SAUROM + HIJOS DE OVERÓN – SALA JOPLIN, SEGOVIA – 02/10/2010
Siempre es un placer visitar la mágica y medial ciudad de Segovia, y si a todo ello le añadimos el acabar la velada disfrutando del grupo de juglar metal por excelencia en nuestro país, el plan no puede ser sino apetecible cuando menos. Así pues, esa fue la elección de un servidor el pasado Sábado 2 de Octubre, la de visitar la ciudad castellana y asistir a la amplia Sala Joplin para presenciar un peldaño más en la extensa gira de los gaditanos SAUROM, dentro de la presentación oficial de su último y especial disco “Maryam”.
El concierto, que contaba con la presencia como teloneros de los locales HIJOS DE OVERÓN, tenía planeado su comienzo para las 22:00 horas, aunque para cuando el reloj marcara dicho momento aún estaríamos en la puerta y sin muchos visos de ser llamados a pasar al recinto. Las pruebas de sonido se retrasaron de forma que tuvo que pasar aproximadamente una hora para que nos viéramos en el interior y el sótano de la Sala Joplin, un recinto acondicionado para recibir a mucho más de 500 personas que se quedaría excesivamente grande para la cita, dando una sensación irreal de poca asistencia, tanto y cuando podríamos considerar que una entrada de 100 personas en Segovia para este concierto podría ser aceptable y normal.
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Una vez dentro, y ya satisfecho el gaznate, no tardaría mucho en comenzar la actuación de HIJOS DE OVERÓN, una joven banda segoviana que, sintiéndose a gusto entre su gente lo dieron todo para gustar y, sobre todo, para pasárselo bien sobre el escenario, aprovechando la oportunidad que se les brindaba en esta ocasión.
Durante más de 45 minutos ofrecieron composiciones propias, de las que desconozco algunos de sus nombres (más allá de aquella que da nombre a la banda), pero que descubrieron a un grupo aún en proceso de formación, que en esta ocasión había tenido que recurrir a un bajista ajeno a la banda debido a problemas de compatibilidad del suyo propio, y que se descubrió como una de las atracciones principales de la actuación, gracias a un inspirado solo acústico donde combinó y fue uniendo las tonadillas de algunas de las mejores baladas de nuestra música, como pueden ser “Nothing else matters”, “Still Loving you”, “Dust in the wind” o “Stairway to Heaven”, lo cual fue gratamente recibido por quienes allí estábamos.
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Del resto de la actuación podemos decir que HIJOS DE OVERÓN presentó un cúmulo de composiciones de buenas intenciones pero que aún estaban algo faltas de madurar y depurar, a lo cual deberíamos sin duda añadir el horrible sonido con el que no solo contarían ellos, sino que se cebaría con nosotros durante toda la noche, denotando que era la propia Sala la que no se encontraba bien albergando este tipo de música o que los medios técnicos disponibles no eran los adecuados o suficientes. A destacar de los segovianos, la buena proyección de su vocalista Raúl y el gran espejo que tienen en grupos como Saratoga, a pesar de que no podamos decir lo mismo de una guitarra algo más limitada, al menos por lo que pudimos presenciar en la Sala Joplin, donde el joven Joni tuvo algunos problemas para seguir el ritmo de la famos Marcha Turca cuya versión realizaron a mitad del show. Ilusionante concierto de una joven banda con aún mucho camino por recorrer.
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Terminado el intenso concierto de HIJOS DE OVERÓN, le llegó el turno a los esperados y siempre bienvenidos SAUROM. Los gaditanos se habían pegado una buena paliza desde su ciudad natal para estar en Segovia a tiempo de ofrecerles a sus fans su presencia sobre el escenario de la Sala Joplin y el conjunto de buenos temas que componen su setlist, tal y como iremos viendo a continuación.
Como siempre, y a pesar del cansancio, SAUROM salieron a escena con una sonrisa en la cara, personificada en la intensa y amable pose del receptivo Migué y su micro, rodeado éste de una banda sólida al 100% en sus convicciones de evolucionar y mejorar sobre su propia propuesta, inquietos y nunca acomodados en lo que pudiera ser la fórmula de éxito del clásico folk metal.
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Sin contemplaciones comenzaron con dos de las mejores composiciones de “Maryam”, “Irae Dei” y “Stabat Mater Dolorosa”, las cuales fueron recibidas con todo el calor del escaso público que poblaba la espaciosa sala y que nos ofrecieron el primero de los detalles que marcaría, por desgracia, la voluntariosa actuación de los gaditanos. El sonido de la Sala Joplin adquirió, desde el primer momento, la posición de no querer que aquello sonara bien, y por mucho que avanzara el concierto con cortes como “Lejos del mar de Rosas”, “Dioses Eternos” (recibida con muchísimo entusiasmo y un tema más en vigor que nunca) o “El laberinto de los secretos”, la saturación de las guitarras era horrible y la voz de Migué era imposible de cazar entre la maraña de sonido que se creaba a nuestro alrededor… Las composiciones más recientes, de los dos últimos discos, con una alta carga instrumental y mucha densidad, fueron las que más sufrieron, quedando deslucidas si solo atendías a tu sentido auditivo, pero nunca decepcionados si lo que hacíamos era observar al grupo en su actuación. A Narci siempre comunicativo, a Josele siempre imparable con su bajo representando la vena saltimbanqui de la banda, o Raúl siempre desafiante con su guitarra.
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Decir que la cosa mejoró con las composiciones más festivas sería un eufemismo, pero si que es cierto que al aligerarnos de guitarras cosas como “La batalla de los cueros de vino” o “El poney Pisador” representaron los primeros momentos álgidos de la noche, aquellos donde la gente comenzó a sentir que nos encontrábamos dentro de una fiesta, una fiesta que recuperó algo de intensidad de nuevo tras el “Arquero del Rey” y la emocionante “Sandra”.
De nuevo con el estigma del mal sonido tuvimos que intuir nuestras referencias discográficas para disfrutar de verdad grandes temas como “Aquel paseo sin retorno”, “Mentiras de Seda Pulcra”, “Nebulosa” o “Jinetes Negros”, donde Migué nos demostró ser capaz de adaptarse a todo tipo de temas, ofreciendo una gran interpretación que dotó de sentido a la canción sin recurrir a los sonidos guturales característicos de la misma.
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La fiesta final comenzaría a partir de ahora. Ya con todo el mundo caliente, ya habiendo asumido que no seríamos capaces de escuchar un tema de forma clara y decente decidimos que era el momento de responder a la entrega del grupo ante el esfuerzo que estaban realizando por no oirse bien en los monitores, por saber que aquello no sonaba bien y, a pesar de ello, mantenerse en sus trece de mostrarse dueños de la situación, haciendo gala de su cercanía y su simpatía. De esta forma cayeron “La Musa y el Espíritu” o la épica “El monte de las ánimas” para servir como aperitivos del gran baile que Narci propondría (a costa de tocar la “Macarena” si no le hacíamos caso) y que llenaría la sala de gente dando brincos, saltando y disfrutando con “Dracum Nocte” y, sobre todo, “La taberna”. La conclusión la pondría la ya clásica “Historias del Juglar” y, a pesar de no haber contado con ningún aderezo adicional (no hubo hadas ni malabarismos esta noche), los segovianos tuvieron muy cerca a una gran banda, pudieron tomarse algo con ellos tras la actuación y, en definitiva, disfrutaron del lado más humano de este difícil mundo del negocio musical (nótese lo feo de esta expresión cuando la situamos cerca de las cosas que importan de verdad y las bandas que trabajan con anteponiendo siempre el corazón y el esfuerzo).
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Autor: Daniel Velasco Alonso
Podéis ver la GALERÍA DE FOTOS de este concierto haciendo click en el vínculo que tenéis a continuación:

































