25 años de “Finisterra”, el disco que se volvió comercial por arte de magia
“Finisterra”, salió a la venta un 19 de mayo del año 2000, en un momento clave, cuando el power metal de bandas como STRATOVARIUS, HEMMERFALL, GAMMA RAY, HELLOWEEN, RUNNING WILD, RHAPSODY… estaba mundialmente de moda, motivando la eclosión de grupos como TIERRA SANTA, AZRAEL, AVALANCH, EASY RIDER, SARATOGA, ANKHARA, DARK MOOR… en nuestro país.
Sin embargo, MÄGO DE OZ se distanció de ellas con su sonido folk metal, herencia de ÑU, JETHRO TULL o KANSAS, poco practicado por aquella época en España. De fuera nos llegaban formaciones que ya comenzaban a destacar con su original propuesta, como IN EXTREMO o SKYCLAD, pero bien es cierto que carecíamos de un grupo así en casa, cantando en castellano y haciendo heavy metal fusionado con música celta.

Tras ese fantástico “La Leyenda de la Mancha” (Locomotive – 1998), MÄGO DE OZ se volcó en hacer un elepé más ambicioso todavía, basado en el camino de Santiago, dando a luz un disco doble con una trama postapocalíptica, pero trasladada al siglo XVII, donde un peregrino recorría el camino de Santiago, en compañía del espadachín a sueldo Diego Cortés, con la intención de llevar una misteriosa ofrenda al apóstol.
Sus creadores; Txus, José, Frank, Moha, Salva y Carlitos, eran el grupo de moda en aquel tiempo, y, en consecuencia, miles de jóvenes de la época quedábamos embelesados por esa mezcla de magia, misterio y melodías folklóricas que nos envolvían durante la escucha de “Finisterra”, un álbum que abría un amplio abanico sonoro y de emociones a nuestros oídos.
Gracias a aquellas letras de picaros, espadachines, soldados de fortuna, brujas, leyendas y conjuros, un nuevo mundo aparecía ante nosotros y, evidentemente, se corrió la voz entre los jóvenes metalheads. “Finisterra”, además de tener canciones muy buenas, contó con un apoyo promocional bastante potente por parte de la discográfica Locomotive, que tiró la casa por la ventana, apostando incluso por organizar un festival como el Rock Machina, celebrado en Moncofa (Castellón), en julio del 2000, en el que MÄGO DE OZ serían cabezas de cartel junto a bandas internacionales como RUNNING WILD, EDGUY, METALIUM, LABYRINTH o AT VANCE, entre otras.
Temas como “La danza del fuego”, el instrumental “A costa da morte”, el impresionante “La cruz de Santiago”, el súper heavy “Astaroth”, con esa dulzura que le imprime Mar Cabello, o el canto a la libertad llamado “El que quiera entender que entienda”, se te quedaban grabados a fuego en el alma. También destaca la declaración de intenciones que representaba “Hasta que el cuerpo aguante”, dedicada al “juglar” segoviano, de nombre Óscar Sancho, con Pacho Brea de ANKHARA, a dueto con José.
De entre los veinte temas que dan forma a “Finisterra”, “Fiesta pagana” fue el sencillo que lo conquistó todo; abriendo las puertas del grupo a nuevas audiencias y posibilidades de expansión. De repente, las grandes compañías radiofónicas, conscientes de que debían contentar a sus audiencias, ávidas del “Fiesta pagana”, incorporaban la música del grupo a sus parrillas. También los programas juveniles de televisión, tipo Música sí, se interesaron por la banda, que acudió encantada a los platós de Televisión Española, por primera vez en su historia, a presentar el famoso jingle.
Paradójicamente, “Fiesta pagana” entró en el listado de canciones en el tiempo de descuento, ya que se compuso una vez terminado el disco, y fue precisamente la que convirtió a MÄGO DE OZ en fenómeno social, sobre todo entre la gente más joven, que les llevó a vender cincuenta mil copias en su primera semana en las tiendas, algo impensable para un grupo de esas características.

En segunda línea de fuego, por llamarlo de algún modo, teníamos “El señor de los gramillos”, con Silver de MURO a la voz, o “Polla dura no cree en Dios”, junto con el relajado “Tres tristes tigres”, el teatral “Conxuro” o el intenso “Los renglones torcidos de Dios”, todos ellos liderados por esa “Santa compaña” que se hizo imprescindible en los conciertos de presentación del álbum.
Por otro lado, resulta curioso encontrar en su interior hasta cuatro versiones, comenzando por «Maite Zaitut»; una libre adaptación del ”Deu tu ganeme”, de GWENDAL, al que MÄGO DE OZ decidieron poner letra. Por otra parte, tenemos «Duerme», cover de la canción folclórica tradicional “Scarborough fair”, que el dueto Simon & Garfunkel convirtió en un hit mainstream a finales de los sesenta, gracias a la película “El Graduado” (Mike Nichols – 1967).

También destaca “Es hora de marchar”, que a su vez es una versión del ”Rainbow eyes” de RAINBOW. Por último, «La dama del amanecer (Kelpie)», una misteriosa mujer que se aparece en el camino y te seduce, es una adaptación al castellano del tema ”Kelpie”, de los míticos JETHRO TULL.
En total, “Finisterra” contiene canciones de calidad diversa, pero manteniendo el listón altísimo durante toda la escucha, desde ese brutal “Satania”, pasando por “La cruz de Santiago”, hasta culminar en ese colosal desenlace que le da nombre; una composición de quince minutos, con varios pasajes, que contaba con grandes colaboraciones, como Juan Gallardo, José Luis Campuzano o Cecilio Sánchez Robles.
Con esta epopeya, que iba a dar comienzo a una especie de tradición en el seno de MÄGO DE OZ, cuyo cénit se alcanzaba años más tarde con “La cantata del Diablo”, terminaba esta historia. La letra es distópica y pesimista; una crítica a la iglesia, los medios de comunicación, las dictaduras y demás elementos que conforman nuestra sociedad, resultando el broche de oro a este, a priori, arriesgado disco.

Con él, MÄGO DE OZ aunaba el atrevimiento de “Jesús de Chamberí” (Locomotive – 1996) con lo políticamente correcto de “La leyenda de la Mancha”, convirtiéndose en uno de los grandes estandartes del panorama nacional. Sin ellos pretenderlo, este doble disco representó la puerta de entrada al rock y al heavy metal para muchos jóvenes, siendo el catalizador de generaciones e influencia para bandas que estaban por llegar, como LÁNDEVIR, SAPERE AUDE, LÉPOKA, ARGION, CELTIAN o DÉBLER.
Con este plástico, además, los madrileños llenaron durante tres noches seguidas la sala Riviera, para después cruzar el charco por vez primera y tocar en Ecuador, concretamente en Quito y Cuenca, asaltando luego Ciudad Neza y Chalco, de México. MÄGO DE OZ fue un absoluto fenómeno de masas en territorio latinoamericano, algo que irá a más con los años y a día de hoy se mantiene.
Ahora bien… según cuentan los “entendidos” en la materia, “Finisterra” representaba el disco con el que MÄGO DE OZ se vendieron, un álbum que, paradójicamente, durante el primer año, era lo mejor que se había hecho en el heavy nacional. Luego, una vez que Los 40 Principales, Cadena Dial, TV1… se dieron cuenta de que algo estaba pasando con el grupo, llegó el punto de inflexión. Como por arte de magia, el disco se volvió comercial, fenómeno paranormal que cogió de improviso al propio grupo.
De ser un hobby, la música pasó a ser un trabajo para MÄGO DE OZ. Aquellos macarras que querían comerse el mundo, sin tener nada que perder, se vieron eclipsados por la fama y el reconocimiento de un disco que bien lo merecía. Sin embargo, la lluvia de acusaciones y aquella campaña de desprestigio que corrió como la pólvora a través de los foros de internet, no pudo con un nombre que ha traspasado todas las fronteras y sigue firme a día de hoy, aunque de la formación clásica solo sigan a bordo Moha y Txus.

























