Otra mítica sala de Barcelona, en el punto de mira de los vecinos

Primero fue la sala Bóveda
Tras más de tres décadas siendo una de las salas más activas de la ciudad en lo que respecta a la música en vivo, la sala Bóveda de Barcelona se vio obligada a parar su actividad el pasado mes de noviembre, de 2024, por orden administrativa. El motivo por el cual la sala cesaba su actividad de conciertos derivaba de la queja de un vecino que, según afirman los dueños de la sala, les ha hecho la vida imposible desde el primer momento en que llegó a la ciudad, durante la pandemia.
La ironía de la situación es que este vecino ni siquiera vive allí. Lo que hizo fue utilizar un bajo comercial para hacer alojamientos turísticos y alquilar luego las habitaciones. Situación que, al parecer, sí está creando un problema real, debido al constante ir y venir de gente, fiestas y ruidos, durante horas intempestivas. Por suerte, la sala Bóveda consiguió parar el cese de actividad, gracias a la presión popular y a las miles de firmas recogidas.

Ahora bien, desafortunadamente, los conciertos tendrán que esperar, ya que, para cumplir con la normativa respecto al “vecino no vecino”, deben obedecer a un volumen que con la música en vivo es imposible cumplir, así que Bóveda sigue luchando para poder salvar los conciertos con un volumen que sea acorde a un concierto. En la sesión discoteca, sin embargo, al ser otro equipo de sonido diferente y la música pregrabada, la sala cumple con la normativa y puede continuar su actividad.

Hell Awaits, en el punto de mira
Si Bóveda no fuera suficiente, en los últimos días, problemas también derivados por las quejas de un vecino “imaginario”, han acaecido en otro de los míticos locales nocturnos del ocio heavy metal en Barcelona, el Hell Awaits. Con el pretexto de ruidos molestos y la posterior denuncia, se ha pedido precintar el local. Lo más surrealista del caso es que, casi dieciocho años tras la apertura del Hell Awaits, según declaraba el dueño, Moisés Durán, nadie ha conseguido localizar a ningún vecino afectado.

Por el momento, debido a la denuncia, se ha precintado el equipo de música, pero no el local, que era el propósito inicial. Si se demuestra con una sonometría que el ruido excede los decibelios permitidos, la sala, situada en la calle Les Tàpies nº 21, asumirá su responsabilidad. Cabe destacar que el estudio debe hacerse en paralelo, entre negocio y vecino, porque los dueños están en contra del limitador estándar, que no tiene en cuenta las peculiaridades del local: aforo, dimensiones, aislamiento y ubicación.
Como bien afirman desde Hell Awaits, que en 2017 ya tuvo que solventar ciertos problemas con una licencia que, según la administración, no correspondía a la actividad del local, los estamentos públicos deben servir para garantizar el bien común y jamás responder a intereses personales o privados.

Juan Carlos Julián Ribó, Mermeyi, Oli y Maxi
Ambos casos, por suerte, cuentan con el seguimiento de las diferentes asociaciones que luchan por que haya cultura de música en directo y un ocio nocturno justo, como la “Associació de Sales de Concerts de Catalunya” (ASACC), “Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno” (FECALON) y “El Gremi de Discoteques de Barcelona”. Agradecer también la labor de “Les Terribles Enfants”, que siempre dan todo su apoyo a la familia heavy metal cuando la causa lo merece.

























