Show “magnifique” de BRUCE DICKINSON, en el L’Olympia de Paris // 26-05-2024

Bruce Dickinson, el polifacético cantante de Iron Maiden, ha tardado casi 20 años en volver a editar un disco en solitario. Mucho ha llovido desde aquel lejano “Tyranny of Souls” de 2005 y no ha sido hasta este 2024 que el legendario vocalista ha editado “The Mandrake Project” con su correspondiente gira de presentación. Tras una primera parte por el continente americano, a “The Mandrake Project Tour” le llegaba el turno de pisar el viejo continente. España no es Europa por lo visto en muchas giras de grandes bandas y músicos últimamente y salvo una fecha en el Resurrection fest de Viveiro, otro gran artista pasa por alto una parada en estas tierras. Dickinson ya confirmó que el setlist en festivales no será tan largo como el que haga en salas, donde sí que hace show completo. Así que pillamos los bártulos y nos plantamos en Paris, en el mítico teatro L’Olympia.
L’Olympia es un lugar fantástico para un concierto. Hasta dos mil personas entran entre pista y palcos y presentaba sold-out para la ocasión. Si ya es bonito en su fachada con el cartel luminoso y su entrada, ese rollo retro de teatro clásico con los palcos en semicírculo y esas bombillas rojas y azules alternándose ya crean una atmósfera especial, pero cuando la banda sale a escena y el público empieza a moverse haciendo que el suelo tiemble, es la hostia. La banda encargada de que esto empezara a notarse eran los neozelandeses Black Smoke Trigger.

Black Smoke Trigger, hardrock alternativo, Baldrick Rasmussen a la voz, Charlie Wallace a la guitarra, el bajista Dan Fulton y Josh Te Maro machacando su batería. Fundados en Napier, Nueva Zelanda en 2018 e influenciados por grupos como Guns And Roses o Alice In Chains.
El cuarteto saltó al escenario a las 20’00 horas de forma enérgica y entre una gran ovación y arrancó con “The Way I’m Wired”, tema de su debut, el EP “Set It Off” de 2019, y en el que colaboró Mick Mars, ex Motley Crüe. Como casi todas las bandas de hard rock, bastante más pegada y dureza en directo que en sus grabaciones. Acto seguido la banda se despachó con “Proof Of Life”, de su inminente nuevo trabajo, “Horizons”, tema potente con un melódico y bonito estribillo. Buena voz de Baldrick, a buen nivel salvo alguna entonación puntual. La pegadiza y también nueva “The Way Down” fue la siguiente. El público escuchaba atento y mostraba su agrado con aplausos tras cada tema. Algún coro disparado pero en general la banda ayudaba muy bien y con calidad en esas tareas a Baldrick. En la directa y potente “KMTL” pudimos comprobarlo. Un tema que recuerda a Velvet Revolver, con una gran pegada de batería por parte de Josh Te Maro y un vertiginoso solo del más que competente Charlie Wallace, que además lucía muy bien en escena, con mucha pose con su instrumento y complicidad con la peña. Este corte levantó bastante al público que ya no se limitaba a escuchar y saltaba y coreaba al grupo. Para la traca final volvieron a su EP debut, “Caught In The Undertow” tema pesado y contundente a lo Alice In Chains, pero con una melodía vocal muy de Chad Kroeger de Nickelback, a riesgo de que alguien me mate por la comparación. El show lo cerró “Blindfolds & Rattlesnakes”, otro tema rockero, potente y directo, muy Slash-Guns-Velvet, ya con la sala a sus pies y el público cantando a pulmón los “UO-OO “de los coros. En definitiva, una banda que merece la pena ver en directo y que puede dar que hablar en los próximos años. Su manager no es cualquiera, Andy Gould (G’n’R, Pantera, Rob Zombie o Linkin Park) y el productor Michael Wagener (Metallica, Ozzy, Motley Crüe) fue quién se encargo de su debut. Atentos pues a BLACK SMOKE TRIGGER.

20’50 horas, la tenue e intimista iluminación y las bombillas rojas y azules del Olympia se apagan y nos quedamos a oscuras. Apenas unos segundos, una intensa y amenazante luz verde sale del escenario y empieza a sonar una tenebrosa voz por toda la sala. Es la intro de Invaders, antigua serie de ciencia ficción americana de finales de los años sesenta. La gente se calienta, la pantalla se ilumina con la imagen del medallón de la portada de “ The Mandrake Project” girando sobre sí mismo y suena, con la banda ya en escena, “Toltec 7 Arrival” , intro de “Accident Of Birth”, el griterío se vuelve ensordecedor, la batería de Dave Moreno empieza a atronar acompañado del potente riff inicial de las guitarras de Chris Declercq y Philip Näslund, entra Bruce Dickinson y al grito de “Ça Vá Paris!” empieza “Accident Of Birth”, aún no ha empezado a cantar y ya tiene a la sala en el bolsillo. Si ya con Black Smoke Trigger el sonido era notable, con Dickinson es sobresaliente, perfecto y cristalino. La batería de Moreno en una plataforma a la izquierda del escenario y a la derecha otra plataforma idéntica para el teclado de Mistheria. El pintoresco teclista poco tiempo iba a pasar en su plataforma. De primeras ya está en el centro del escenario con su keytar colgado como un guitarrista más.
La voz de Bruce bastante caliente para ser primer tema. Acabada la primera estrofa la concurrencia ya está saltando y cantando el “welcome home”del estribillo. Tras el solo de Declercq sorpresa, Mistheria incorpora su propio solo de teclado que mejora el tema. Sin respiro empalma “Abduction” de “Tyrranny of Souls “. Muy fina la guitarra de Näslund en el estribillo. Muy duro y metalero el sonido del grupo. Esperaba algo más melódico pero Bruce ha apostado por un sonido bien contundente. Así en el paso de estribillo a estrofas Moreno sonaba brutal en su doble pedal y con una pegada tremenda y unas guitarras muy crudas. “Laughing In A Hiding Bush” de “Balls To Picasso “era la siguiente, perfecta y también más heavy que en su versión álbum. Me encanta este tema con esa voz kañera a lo Haldford que pone Bruce. Cada disco de Dickinson tiene un estilo y sonido particular, pero para el Tour, han elegido ese sonido más duro, crudo y metalero, a medio camino entre lo que hizo en “Accident… “y “Chemical Wedding “.

Primera charla de Bruce con el respetable para presentar lo nuevo. El hecho de que se dirija a la gente en francés ayuda mucho a la conexión, amén de sus dotes como frontman. “Afterglow Of Ragnarok” caé entre el público como si fuese un clásico más y la sala la canta y corea a pulmón. Densa y oscura sonó como un cañón con un bajo demoledor de Tanya O’Callaghan, que con la llamativa pinta que tiene sorprendía lo en segundo plano que se mantenía, casi siempre junto a la batería y por detrás de Declercq. Bruce perfecto de voz, el tema sonó majestuoso mientras las imágenes proyectadas en pantalla ardían en llamas y la repetición final del título parecía desatar el Ragnarok en la sala, pero lo que se desató fue la audiencia saltando al ritmo de la contundente “Chemical Wedding” en contraposición con la melodía que emitía la guitarra de Chris Declercq cuando el tema bajaba revoluciones. Bruce subía al infinito sin desafinar una nota. La sala corea “Bruce, Bruce, Bruce” y Dickinson suelta un “Paris, c’est ma maison” y pone a toda la sala a gritar en la palma de su mano. Claramente el vocalista está desatado en esta gira en la que hace lo que él quiere, sin ataduras a un guión más establecido como acostumbran las producciones de Iron Maiden. Volvemos a “Mandrake” con ese sorprendente corte tipo Ghost llamado “Many Doors To Hell”, con Mistheria de nuevo caminando por el escenario con su chistera y gafas incrustadas de inventor loco y su keytar. Bruce alentando al público con sus “Hey… hey…hey”. Las guitarras muy cristalinas.

Llega la parte más intimista, “Jerusalem”, con sus acústicas que brillan en la perfecta sonoridad del Olympia. En estos temas más relajados y semi acústicos es donde brilla todo el potencial vocal de Dickinson, y sale su faceta histórico narrativa cual cuenta cuentos. El siguiente tema, fue para mí, el mejor de la noche. “Resurrection Man”con su rollo western comienza a sonar bajo la imagen projectada de una cruz, luz roja infernal y un groove brutal de bajo de una Tanya “on fire” y una seca y potente pegada de Dave en su drumkit, acompañado por el propio Dickinson en un pequeño kit de percusión junto a la batería, Näslund con la acústica y la atmosfera que crea el señor Mistherya para un sonido demoledor y espeluznante, sobre todo en su parte central donde los graves aún se hacen más extremos, con unos flashazos de luz blanca que nos dejaban ciegos. La sala parecía un bombardeo con ese sonido ensordecedor y demoniaco. Bruce nos deja descansar mientras canta a solas para volver a la percusión mientras se inicia la cabalgada hacia el final del tema y parece que vaya a salir Johnny Blaze de la pantalla convertido en el siniestro Ghost Rider para abrasarnos a todos. Impresionante canción para el directo, de los mejores temas que he visto en vivo.
Hablando de infierno y demonios, Bruce pregunta si estamos en el cementerio y arranca ese juguetón tema también de su última obra, “Rain on the Graves”. El público parisino tremendamente enchufado y participativo para ser domingo. Grandiosa la parte de la melodía a dos guitarras en el solo y la risa satánica de Bruce echando el resto como en las mejores versiones de “The Number of the Beast”.

Acto seguido presentación con solo incluido de Dave Navarro a la batería, a la que se une el resto en ese cover instrumental de The Edgar Winter Group llamado “Frankenstein” donde Dickinson se pone nuevamente en su kit de percusión mientras en modo jam el resto se luce con sus solos, incluido Mistheria con su keytar.
La atmósfera se carga de misterio, “The Alchemist” nos devuelve a “Chemical Weding” con su ritmo denso y lento para que Bruce luzca su voz y con toda la sala coreando y cantando la parte final. Hasta aquí el show de un Dickinson extraterreste, inhumano, en modo dios, que uno se pregunta cómo a esa edad mantiene ese nivel. Bruce reclama al vikingo Näslund que agarre la acústica y este junto al teclado de Mr Mistheria arranca con una siniestra intro a la que se une la eléctrica de Leclercq y que desemboca en el tema más esperado de la noche y que todo el mundo corea desde el inicio y canta a la par con Bruce. Si, hablamos de “The Tears Of The Dragon”. Ese temazo cantado en la estratosfera que todos intentamos imitar pero que no aguantamos y aquí aparece el señor Paul Bruce Dickinson en su modo humano, el Born in ’58, el que gasta 66 años, y escuchamos una versión adaptada de la canción en la que no sube hasta allí, en la que varía el ataque y elige cuando subir o no esos prolongados agudos.
Sin quedar mal, una pena no poder oírla en todo su esplendor. Prefiero eso que un ridículo la verdad. Aun así acaba el tema y se escuchan los “Oee Oe Oe Oee…Brucee, Bruceee”típicos del público brasileño, que mutan en “Uo ohoo ohohooo” cuando “Darkside of Aquarius” comienza. Al igual que con “Tears…” Bruce varia la forma de cantarla para no subir agudos, el tema suena brutal pero no luce tanto. A la gente parece darle igual, estamos todos en modo fiesta, cantando, coreando, saltando y dando palmas. Las armonías de los hachas en el solo ayudan y la banda acaba en tremenda ovación. Mis cervicales y lumbares empiezan a avisarme de que llevo demasiada tralla ese día, 5 horas de tren, la vuelta por Paris y la hora y media de conciertazo, y me recuerdan que ya no soy tan joven. Pero esto no se acaba y queda la traca final y allí nadie se quiere ir aún.

Acústica para Näslund nuevamente, “Navigate the Seas of the Sun”, los dos guitarristas inmensos tanto a la acústica, con un solo casi flamenco, como en la melodía eléctrica, momentazo Tanya al final, haciéndole los coros a Bruce y acabando ambos voceando a duo y a solas, poniéndonos los pelos como escarpias y que hizo que la llamativa bajista de las rastas, se llevara una inmensa ovación y se coreara su nombre. Dickinson presenta con su habitual teatralidad “The Book Of Thel”, punteo inicial y la concurrencia dando palmas de pie hasta en los palcos, en cuanto suena el potente riff, L’Olympia echa el resto saltando. El suelo del teatro tiembla como si tuviéramos el metro bajo los pies. Bruce nuevamente en versión libre sorteando las subidas, guardando voz. Tampoco es que se quejara el respetable que ya se encargaba de corear por él.
Navarro y O’Callaghan empiezan la intro del siguiente tema mientras Bruce va presentando a la formación de The House Band Of Hell en francés. Chris no sabe el idioma pero suelta un “Vive la France” que arranca una ovación. La sala está de fiesta y el ambiente es bestial. Estamos en la ciudad del amor así que Bruce nos recuerda la historia de Romeo y Julietta para dar paso al último temazo de la noche, “The Tower”, otra de sus canciones icónicas, donde Tanya da pie a ese punteo tan molón que nos hace cantar a todos ese “lovers in the tower”. Bajo una tremenda y larga ovación Dickinson se despide de la que vuelve a llamar su casa y este que escribe sale de la sala con una sonrisa como un smiley de uno de los mejores conciertos en los que he estado, por el mítico lugar, por el sonidazo y acústica que gasta el Olympia, por la participación de la gente, por el desempeño de la gran banda que lleva Bruce, por un setlist casi insuperable (tendrías que añadir en vez de sustituir) y por supuesto por el inigualable estado vocal a su edad del incombustible Bruce Dickinson, que se las sabe todas y es capaz de no forzar cuando ve que no va a poder y que sigue manejando a la audiencia como quiere dándonos un show “magnifique”.
Así que no queda otro remedio que gastarme 45 pavazos en una de sus camisetas, total que es eso cuando te han soplado 10 por cada birra que te has bebido en París. Antes de salir recupero mi cámara, confiscada en consigna, con la pena de no haber podido sacar alguna foto al señor Dickinson ya que lo tenía tan cerca y esperando que en algún momento Bruce caiga en alguna sala cerca de casa y pueda escuchar de nuevo su célebre “Scream for Me…”
Autor: Patxblack

























