PARADISE LOST + SAMAEL – SALA HEINEKEN, MADRID – 16/12/09
Parece ser que a nadie le importó el clima gélido que vive la capital en estos días ni que la fecha hubiera sido emplazada en miércoles. Hombres y mujeres (en equitativo número repartidos) completaban un llenazo en la sala Heineken para contemplar el paso por Madrid de los británicos Paradise Lost, lo que equivale a decir que el grupo cuenta con un gran número de fanáticos de probada fidelidad.
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Resulta complicado imaginar un grupo de Metal sin batería, pero Samael es la excepción. En formación ya clásica de cuatro miembros formando rombo, Xy ejerce la tarea de teclista, percusionista y programador, llevando sobre los hierros diferentes órganos electrónicos, sintetizadores, samplers y cajas de ritmos: de entrada un verdadero espectáculo al sonar los compases de “Rain”, canción destinada a comenzar el concierto.
“Solar soul” fue el primer tema que rescataron de su anterior álbum. Tintes muy industriales los de la canción, con Xy añadiendo tambores y el bajista Mas y el guitarra solista Makro ejerciendo de molinillos humanos de incesable movimiento a ambos flancos. Desde el centro la orquesta era dirigida por Vorph, altivo y de gran presencia escénica. Ciertamente no me pareció el mejor comienzo para la noche, provocándome su estribillo facilón añoranza de muchas otras canciones mejores que a mi parecer tiene el grupo.
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“Reign of light” precedió a “Infra galaxia”, siendo lo más destacable hasta el momento el excelente juego de luces y la pantalla que en el fondo del escenario proyectaba diferentes imágenes durante cada pieza. La voz de Vorph no sonaba todo lo clara y fuerte que debiera, aunque el suizo abandonara su guitarra en esta última canción para enfatizar la teatralidad de la letra.
“Western ground” fue muy bien acogida por sus seguidores, no en balde Vorph demostró buenas dotes para el castellano a la hora de presentar diversas canciones a lo largo de la actuación. “Ceremony of opposites” sería su continuadora, rememorando el disco que marcó el inicio en el cambio de sentido musical del grupo.
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“Black hole” fue la única parada que hicieron en “Above”, disco que editaran la pasada primavera y que está llamado a rememorar las raíces más Black del grupo. A mi gusto fue una de las mejores canciones de la noche, sonando veloz y contundente. Continuarían por los caminos más extremos con “Into the pentagram”, que formara parte de aquel lejano debut “Workship him”, una canción que fue presentada como “oscura y muy Heavy Metal”. A estas alturas se me seguía haciendo raro escuchar una batería sin ver a un baterista en el escenario.
Todo resultó en cierto modo un espejismo. “Slavocracy” supuso la tercera captura en su disco de 2007, “Solar soul”. No termino de comprender por qué motivo teniendo una grabación con 8 meses de vida no defendieron más sus composiciones, ni por qué si afirman haber hecho este trabajo para acercarse a sus raíces se anclan en el disco que más les aleja de ellas. La canción en sí me supuso otra ración de Industrial que suda influencias de Rammstein por todos sus poros, a lo que la estética y presencia actual del grupo sobre las tablas también contribuye.
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La decena se completó con “The ones who came before”, en la que Vorph volvió a abandonar su guitarra, sonando con más fuerza y presencia el instrumento con la de Makro únicamente, especialmente en los fraseos que le dan inicio: una paradoja. Resaltar que la pantalla alternó durante esta última canción imágenes de Cristo, Satán, el dólar y la Virgen María, añadiendo dramatismo y generando un importante punto de atención para el asistente.
Pese a dar una buena dosis de música a sus entusiastas y más allá del buen espectáculo luminotécnico y escénico, el concierto de Samael en Madrid no terminó de convencerme, tal vez por su lejanía de los patrones clásicos y del propio estilo del grupo en sus comienzos.
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Un bello telón con la portada de su último disco “Faith divide us – Death unite us” dominaba el fondo del escenario como único adorno cuando subieron a él Paradise Lost. La ausencia de Greg Mackintosh (al parecer su padre se encuentra enfermo en fase terminal y ha preferido permanecer a su lado en Reino Unido) fue suplida por Milly Evans, técnico de guitarras del grupo y a la vez teclista de Terrorvision. Por suerte el sustituto ha estado a tiempo para el periplo español de su gira, no como ocurriera en Rumanía, Bulgaria o Croacia entre otros países donde se vieron obligados a suspender fechas hasta el pasado 12 de diciembre.
Desde el inicio Nick Holmes tuvo problemas para hacerse oír, más por incidencias técnicas que por ausencia de voz, como quedó demostrado a lo largo de la noche. “Rise of denial” iniciaba un setlist más que conocido por todos los asistentes, continuada por “Pity the sadness”, de la no me gustó la batería pero sí el trabajo en los instrumentos de cuerda, en especial el bajo de Stephen Edmondson.
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El suelo tembló y las gargantas comenzaron a ponerse a prueba en “Erased”, cuyas primeras notas ya obtuvieron la aprobación masiva de todos sus devotos, mientras “I remain” (segundo corte de su reciente lanzamiento que tocarían esa noche) tuvo un estribillo cantando por todos los asistentes, probando la buena acogida que ha tenido su última creación.
Hasta aquí la oportunidad de hacer fotografías tanto para los medios acreditados como para el público en general. Los gorilas de la sala, bien situados en puntos estratégicos, no dudaron en bajarse al foso para represaliar a cualquiera que lanzara su flash hacia el grupo. Cosas que tienen las bandas grandes y que nunca he llegado, ni creo que llegue, a comprender.
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Volviendo a la música, “As I die” declaró el estado de histeria con su mera presentación. Nick dirigió su micrófono a las primeras filas para que fueran las que nombraran en los primeros acordes el título del tema. Ya eran caballo ganador si haber llegado a meta. Tras esta Nick desaparece entre bambalinas para regresar con “The enemy”, cuya letra fue seguida palabra por palabra por la sala entera, dejándose el alma en el coro épico que la acompaña. Una de las mejores canciones de la noche dentro de la brillantez del conjunto.
“First light”, de reciente cosecha, me resultó por el contrario el momento más bajo, pese a que más de uno entrara en trance con la cadencia hipnótica de la parte instrumental. El momento calmado se completó con una buena interpretación de “Enchantment”.
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La adrenalina bombearía de nuevo gracias a “Frailty”, aunque la fiesta no fuera demasiado bulliciosa, con cada persona ocupando su espacio sin molestar al de al lado ni generar ningún tipo de movimiento en las primeras filas salvo algún bote o ademán de headbanging. Respecto a “One second” sólo decir que arrancó por su majestuosidad un aplauso al final totalmente espontáneo de los que parecen reservados al mundo de la ópera.
Nick estuvo muy hablador toda la noche, presentando entre chascarrillos los cortes, desde “esta es una canción que los Bee Gees escribieron en los 70” hasta “no hablo español, sólo soy un jodido músico”, pasando por un “apaguen sus cigarrillos y canten” que resultó no ser tan broma, dado que la sala Heineken tenía en sus paredes carteles anunciando que la banda solicitaba a los presentes no fumar durante su concierto.
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“No celebration” y “Eternal” antecedieron a “Requiem”, encargada de cerrar el primer tramo. La batería de ese mercenario del Metal que es Adrian Erlandsson (Cradle Of Filth, Brujeria, At The Gates, The Haunted) destacó de sobremanera a lo largo de toda ella, completando una interpretación de gran nivel.
Tras una larga espera, en la que banda se hizo de rogar pero sin llegar a ser solicitada a voz en grito en público, los bises arrancaron con el tema homónimo del disco que venían a presentar y la aceptación que tuvo fue la mejor respuesta a la confianza que Paradise Lost tiene en sus nuevas composiciones. Dos temas más restaban: “The last time” y “Just say words”, en la que Nick podría haber abandonado la tarima y la canción habría quedado igualmente completa, dado que la coral formada enmudecía al propio cantante en su interpretación.
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No soy un fanático de Paradise Lost, pero su concierto de ayer está entre los más destacados que he visto este año. Elegancia en su presencia escénica aunada a una gran calidad musical les convierten en un apetitoso plato a la hora de ver un directo, premiando así a aquellos que les veneran aunque haga frío o al día siguiente se madrugue.
Podéis ver la GALERÍA DE FOTOS del concierto, cedida por el fotógrafo Antonio Martinez Castaño haciendo click en el vínculo que tenéis a continuación:



































