LATZEN: El metal habló en euskera y Madrid respondió // Sala Revi Live, Madrid – 27/02/2026
Ayer, viernes 27 de febrero de 2026, el barrio madrileño de Vicálvaro se convirtió en epicentro del metal vasco. La Revi Live, que presentaba una buena entrada, acogió el esperado regreso de Latzen, un cuarteto que tras casi dos décadas de silencio demostró que su nueva etapa no es un guiño al pasado, sino un manifiesto de presente y futuro.

El grupo se presentó con su formación actual: los miembros originales Aitor Uriarte (voz y guitarra rítmica), Joxemari Azpitarte (bajo) y Gorka Lazkano (batería), y Yerko Ortiz a la guitarra solista, reemplazando a Iker Martínez de Zuazo. La química entre ellos era evidente: nada sonaba forzado ni testimonial, sino a una banda sólida, afilada y en total control de su energía.
El concierto comenzó sin preámbulos con “Txori Txarrak”, un rugido de guitarra y batería que puso a la sala en pie desde el primer segundo. Aitor, desde el pie de micro en el centro del escenario, proyectaba la autoridad de un frontman seguro y experimentado, mientras alternaba riffs cortantes con su característica voz rasgada, capaz de transmitir tanto potencia como emoción.

Yerko Ortiz se ganó al público desde los primeros solos, aportando precisión técnica y un filo moderno que complementaba la base rítmica de Uriarte. Joxemari Azpitarte y Gorka Lazkano construyeron un muro de sonido sólido, con el bajo profundo y la batería potente, perfectamente sincronizados en cada cambio de ritmo.
Tras los primeros temas clásicos, Aitor recordó al público que estaban presentando su tercer disco, Denboraren orbainak, un trabajo que simboliza las cicatrices del tiempo y la necesidad de seguir creando. Acto seguido, la banda lanzó “Eutsi!”, tema compacto y musculoso, con riff demoledor y un estribillo que el público coreó con fuerza, consolidando la conexión inmediata entre escenario y pista.

El bloque central estuvo dominado por las canciones de sus discos anteriores, Kontzientzia ala infernua y Ardi larruz, con momentos de absoluta comunión entre banda y público. Antes de “Heroi Direnak”, Aitor dedicó este himno a “nuestros héroes, los que cada uno tiene en su corazón”, un instante de recogimiento y emoción compartida que convirtió la sala en un coro humano entregado.
Entre los puntos álgidos destacó la maravillosa instrumental “Indarra”, donde el cuarteto desplegó virtuosismo y precisión técnica. Sin necesidad de palabras, las guitarras se entrelazaron con el bajo y la batería en un juego perfecto de intensidad y dinamismo, provocando ovaciones y vítores espontáneos de los presentes.

Otros clásicos como “Izatearen giltza” e “Itsutu” mantuvieron la tensión al máximo, demostrando que el repertorio de los años noventa sigue vivo, potente y relevante.
El tramo final del concierto fue una descarga imparable con “Traidorea”, “Memento Mori”, “Mezua hil aurretik” y “Hiesa ihes”. La fuerza de la formación se veía en cada movimiento, y cuando Gorka Lazkano, sudado y exhausto, tomó la palabra desde su batería, se ganó una ovación espontánea al agradecer la presencia del público: “Mila esker… aupa zuek!!!”.

El bis arrancó con “Gu ez gara”, convertido en un himno colectivo. Tras el tema, Aitor presentó a la banda, a los técnicos que hacen posible la magia del directo e incluso a Iñigo Malvido, encargado de las fotografías para futuros discos o DVD, un gesto breve pero cargado de significado que reforzó la sensación de comunidad que rodea a la banda.
El final no pudo ser más épico. “Metal Erasoa” y “Ze Ingo xu?” pusieron el broche con una descarga total de energía, con lluvia de púas y aplausos, cerrando un círculo perfecto entre músicos y público. Como colofón, la megafonía comenzó a sonar con I’m Coming Home, de Ozzy Osbourne, un detalle simbólico que, entre vítores y sonrisas, sonaba como el regreso definitivo de Latzen al corazón de su público.
El concierto en Revi Live no fue solo una velada de recuerdos; fue una declaración de identidad, de fuerza y de vigencia. Latzen demostró que puede mirar al pasado sin quedarse en él, que el presente les pertenece y que su futuro tiene la misma intensidad y pasión que hace treinta años.





























