SOUTHELL + DRAGÓN NEGRO – SALA SUPERBOWL, MADRID – 22/05/2010
¿Qué estuviste haciendo el sábado 22 de mayo de 2010? Yo estuve dándome un atracón de ROCK con mayúsculas, en la Superbowl. Y no, no me he vuelto loco. Ya sé que la final de la NFL no se juega ése día, y tampoco llamaría rock a lo que se escucha en los descansos. La Superbowl es una sala de Madrid que ofrece una mezcla de conciertos y discoteca a la vieja usanza. Si quieres bailar al ritmo de los cuarenta principales, planta calle; si quieres vatios y más vatios de Rock and Roll, baja al sótano… si te atreves, claro.
Cuando decides pasarte por un local de ese estilo, te apetece ver lo que se cuece por la escena actual, y no te importa demasiado quién toque. A veces ni recuerdas el nombre del grupo que viste, y otras veces desearías olvidarlo sin más. Pero es que tuve la suerte de que el sábado en cuestión compartieran escenario dos bandas con las que tendremos que tener cuidado los que nos dediquemos a esto. Alguna de ellas, si no las dos, nos pelearán hasta la última miguita de nuestra porción del pastel.
![]() |
Dragón Negro es una banda de una calidad musical intachable, en la que destacar a uno solo de los músicos parecería un sacrilegio, pues ninguno se queda atrás. Si es Ignacio al bajo el que te sorprende con su entrada en Born to be Wild, Mariano se atreve más tarde a emular con su guitarra al gran Knopfler en Sultans of Swing. Pero es que más tarde las teclas y la batería de Oscar y David, respectivamente, nos dan a todos una lección con Confortably Numb y Time. Pero es que Jonathan “el Chino” se atrevió a cantar Holy Diver, una auténtica temeridad de la que no salió muy mal parado, lo que es decir muchísimo, y Jenny, la auténtica directora de orquesta en la sombra, dejaba trazos de su impecable calidad en los coros, sólo empañados por su falta de conexión con el público, pero supongo que no se puede estar en todo.
![]() |
Si acaso se echó en falta un poco de coherencia en la elección de los temas, pues no se sabía muy bien cuál es el estilo de esta banda de Colmenarejo. Si nos guiamos por sus composiciones, podríamos etiquetarlos como grupo de Heavy Metal, al escuchar Evolución, con tintes de Heavy Épico en el tema Dragón Negro. Pero si repasamos el set list, no se entiende cómo encaja lo anterior con versiones de Dire Straits o Pink Floyd.
Otra pega, por poner alguna, sea quizás la frialdad del grupo sobre el escenario, algo a lo que tampoco ayudó el público, más dispuesto para lo que venía después que para lo que tenían delante. Sólo se animaron de verdad al final del concierto, cuando Dragon Negro se arrancó a tocar The Final Countdown, a lo que sí que respondieron coreando incluso los estribillos. Y gracias a ésta última canción se pudieron despedir como merecían: entre aplausos.
![]() |
Una vez que se hubo desmontado y vuelto a montar todo el escenario, algo que nadie puede entender en un concierto de dos bandas, comenzó el turno de Southell. No me puedo creer que sólo diez tíos sean incapaces de ponerse de acuerdo para compartir algo más que el escenario. Y claro, esto le quitó dinamismo al show. Una cagada, la verdad, aunque no fue tanto gracias a la paciencia infinita tanto de la sala, como del público.
Southell dicen ser un grupo de Metal Sureño y vaya si tuvimos de las dos cosas. La gran bandera sudista que tapaba el amplificador de Truje, y las cadenas metálicas de la correa de su guitarra, prometían que tendríamos de las dos cosas por igual, y no nos defraudaron.
![]() |
La puesta en escena de esta banda resulta impecable, así como su manera de medir los tiempos, y llevar al público a lomos de una montaña rusa de subidas y bajadas de ritmo e intensidad. Ismael Endrino “wolf” resulta el frontman perfecto, pero no está solo. Le acompaña una base rítmica potente y sólida, con Salvador Vázquez “Spectro” a la batería, y Daniel Gacho “Gaxo” al bajo. Javier Tejera “Truje” pone la nota vibrante con sus guitarras, en ocasiones demoledoras, en otras cálidas y envolventes, pero siempre dando una nota más de color con una pose y un saber estar sobre el escenario que mueve a los rezagados; los poquitos que aún no se hubieran dejado seducir por Wolf.
![]() |
Temas como Southell, Born to Lose, o Wonderful World, reflejan a la perfección lo que hace este grupo: metal sureño potente y directo, composiciones sólidas y un sonido muy propio, que no suena a nada conocido y, a la vez, suena a todo lo que te imagines. Pero es que también se atreven con las versiones, y el Fade to Black, de Metallica, sonó como un martillo golpeando un yunque. Eso sí, envuelto en el pañuelo de seda que la nueva incorporación del grupo, Luis Sánchez, le supo dar con su chelo.
Un gran concierto, gracias a ambas bandas, con el que nos lo pasamos en grande, en compañía de una cerveza y buena música. Y una última cosa, si nos atreviéramos todos a acudir a los locales en los que se celebran shows como el que estamos hablando, no tendría que contároslo yo. Lo habríais vivido todos vosotros.

Autor: Lorenzo Gallardo Cohnen






























