, la menos Tarque de todo el espectáculo. La más «emeclanera». Y hasta ahí, el set list. Y, como ya me había dado cuenta, me faltaba una en especial. Esa es con la que abrieron el «bis». “He vuelto para veros arder”. Me «súper encanta». Fue la canción que más me gustó del segundo disco de este proyecto y tenía muchas ganas de oírla en directo. No me decepcionó ni una «miejita». El primer concierto de mi vida fue uno de “Tequila”, en Gran Canaria. Yo era un “pollillo”, allá por 1979. Está canción me transportó a ese sonido del grupo de mi vida. No me podía ir sin ella y la dejaron como guinda final. Y este concierto lo acabaron con “Donde nace el R&R”. Creo que esta resume todo el recital en sí.
Otra canción de desesperanza en el que hicieron un break muy jam sesión. Por las caras de complicidad entre ellos, creo que aquí improvisan y se dejan llevar. Carlos Raya, deambula por el escenario tenso, mirando para Tarque buscando sus reacciones para seguirle. Cuando, como el caso de esta banda, no tienes un disco con canciones de estribillo fácil, la complicidad durante toda la noche la hicieron los juegos de palmas del público entregado. Aquí, ya liberados de tensiones, empezaron a hacer juegos de voces con los asistentes para llegar a un clímax final en un paroxismo banda-público que refrendó toda la increíble conexión que hubo durante este inolvidable concierto. El mejor final para esta noche mágica.

























