Entrevista a Tomás Robisco (Productor): “El talento artístico no se enseña”

Tomás Robisco es un importante productor musical, co-propietario de Bucbonera Studios, un estudio de grabación profesional fundado en el año 2002 junto a Joan Carles Martín. Desde sus inicios, se ha dedicado a grabar infinidad de bandas, generando las condiciones adecuadas de entorno y de equipo técnico para que la creatividad del músico fluya sin impedimentos. Vamos a saber más sobre él gracias esta entrevista de Joss Metalcry.
Habéis sido durante muchos años uno de los referentes en estudios de grabación y ahora, tristemente, os tenemos que decir adiós tras tantos años en activo. ¿Cómo surgió en su día este proyecto?
En realidad es una idea de hace muchos años, mucho antes de haberla llevado a cabo. Joan Carles Martín, mi socio y compañero de aventuras, y yo coincidimos en un grupo cuando éramos un poco más que adolescentes, yo tocando la guitarra y él haciendo sus primeros pasos en el mundo del audio para directo. Con el tiempo fuimos grabando maquetas, primero con un dos pistas Revox de bobina abierta, y más adelante con una Tascam PortaStudio que funcionaba con un casete convencional y permitía grabar hasta cuatro pistas. Fue entonces cuando nos dijimos aquello de «algún día montaremos un estudio de grabación profesional».
¿Qué barreras te encontraste a la hora de emprender tu profesión?
Las que uno podía imaginar que encontraría. Fue aterrizar en un sector en el que nadie te estaba esperando, partiendo de un notable anonimato (ya que yo no venía de haber tocado en ningún grupo famoso) y tener ubicadas las instalaciones fuera de Barcelona y su área metropolitana.
¿Cuál era la metodología de trabajo que seguías?
Antes de que montásemos Bucbonera Studios, tuve durante unos años un home-studio en el que experimenté con la tecnología que estaba disponible para decidir qué línea queríamos seguir. Digital vs analógico, grabación a disco duro con sistema propietario (tipo RADAR de Otari) o montar una DAW, que software usar, etc. Finalmente, decidimos que montaríamos un estudio basado en Pro Tools, de entrada haciéndolo todo «In The Box», hasta asegurar la viabilidad del proyecto y hacer entonces la inversión en una consola analógica de calidad, como así acabó siendo.
¿Cambió mucho el proyecto desde entonces hasta nuestros días?
Una vez tuvimos clara la filosofía del estudio, esta ha permanecido inalterada a lo largo de los años. Lo que sí ha ido cambiando ha sido su dimensión. Empezamos con mucho menos equipo que ahora (aunque de alta calidad) y con unas instalaciones que fuimos ampliando y reacusticándo en busca de la excelencia. Yo destacaría dos hitos en la vida del estudio, el primero fue la adquisición de la consola Neve Genesys G64, que nos permitió dar un salto importante al mezclar en analógico. El otro fue la compra de un piano Steinway & Sons de media cola de una sonoridad excepcional. La consola nos dio acceso a la parte alta del mercado y el piano a un tipo de clientes al que antes no podíamos acceder por sus necesidades.
En ocasiones no nos damos cuenta del trabajo que hay en el estudio y en esta época de los home studios se perdió mucho la profesionalidad. ¿Cómo ves a esas nuevas generaciones de músicos?
Pues con claros y oscuros. A ver si me explico. Creo que nunca ha habido tanto nivel entre los músicos que forman las bandas de hoy en día. Es cierto que siempre ha habido, hay y habrá grupos con miembros con formación autodidacta, en los que cuenta más el proyecto que defienden que la calidad con la que lo hacen. Pero lo cierto es que la proliferación de escuelas municipales de música y la posibilidad de seguir estudiando hasta graduarse, ha hecho que el nivel medio sea realmente muy bueno. Dicho esto, creo que toda esa formación convierte a los músicos en profesionales, no en artistas. Saber escribir sin faltas de ortografía no te convierte en escritor. De manera que con frecuencia aparecen propuestas interpretadas a la perfección, incluso con complejidad musical, que acaban no diciendo nada. El talento artístico no se enseña.
¿Qué crees que es lo más importante en la labor como productor?
Creo que entender a dónde quiere llegar la banda y, en función de eso, extraer de ellos lo mejor sin que tu actuación como productor desfigure la personalidad propia de ellos. Unas veces tienes que ser algo más intervencionista que otras, pero siempre intento que cuando salgan del estudio se reconozcan a sí mismos. En cualquier caso, e independientemente de si mi labor es grabar o también producir, es muy importante generar el ambiente de trabajo que permita que la creatividad fluya sin ningún tipo de freno ni limitaciones. Solíamos decir que «el buen rollo se graba» y, lo que es más importante… el malo también.
Por tus estudios de grabación han pasado una gran cantidad de artistas mundiales y supongo que cuando un disco nacido en Bucbonera recibe muy buenas críticas te sientes como un padre orgulloso de su hijo. ¿No es así mi apreciación?
Cada trabajo que sale del estudio lo compartimos emocionalmente como si formásemos parte de él. Así que el recorrido que pueda tener un disco lo percibimos como si fuese nuestro. Es innegable que con algunos grupos se establece una relación más intensa que con otros, pero siempre se genera un vínculo que en la mayoría de los casos permanece ya para siempre. Nos preciamos de tener grandes amigos entre los que fueron nuestros clientes.
¿De dónde viene el nombre Bucbonera Studios?
Joan Carles Martín es propietario de una empresa de sonorización llamada SO JC, y en cuyas instalaciones aprovechó para montar unos locales de ensayo. A estos locales se les llama coloquialmente «bucs». Pues bien, al espacio que destinó para los locales que montó se le ocurrió llamarlo «La Bucbonera» (un lugar con bucs), y cuando montamos el estudio nos pareció de lo más lógico llamarlo «Bucbonera Studios». Lo raro del nombre con el tiempo ha sido algo beneficioso porque se nos ha identificado con facilidad.
Ahora con las plataformas digitales de música ya apenas se vende el formato físico y eso está quitando bastante puestos de trabajo en la industria. ¿Cómo se llega hoy en día a disco de oro?
Si te soy sincero, no tengo ni la más remota idea. Y lo que es más importante… tampoco me importa. Creo que hoy en día no tiene mucho sentido la asignación de estas categorías (oro, platino, etc.) en base a unas ventas que a buen seguro están maquilladas. Los roles de la industria discográfica tradicional están en crisis por cambio de modelo y el hecho de que la nueva manera, tanto de promocionar la música, como de medir su «éxito», sea en base a unos clicks (que se pueden comprar), hace que todo esto me suene tremendamente opaco y manipulable.

¿Cuál es tu productor de referencia?
Admiro a mucha gente por su trabajo, asumiendo que no todo lo que hacen siempre me gusta. No sé… quizás destacaría George Martin, Steve Albini, Rick Rubin, Brian Eno…
Antiguamente, se tenía la idea de que en el extranjero estaban las mejores instalaciones de grabación, producción y masterización, pero cambió de un tiempo a esta parte con las nuevas tecnologías, aunque también eso ha sido una trampa para los profesionales del sector que tenéis que bajar la persiana por el avance de los home studios. ¿El tema de la informática ha hecho mucho daño?
La informática en sí, como cualquier herramienta, no es mala ni es buena. Depende del uso que le demos. La introducción del audio digital y la extensión de su uso permitió que los estudios tuviesen un flujo de trabajo más eficaz en lo que respecta a la edición, una rebaja en los costes de los equipos de grabación, y con el tiempo una substitución del gran parte del equipo analógico por plugins. Lo que ocurre es que esas mismas herramientas, quizá no todas al mismo nivel, llegaron a ser un producto para masas de manera que han acabado estando al alcance de cualquiera… y aparecieron los home-studios.
Yo mismo tuve uno, que utilicé como laboratorio antes de abrir Bucbonera. Sin entrar en mucho detalle, porque esto daría para otro artículo, todo lo anterior condujo a una falsa «democratización» de la música:
– Por parte de los estudios: Cualquiera puede grabar un disco. Compramos un ordenador, una tarjeta de sonido, un software DAW, un micro. Y ya está. Y nos olvidamos de la calidad, del conocimiento necesario, de la influencia de la sala, etc. Empezamos a justificar el resultado diciendo que «total, se va a escuchar en un móvil». Resultado… mediocridad.
– Por parte de los grupos: Cualquiera puede grabar un disco. No tengo buenas canciones. No afino, pero me afinan. No tengo tempo pero me lo editan. Me añaden pistas como para poner un tenderete. Y ya está. Y nos olvidamos de la calidad, abrimos un Instagram, lo autoeditamos en plataformas. Resultado… mediocridad.
Por supuesto que antes, con una industria difícilmente accesible, se perdían talentos que nos hubieran maravillado y ahora pueden emerger. Pero también es cierto que ahora hemos inundado el mercado con proyectos absolutamente obviables. Y el resultado final ha sido la «mediocrización» de la música. Insisto en que es un debate que no cabe en esta pregunta, y que solo manifiesta mi opinión. Además, me parece que los home-studios son una herramienta increíble para que los músicos preparen sus producciones antes de entrar en estudio y así minimizar el tiempo consumido en pruebas o ensayos a precios de estudio.
¿Distinguía entre el gusto musical o lo que te podía dar de comer?
Cuando se tiene un estudio de grabación comercial, todo cliente es bienvenido. Y como profesional te sumerges en el estilo en el que trabajas y desaparece el prejuicio de si coincide o no con los gustos musicales. Eso no quiere decir que no disfrute más cuando el estilo coincide con lo que me gusta, pero al final no es ni siquiera lo más importante. Yo no he vetado nunca a un grupo por su estilo, pero si lo he hecho por su actitud y comportamiento. Lo verdaderamente importante para mí es la calidad humana de las personas.
¿Sueles ver en directo a los grupos que produces?
Intento, al menos, asistir al concierto de presentación. Es como la puesta de largo del proyecto y es un día para el reencuentro (del disco a la presentación suele pasar bastante tiempo).
El criterio a seguir en la elección de un estudio debe ser un asunto de estilos y existe demasiada competencia en el sector que estamos tratando. ¿En qué crees que se deberían fijar los músicos antes de elegir un lugar donde grabar?
En general no es mal criterio pensar en la idoneidad estilística de quien te va a grabar y/o producir. Pero yo creo que el sonido sí importa, así que uno debería ir al mejor estudio que pueda pagar y dar lo mejor de sí para obtener el mejor disco que pueda ofrecer al público. Insisto, da igual como lo vayan a escuchar los demás, importa saber que en todo el proceso se ha buscado la excelencia. El problema de una grabación, a diferencia de un directo, es que queda para siempre. Tienes que sentirte orgulloso de él a pesar del paso del tiempo.

¿Qué consejos le darías a quien estuviera a punto de montar su propio estudio?
¡Que ni se le ocurra! Bromas aparte, le diría que analice bien la situación del sector al que quiera orientar su estudio. Que dimensione muy bien su presupuesto para que el equipo que compre sea de calidad y resulte equilibrado y escalable. Así, cuando en un futuro esté en condiciones de crecer, la inversión será para añadir equipo y no para substituir el que compró inicialmente. Le insistiría en que no deje de lado el tema de la acústica de las salas. Los micros capturan el sonido de los instrumentos o voces a la vez que se contaminan de la «opinión» de la sala en la que están. Eso es igual de válido para la sala de control, en la que la escucha se distorsiona en función de lo que sala añade.
También le diría que se sienta parte de lo que ofrece, que se forme, que experimente cuando pueda, que sea consciente de que gran parte de lo que suena dependerá de él. Y eso es una gran responsabilidad, porque tenemos en nuestras manos las ilusiones y la creatividad de los demás. Fundamentalmente que crea en lo que hace. Aunque parezca un tópico tenemos que perseguir nuestros sueños.

Hoy en día hay tantos retoques, con tantos artificios y luego en directo te llevas las grandes sorpresas, que se perdió la naturalidad de antaño. ¿Mejor editar las tomas fallidas que se pueden salvar y utilizar recursos para arreglarlas o prefieres esa imperfección del ser humano?
Depende del proyecto. No es igual grabar jazz, con toda la banda tocando a la vez (en que lo que importa es la toma, y no tanto la perfección) que grabar una banda de pop mainstream, con muchas partes secuenciadas en las que todo tiene que estar a grid. Así que, normalmente, me veo en la tesitura de tirar mucho de edición. Ahora bien, en general, prefiero la imperfección si es el resultado del momento, y prefiero corregirla si veo que el músico intenta hacer algo que por la razón que sea no le sale y repite el error constantemente.
De todas maneras, la realidad se impone, y con unos presupuestos a la baja, acabamos quedándonos con la mejor de tres tomas (por decir algo), para luego con edición ponerlo todo en su sitio. Incluso en el retoque artificial hay arte, puedes hacer que algo suene «artificialmente» muy bien. Como lo defiendan después en directo ya se escapa del ámbito de nuestra responsabilidad.
¿Analógico o digital?
Como profesional, me quedo con lo mejor de los dos mundos. Grabación en disco duro con convertidores de alta calidad y a muy alta resolución y frecuencias de muestreo, con micrófonos y previos vintage. Edición y limpieza quirúrgica en el DAW. Mezcla en una consola analógica con todo el outboard posible. Y como no masterizo (salvo excepciones)… que esa decisión la tomen ellos. Así es como trabajábamos y es como me gustaría trabajar si volviera a dedicarme a esto.

No suenan igual los álbumes de antaño que los que salen actualmente, y eso es algo que no sé si se recuperará. ¿Qué diferencias encuentras en las grabaciones que se hacen hoy en día con las que se hacían cuando comenzaste?
Creo que la diferencia fundamental es la relación entre partes tocadas por músicos y partes programadas con instrumentos virtuales o incluso con muestras ya pregrabadas. Ahora hay estilos en los que literalmente no toca nadie. Pero no creo que sea tanto una diferencia en la grabación, como una diferencia en los estilos que se graban hoy en día. A mí me gusta cómo suenan los discos de antaño (pienso en “Dark Side Of The Moon” y aún alucino), pero creo que gran parte es así porque me gusta la música que se hacía entonces más que la que se hace ahora. Es un debate en el que no puedo entrar porque no tengo dieciocho años ahora. Los tuve antaño…
Comencé la entrevista diciendo que cerraste tu hogar, tras mucho tiempo, y ahora tendrás más de una cosa que hacer en el tiempo libre, que no tenías antes por tus tareas. ¿Qué planes tienes de futuro?
Me voy a trabajar con mi socio, Joan Carles, en temas de producción de directo. Estaré cerca pero a la vez lejos de la música. Es lo que más me apetece ahora. No descarto en el futuro hacer algún trabajo como freelance, pero de algo que me apetezca mucho, y si se da en unas condiciones similares a las que he tenido hasta ahora en nuestro estudio.
Pues hasta aquí han llegado todas mis preguntas de hoy para ti y te estoy muy agradecido por dedicarme este tiempo en responderme. ¿Algo más que añadir que no se haya dicho?
Simplemente, agradecer que os hayáis puesto en contacto conmigo para hablar de Bucbonera Studios y animaros a que mantengáis vivo el webzine Metalcry como lo lleváis haciendo.

























