PARKWAY DRIVE en Madrid: Fuego y brutalidad a partes iguales // Palacio de Vistalegre – 01/11/2025
Durante los últimos años, hemos visto a Parkway Drive encabezando un gran número de festivales a nivel internacional. Sin ir demasiado lejos, hace escasamente dos años esto ocurría en el Resurrection Fest junto a formaciones de la talla de Pantera, Slipknot o Ghost, con un nivel de éxito altísimo. En aquella ocasión, el público estaba dividido entre aquellos que apoyaban fervientemente a la banda australiana y otros muchos que comentaban que no les veían como cabeza de cartel. El pasado sábado consiguieron, en el madrileño Palacio Vistalegre, disipar cualquier tipo de duda en relación a si merecen estar tan arriba o no. Independientemente de ser fan o no serlo, Parkway Drive ofrecen un espectáculo de infarto, con una calidad que está al alcance de muy pocos artistas en el panorama actual. Pero empezaremos por el principio.

Hace ya algún tiempo, los chicos encabezados por Winston McCall anunciaban fechas para celebrar su vigésimo aniversario con el “20 Year Anniversary European Tour”, en el que incluían nada más y nada menos que once citas. Comenzando en Lisboa y acabando en Frederiksberg (Dinamarca), la banda pasaría prácticamente por toda Europa con un show especialmente preparado para la ocasión. Junto a ellos, otras dos formaciones australianas, The Amity Affliction y Thy Art Is Murder, completaban el cartel en lo que prometía unas cuantas noches de lo más moviditas.

En nuestro país, tras el estreno de la gira en Lisboa, llegaba el turno de Madrid el uno de noviembre para, al día siguiente, repetir show en Barcelona. Así, nos acercábamos hasta el Palacio Vistalegre desde bien prontito para ver qué ambiente reinaba por allí. Con sold out en pista y un aforo en grada que estuvo prácticamente a tope, los seguidores de las tres bandas se arremolinaban alrededor del recinto, tomando unas cañas y tapas, haciendo base para no perder el conocimiento durante los conciertos.

A las cinco en punto de la tarde las puertas del Palacio se abrieron. Una cola tremenda para acceder a pista fue reduciéndose a medida que los fans iban entrando. La verdad es que cuando empezó The Amity Affliction aún se veían muchos huecos tanto en pista como en grada, pero con el paso de los minutos esto fue cambiando. Los chicos encabezados por Joel Birch, salieron al stage con un sonido no muy bueno y abriendo con “Pittsburgh” de su Let The Ocean Take Me, de nada más y nada menos que 2014. Poco a poco fueron desgranando su setlist compuesto por temas de toda su carrera, haciendo repaso desde su más reciente No Without My Ghosts hasta épocas más añejas como hemos comentado con el tema de apertura.

Aunque el show no estuvo mal y se atisbaron algunos moshpits, lo cierto es que dio un poco la sensación de que los propios músicos no estaban disfrutando mucho del directo, sino que salían a hacer su trabajo sin involucrarse demasiado. Este hecho, unido a un sonido poco claro, restó algo de valor a un concierto que podía haber sido muy bueno. Nada que ver con la actuación que ofrecieron en el Brutal Assault en 2024, en la que se lucieron muchísimo e hicieron disfrutar a todo el público. Habrá ocasiones mejores.

Completamente distinto fue el conciertazo ofrecido por Thy Art Is Murder. Nada que objetar a esta banda que aterrizaba desde Sídney para comerse Madrid. Una actitud súper enérgica, cercana al público y con un derroche descomunal de calidad que fueron demostrando con el paso de los temas. El tremendo pistoletazo de salida con “Blood Throne” de su último álbum Godlike, dio paso a cortes como “Join Me in Armageddon”, “Holy War” o “Keres”, single que nos encanta y que es sinónimo de brutalidad. Aunque dieron una especial importancia a Godlike, lo cierto es que consiguieron meter toda su discografía en un breve espacio de tiempo y lo hicieron con un equilibrio perfecto.
Aunque aún se nos haga un poco raro ver a Tyler Miller al frente, la verdad es que borda a la voz cada uno de los temas y con la compañía del resto del grupo, con especial mención a cómo Jesse Beahler aporrea los platos de su batería, el conjunto consigue ofrecer unos bolazos que no dejan descontento a nadie. Como broche final emplearon “Puppet Master” remontándose a su Dear Desolation de 2017. Un final inmejorable para un show que había estado a la altura de lo que esperábamos.

Con el ambiente ya cargadito, sin mucho tiempo para descansar entre una banda y la siguiente, las luces se apagaron y Parkway Drive hicieron su entrada. Desde el fondo de la pista, veíamos dos banderas. Winston McCall y los suyos, escoltados, avanzaban entre una pista abarrotada de fans para llegar al escenario. Se percibían nervios en el ambiente y aquello, aunque con un poco de retraso, estaba a punto de comenzar.
Sin revelar el escenario completo, se colocaron en un espacio reducido, en el centro del Palacio y abrieron con “Carrion”, lo que desató la locura absoluta entre los allí presentes. Desde el primer segundo todo fue intensísimo. Un Winston simpático hasta decir basta, agradeciendo a su público por estar allí, finalizó “Carrion” para pasar sin titubeos a dos temazos como “Prey” y “Glitch”, acompañando a estos cortes con la caída del telón y la aparición de la maquinaria escénica completa –la enorme batería de Ben Gordon, las torres, el juego de luces, fuego–.

Viendo todo esto, quedó claro que Parkway Drive han asumido de lleno su estatus de banda de ‘gran formato’, por llamarlo de alguna forma. Pero una cosa es cierta, el precio tan asequible de sus tickets teniendo en cuenta todo el montaje y todo lo que supone un escenario así, es digno de alabar. No hay bandas que con un espectáculo de estas características bajen de los 90€ y ellos lo ofrecen por mucho menos.

Poco a poco fueron sacando toda su artillería pesada: “Sacred” o “Vice Grip” generaron desde mosh pits hasta crowdsurfing, algo que ya había comenzado en el primer corte. Los continuos cambios de vestimenta de Winston, efectos de fuego, lluvia, pirotecnia y luces de todas las formas y colores, hicieron que cuando no esperabas que pudiese ocurrir nada más, sucediera. Por ejemplo, el trío de cuerda que apareció para “Chronos” y “Darker Still” ya bien avanzado el show. Quizás una propuesta un tanto arriesgada, ya que redujo la intensidad del concierto casi al final pero, viéndolo de otra manera, dio algo de aire a todos aquellos seguidores que ya estaban a punto de infarto.

Para la recta final, los de Byron Bay se reservaban algunas sorpresas. “Bottom Feeder” justo antes del solo de batería estuvo muy acertado. Como comentábamos, cuando ya no esperábamos ningún estímulo más, llegó el momento de este solo. Aparecieron unos bailarines delante de la batería, que comenzó a dar vueltas, y finalmente ardió bajo el efecto de unos ‘cócteles molotov’ que estos bailarines lanzaron a la misma. “Crushed” convirtió literalmente el escenario en fuego y humo; llamaradas por todos los lados elevaron la temperatura del Palacio hasta el infinito. Una plataforma que se elevó puso el punto álgido a todos estos efectos que la banda traía y, para colmo, la plataforma también lanzaba llamaradas mientras Winston cantaba subido a ella.

Anunciaron la despedida, lanzaron baquetas y púas y llegó “Wild Eyes” para poner la guinda al pastel. No sabemos muy bien qué fue aquello: fuego, lluvia, bailes, ropajes de todo tipo, interacción con el público, simpatía y un toque familiar. Parece que todas estas cosas no pueden ir juntas, pero Parkway Drive consiguen unirlas. Si una cosa es verdad es que no se le puede sacar ni un solo pero al espectáculo que estos chicos ofrecen: asequible, bien pensado, tremendo pero, a la vez, cercano y agradable. Puede que su música te guste más o menos, pero tienen todo el mérito del mundo. Un show de diez incluso para aquellos que no son fans de la banda; lo hacen todo bien de principio a fin y esto es algo muy difícil de conseguir en los tiempos que vivimos. Merece la pena disfrutar de uno de sus conciertos, aunque sea una vez. O las que sean.
Texto: Oiane Díaz
Fotos: Álvaro Foronda





























